Estación de Atocha, Madrid, 7:20 de la mañana del miércoles 26 de octubre de 2011. Recorriendo los pasillos en busca del coche 5 encontré a este pibe. Tenía el rostro amablemente torcido de la gente a la que, aún siendo buena onda, se les nota que no acostumbran a madrugar. Su pelo era encrespado y algo canoso. Era un tipo corpulento pero con el deje adolescente de la peña que se sientan en la butaca como colgando de sí misma. Pantacas anchos, camiseta generosa, tenis con pinta de cómodos. Cuando lo tuve más cerca reconocí su cara. Era Dani Domínguez. Lo recordaba de cuando entró a formar parte de El Rey Payaso, la banda compostelana que derivó de la ya mítica Clan Moriartiy. En aquella época ambos éramos unos chavales. Jumpin, que ahora curra en la tienda de instrumentos musicales Studio 54, entonces había sido guitarrista de ambas formaciones. Dani ahora tiene treinta y tres años y más de una década a sus espaldas de acumular experiencias en escenarios de medio mundo. No nos conocíamos de nada pero yo había estado en uno de sus conciertos debut en el paseo de la Alameda de Santiago allá por 1997. Aquel día el nuevo fichaje de los ex-moriartis se dejó llevar por la excitación y golpeó la caja de la batería con tanto ímpetu que rompió el parche. Recuerdo perfectamente su baqueta allí clavada y las caras atónitas del resto de los músicos. Creo que ese es el motivo por el que le he recordado hasta hoy. Posiblemente yo estaba allí con David Prieto, el bajista de la Bakin’ Blues. Él siempre recuerda esa época diciendo que tocar era un suplicio porque el público sólo lo componían músicos; «como nadie sabía nada estaban todos fijándose al milímetro en lo que hacías, era peor que un exámen del instituto». Algo especial debían de tener aquellas batallas de rock & roll pubescente porque Prieto dejó el instituto pero jamás dejó los escenarios. Me acerqué a saludar a Dani y en seguida supimos que nos sentaríamos juntos y charlaríamos durante todo el trayecto. Ya sabéis, dos gallegos en Madrid pillando un tren se sienten medio colegas en seguida. Yo tenía compromisos musicales en Barna y ese mismo día regresaría a Madrid por la tarde. Él, iba con prisa para llegar al consulado y hacer los papeles necesarios para largarse a Chile como baterista de La Mala Rodríguez. Ambos llevábamos diez años fuera de casa y acabamos de regresar a Galicia para iniciar una nueva etapa de nuestras vidas. Yo le conté sobre el tiempo en el LIPA de Liverpool y los años en Madrid frecuentando la Coquette, la Honky Tonk o La Soleá. Dani habló de sus años en Barcelona y me estuvo contando sobre la escena musical de allí. De pronto, mi billete de tren se convirtió en block de notas y me hice una listita de nombres interesantes mientras él hablaba. Creo que el apunte más destacable fue la What The Fuck Jam Session, que tiene lugar los lunes por la noche en un garito llamado Jamboree Jazz Club. Esta vez no iba a poder ser, pero quizá pueda pasarme pronto por allí. En fin, aquello terminó con un taxi compartido que él pagó para dejarme de camino en Plaza Catalulnya. Acordamos una birra en La Reixa de Santiago como compensación por ese favor así que seguro que nos volveremos a ver. De hecho a partir de su regreso (el 8 de noviembre) buscaremos fecha para que se pase por O Tren Pantasma Radio Show a contarnos cómo fue la gira con la Mala.
