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Archivo para octubre, 2017
jueves, 26 de octubre de 2017

Paciencia es lo único que nos queda .

Resulta que la adolescencia según las guías de psicología dura hasta los 19 años. No me lo puedo creer o más bien no me lo quiero creer, que aún me quedan 3 años más de adolescencia..3 años si nos ponemos en plan purista , porque la realidad dice que esta fase de la vida puede alargarse en lo que llamamos juventud.

 

La adolescencia la podemos dividir en tres etapas , pero determinar su duración es cuanto menos difícil , ya que cada niño es un mundo y los hay que nacen casi adolescentes y otros que entran en la adolescencia en una edad tardía.

Las etapas de la adolescencia son : Pre-adolescencia, Adolescencia temprana, y Adolescencia tardía .

La cuestión es que tenemos adolescente en casa durante casi 10 años , siendo optimistas ,por lo que es muy importante aprender a convivir con ellos y educarlos , en la medida de lo posible como dice el código de circulación.

1. Pre-adolescencia
La pre-adolescencia va de los 8 a los 11 años, y consiste en la etapa en la que se produce la transición entre la infancia y la adolescencia. Es la etapa de los cambios físicos, el cuerpo crece y eso lo tenemos que aceptar padres, hijos y madres a la hora de comprar los ” modelitos” de nuestros hijos , se acabaron los vestidos rosas ahora hay que pensar en otras cosas por muy duro que sea para muchas madres. Pero más duro es para algunas hijas llevar lazos con 11 años. En esta etapa la convivencia paterno filial no es complicada, se necesita paciencia, cariño, firmeza y poco más.

2. Adolescencia temprana
La adolescencia temprana ocurre entre los 11 y los 15 años, y en ella se dan los principales cambios súbitos de tipo hormonal, hasta el punto en el que al abandonar esta fase el cuerpo es muy distinto al que se tenía durante la pre-adolescencia. Es la fase de los cambios psicológicos , si en la pre-adolescencia hay que decirle adiós a los vestiditos  y los modelitos de madre , como dice mi hija. En la adolescencia temprana tenemos que hacernos a la idea que se acabo nuestro hijit@, ya no somos sus referentes , ya no somos lo más importante de sus vidas , o por lo menos no es lo que sienten y te hacen sentir . Es cuando tu no sabes nada , y el que lo sabe todo es su amigo. En esta etapa lo de la convivencia se va complicando , se necesita una dosis más alta de paciencia, y alguna sordera momentánea. Es la etapa de recordar que no lo puedes matar porque es tu hijo y lo quieres y porque es delito.

La principal diferencia entre un niño y un adolescente la ves cuando llegas a casa. Si tu hijo aún es niño , cuando abres la puerta el correrá hacia ti con una maravillosa sonrisa y te dará un beso . Si es adolescente en el momento que tu entras oirás el portazo que cierra la puerta de su habitación , ya no hay besos, ni saludos, sólo portazos.

3. Adolescencia tardía
Esta es la tercera y última de las etapas de la adolescencia, y ocurre aproximadamente entre los 15 y los 19 años, según la Organización Mundial de la Salud.

En esta etapa termina de desarrollarse la conciencia social y se empieza a dedicar mucho tiempo a pensar en situaciones y procesos que no están limitados a lo que se puede ver, oír y tocar en el entorno inmediato. Es una renuncia al egocentrismo típico de las etapas anteriores, si bien no desaparece del todo. El adolescente tardío es aquel que siempre te llevará la contraria en todo lo referente al mundo que le rodea , es decir temas socio-políticos. Si tu eres de misa los domingos tu hijo dirá que la iglesia es una casta opresora, si eres empresario te convertirás en un explotador del proletariado  y así hasta el infinito y más allá . Es la etapa del “tocapelotismo” y que puede enzarzarse en una discusión interminable sobre “la verdad de la vida”.  Aquí la convivencia familiar  mejora si la comparamos con la adolescencia temprana, empezamos a ver el final del túnel. Pero la paciencia sigue siendo la herramienta imprescindible para manejarte con tus hijos.

 

Marta Está Harta

jueves, 19 de octubre de 2017

No le pidas peras al olmo…

 

 

Sabemos que la adolescencia es una etapa difícil y complicada de manejar. Sabemos que el cerebro de los adolescentes determina su forma de actuar, entonces ¿por qué esperamos que actúen de la manera que no va a suceder?.

