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Outubro 15th, 2011

Dos notas, Praza da Quintana 2011

Lo vi pasar con la camisa al hombro y aire relajado por la plaza de la Quintana. Yo descansaba sobre el peldaño más alto de las escaleras. Era uno de esos momentos perfectos, en los que ya no quieres que pase nada más que el tiempo. A mi izquierda un tipo le tocaba la guitarra a una chavala mientras charlaban. Estaban bastante lejos de mi, pero a cada rato, suaves y espaciadas, llegaban las dos únicas notas que aquel tío tocaba rompiendo con gusto un silencio mecedor. Cuando vi al hombre de la camisa al hombro puse en practica un silbido que vengo entrenando últimamente. Es una técnica que le robé a Juan Caunedo, director de cine asturiano afincado en Hamburgo, que consiste en soplar para dentro en un golpe seco. Queda un sonido agudo, casi chirriante, y si lo practicas puedes llegar a silbar con mucho volumen sin necesidad de meterte los dedos en la boca. Juanele es autor de cortometrajes como Machine Wars o el ya mítico El Bache, con los que se ha pateado decenas de festivales de todo el mundo. En los años en que vivía con él en Madrid nunca llegó a salirme bien su silbido. Pero con el tiempo creo he llegado a emularlo dignamente. Ya me someteré a examen la próxima vez que lo vea. Siempre me han gustado esas personas con silbido propio, mi viejo es una de ellas por ejemplo. Creo que el suyo se lo curró pateándose Freixeiro (Santa Comba) en un burro que tenía de pequeño. Una de las pocas cosas que me han llegado a mi de aquellos años en la aldea es ese silbido. Si lo oigo por ahí ya sé que mi viejo anda por la calle y que me ha visto antes que yo a él.

El hombre de la camisa al hombro era el guitarrista flamenco Marcos Teira. Hacía pocos días que mi colega Moisés Fernández (percusionista) me había avisado para ir a verlos tocar a la Borriquita, donde estarán a partir de ahora cada lunes en unas sesiones de conciertos que derivan en jam session. Ese lunes yo había estado allí, pero estaba tan lleno que no pude entrar y me largué a las canturriadas del Malas Pécoras para pasar un rato con Ricardo Parada (cantante y tocador de canciones incombustible) y con Isaak Peter Punk (el clown inventor de la Chungatrona). Moisés, perteneciente a mi queridísma tropa de gitanos flamencos de Milladoiro, es un apasionado de la escuela flamenca de Cañoroto (Madrid). Yo mamé muchos años de esa tradición guitarrística de la mano de Aquilino Jiménez ‘El Entri’ y estuve rodeado de gente como Jesús de Rosario (hijo de Entri y guitarrista de Sara Baras, Antonio Canales etc…) en muchas tardes de música entre las calles de aquel histórico barrio. Charlar y tocar con Moisés es como actualizar aquellos años de mi vida. Él se lo sabe todo y, además de buen músico, es un gran aficionado. Escuchar sus recomendaciones y tenerlo cerca me hace viajar en el tiempo. Me veo saliendo del metro Laguna con el estuche en la mano y recorriendo aquellas alamedas cercadas por torres gigantes de viviendas. Creo recordar que el piso del Entri era el número 11 del portal veintitantos. ¡Cuántos días de verano pasamos allí asándonos de calor con las guitarras en la mano, cara a cara con el maestro o tomando café y escuchándole hablar apasionadamente!. Me encantaría poder llevar allí algún día a Moi y enseñarle aquello. Quizá luego podríamos irnos a algún tablao de la zona centro entonces y sería él quien me enseñaría a mi. Y la juerga iba a ser tan épica que nos sacarían del último bar en camilla a los dos…