El regreso a Madrid fue agotador. Supongo que fue por el madrugón. A pesar de ir en un tren alta velocidad se me hizo larga la ruta pero, sobre todo, se me hizo cara. Pagué 203 pavos por un billete de ida y vuelta, cago en…Ahora escribo estas líneas desde el miserable TALGO que me lleva a Compostela por el módico precio de 50 euros. Cuando lo vi sobre las vías parecía el auténtico tren fantasma. Pensé que acababa de llegar al museo del ferrocarril. A su lado reposaba otro que decía AVANT y hacía que este pareciera una broma. En fin, son las cinco de la tarde, he salido a las 14:20 h. y voy a llegar a las 21:20 h. Entonces tendré un rato para cenar y me iré a ensayar con un par de colegas que me han llamado para dar un concierto mañana en Noia. También haremos una breve aparición en un mini tributo a Amy Winehouse que tendrá lugar la noche de Halloween en la fiesta-cabaret que organiza la asociación de novo circo Pista 5 en A Casa do Patín. Prometen ser unos días divertidos y creo que además va a caer algún sobre con unos billetitos en negro. Así está la cosa, y en los tiempos que corren parece que no nos podemos quejar.
Pensando en esto recordé que ayer terminé la noche en un garito madrileño llamado TONY II, en Alonso Martínez. Es un piano-bar de lo más decadente pero su ambiente es tan bizarro que lo convierte en un sitio inigualable, casi exclusivo. La gente canta coplas y alguno se lo toma tan en serio que puedes ver de todo. Allí estábamos el bajista gallego Manuel Antón (Conchita), el compositor bilbaíno Patricio B y el logroñés Isaak Seco (René). Estos tres han llegado a la década de los treinta alternando su vocación con trabajos en empresas de comunicación, marketing o publicidad. En casa habíamos dejado poco antes al baterista Cristian Chiloé (Mama Boogie…) que se ha mudado a Suecia y está montando un estudio de grabación a la vera de un lago. Nuestras formas de subsistir son un tema bastante presente en nuestras reuniones y hablando de eso recordé a otro personaje imprescindible de esta escena. Se trata del cantante vitoriano David Elejalde (Corn Fakes…). Con él había estado el martes pasado en la Escuela de Música Creativa de Madrid cuando fui a ver un ensayos del coro Góspel Factory, del que Elejalde es integrante. Luego nos echamos una birra en el bar Picos de Malasaña y pude comprobar que su faceta de promotor cultural y organizador de eventos ocupa una parcela cada vez mayor de su quehacer musical. En el fondo, tenemos la sensación de estar capeando bien el temporal. Supongo que los gremios históricamente maleados no notamos tanto la crisis…pero ¿cuáles son nuestras expectativas?
De pronto se me ocurre la posibilidad de encontrarme charlando sobre esto con Dani Domínguez en un tren dentro de unos años. En vez de hacer Madrid-Barcelona haríamos Madrid-Santiago. A esas alturas del cuento ya podríamos haber consolidado una posición en Galicia que nos permita viajar de vez en cuando, por ocio o por trabajo, sabiendo que nuestro campamento base está por fin en nuestra tierra. Además, esta hipotética ruta la estaríamos haciendo en un AVE..,
…wait a second, ¿cuántos sobres en negro como el de mañana necesito para viajar una vez al mes entre Santiago, Madrid o Barcelona en un AVE?. Pensando en la respuesta creo que mi futura charla con Dani va a repetir el centro agónico sobre el que rotamos el miércoles pasado; a nosotros estos precios nos van asfixiando desde el mostrador hasta el asiento. No nos dejan respirar, hacen que se nos olvide hasta la velocidad…
Seguramente, y como a tantas otras personas pertenecientes a otros gremios, nos resultará imposible subir al AVE en estas condiciones. Por otra parte, nuestros sobres en negro, salvo por su reversión parcial en impuestos indirectos, tampoco ayudarán a que este sea construido. Extraña y coherente paradoja ¿no?.
Este es un país de piratas y todos lo sabemos.
Como la cosa no cambie pronto, creo que el único tren que muchos vamos a coger con la frecuencia que nos dé la gana a partir de la llegada del AVE a Galicia va a ser O Tren Pantasma.
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