Marcos también conoce bien aquello. Él vivió dos años en Madrid y ya era guitarrista residente de la mítica Soleá de la calle Caba Baja del barrio de La Latina antes de que Moi y yo nos enteráramos de la vaina. Recuerdo que una vez, allá por el 2001, se hospedó en el piso-posada que yo ocupaba en Malasaña porque visitaba la capital para tocar con Emilio Batallán en la Galileo Galilei y con la Psicofónica de Conxo en La Boca del Lobo de la calle Echegarai, en la zona de Huertas. Me habría gustado ver el concierto de la Boca porque en esa banda también militaba Fran Pérez (que se convertiría en Narf con el tiempo). A Fran fui a verlo años más tarde en solitario y también en algunos conciertos de sus giras con el africano Manecas Costa. Puedo asegurar sin miedo a equivocarme que, aunque muchos aún no se hallan enterado, Fran es una de nuestras voces más genuinas e imprescindibles. Ayer no hablamos de eso, sino de la futura visita de Teira a San Francisco para dar unos seminarios de guitarra flamenca y algunos conciertos. Marcos ya ha entrado en contacto con uno de nuestros compostelanos más célebres que está ahora viviendo allí. Se trata de nuestro queridísimo Adrián Costa (Los Reyes del KO). Este cascarón de proa del blues compostelano estrena, desde hace pocos meses, etapa americana después de haber abandonado Berlín tras 8 años de carrera musical de la mano del armonicista gallego-madrileño Marcos Coll. Adrián me contó el otro día por Skype sobre los miembros de la nueva banda que ha montado en EEUU y la cosa pinta muy bien. Espero que no tardemos mucho en verlo desembarcar en Compostela para enseñarnos el resultado del trabajo que está realizando. Por ahora no me deja contar más…

Por su parte, Teira va a llevar al mundo de la docencia lo que ha aprendido en los últimos años a través de sus adaptaciones de temas míticos (de gente como Jimi hendrix, Duke Ellington Dick Dale), llevándolos al terreno del flamenco. Además, acaba de grabar un disco para Guitarras Alambra en el que recoge ese trabajo y que estará disponible para el público en breve. Esta es su siguiente entrega tras el Alí que presentó por el 2008 en el Teatro Principal de Santiago. En fin, lo que ocurra en San Francisco ya nos lo contará Marcos cuando regrese y se venga por O Tren Pantasma. Yo no os voy a adelantar sus planes futuros aquí, pero ya os voy anunciando que la guitarra eléctrica y la española podrían reencontrarse dentro de algún tiempo en un Teira nuevo, estaremos atentos.

Charlando sobre esto nos pusimos a caminar las calles del casco histórico. En la Plaza de Cervantes había un indio tocando el sitar que supongo que acaba de llegar a la ciudad. Esa fue nuestra primera parada musical. Tras una breve pausa seguimos andando y acabamos en la esquina Platerías con la Rúa do Vilar. Allí estaba el San Petersburgo Trío, (balalaika, balalaika bajo y acordeón cromático de botones). Estos rusos que ocupan la esquina desde hace varios años son una de las delicias de los paseos por nuestra ciudad en los atardeceres de cualquier estación. De pronto, el silencio ocupó el espacio de las palabras y el resto del aire ya sólo era música. Cerramos los ojos y pasamos de nosotros mismos un rato. Cuando los aplausos irrumpieron en la atmósfera Marcos dijo algo que me hizo pensar; «estos tíos tocan en serio, como si estiveran gravando, non é cousa de tirar pra diante como facemos todos ás veces, se caera unha bomba atómica en dous minutos e te dixeran que tes que tocar as últimas notas da túa vida, eles tocarían exactamente como está a facelo agora». La verdad es que las cadencias eran alucinantes, y esa frase de Marcos se me quedaría rebotando en la cabeza durante días. Segundos más tarde y después de lo que acababa de oír, me sorprendí intentando adivinar cómo la intensidad de algunas notas subía y bajaba al unísono desde las seis manos de los tres intérpretes. Acabó el siguiente tema y nos giramos para desearnos suerte. Ya nos veremos por ahí. Después de aquello no había mucho más que decir. Volteé los andamios que cubren la fachada de la Casa do Cabido (1758), popularmente conocida como a casa da estrela, y bajé por la Raiña. Entonces recordé los ecos de la guitarra de aquel tímido ejecutante que le regalaba dos notas por minuto a su chica en la Quintana un rato antes. Me di cuenta de que el sentimiento de paz que sentí viendo a la gente pasar por la plaza desde mi balconada de escalones y el que me recorrió en la esquina de las Platerías no fueron tan diferentes. Me pregunto cómo debe de ser el espacio común en el que dos expresiones artísticas tan dispares como aquella y la de los rusos, tan cuidada y sofisticada te hagan sentir algo tan parecido. Creo que la respuesta es evidente. Ese espacio es Compostela.

 

 

Xaime Barreiro O Tren Pantasma , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,