Nuestra labor como padres es también ser empáticos con nuestros hijos en todas sus etapas, y en especial en ésta, pero es precisamente en esta fase de sus vidas, en que los chicos comienzan a querer tener mayor libertad y tener más independencia, con lo que se comienza a abrir una ventana de discusiones y peleas interminables  Y es que da igual lo que digamos o hagamos nunca será lo que ellos esperan y siempre será causa de discusiones , a veces me sorprende por lo que se puede llegar a discutir con un adolescente , por razones más absurdas que por las que te peleas con el padre del adolescente .

En mi casa él último altercado fue porque se supone que las cosas solo tengo que decirlas una vez, así de claro me lo dijo la adolescente, que soy una pesada porque repito todo muchas veces. Ante semejante contestación se me vino a la mente que debía ser empática y paciente, seguir esos 5 pasos , que aconsejan , para evitar las peleas y que son::  no gritar, tener paciencia , no frustrarme , recordar que la quiero y que es mi hija, intentar una conversación tranquila y recordar mi adolescencia.

Pero estas cinco reflexiones pasasaron como un rayo por mi cabeza , no me dio tiempo a asimilarlos porque una fuerza extraña se apoderó de mi y me dijo: “¿Empática? ¿vas a ser empática ahora, después de semejante contestación?” y aunque una parte de mi me decía que aquella discusión no iba a ser buena para nadie. Otra , la vencedora, me decía que a por todas. Y al final hubo discusión porque yo soy una pesada, ese era su gran argumento junto el típico “no te soporto”, mientras yo le iba enumerando una a una las cosas que tenía que hacer y aunque se lo había dicho un millón de veces seguían sin hacerse por ejemplo ordenar esa dichosa “habitación” . Yo las oba enumerando consciente de que no valía de nada , que lo más seguro es que ella ni me escuchaba pero no podía parar, los que sois padres sabéis lo que digo.

Después de media hora más o menos de rifi-rafe las cosas se fueron calmando, pero ya habíamos perdido media hora peleando y toda la tarde recuperando , que cuando uno está tan alterado tarda su tiempo en volver a reiniciar. Yo me prometí de nuevo , no sé que me prometo más ponerme a dieta o ser más empática con la “antipática”, no volver a caer en semejante discusión. Y es que discutir no es bueno para nadie  incluso en las peores situaciones, se puede hacer algo para intentar frenar la pelea o discusión que se viene. Lo peor es que esa labor, debe partir de nuestra parte, la de los padres, no podemos pedir a los adolescentes que reflexionen lo que dicen o que se relajen cuando lo que les pide su adolescente cerebro es todo lo contrario.

Yo os dejo 5 consejos para reducir el estrés y mejorar el clima en casa, aunque soy consciente de que es muy difícil conseguirlo pero por intentarlo que no sea

1.- No alterarnos ni gritar: suena difícil, pero debemos ser capaces de ser firmes, pero sin perder la calma. Los gritos sólo traen más gritos y comienza un círculo que no termina nunca. La firmeza en nuestras decisiones no se demuestra a gritos ni peleando. Se demuestran con acciones concretas y con calma. Recordemos que nuestro lenguaje corporal también habla, así que esa calma se debe traducir en todos los aspectos nuestros para con nuestros hijos.
2.- Paciencia: debemos tener paciencia con nuestros hijos. Los cambios que muchas veces esperamos ver, no ocurren de un día para otro. Debemos tener mucha dedicación y ser súper rigurosas en nuestro actuar, para comenzar a ver resultados positivos. Y debemos ser consientes de nosotras mismas y relajarnos, así las cosas pueden fluir de mejor manera.

3.- No pongamos en ellos nuestras frustraciones: esto es lo más difícil. Muchas de las peleas se desatan por cuestiones simples, pero el exceso de tensión, la vida diaria, los problemas del trabajo y tantas otras cosas, hace que pongamos en ellos una cuota de frustración por lo que estamos pasando. Debemos ser consientes de esto, para poder evitarlo.
4.- Recuérdale que lo amas: no porque son más grandes, nuestros hijos adolescentes no deben sentir que los amamos con todo el corazón. Recordarle eso es fundamental para reafirmarlo en el amor y el cariño. Aunque estén pasando por una situación complicada, el amor siempre debe estar presentes. A lo mejor, sólo busca llamar tu atención.
5.- Comunicación: mantener una comunicación permanente con nuestros hijos es fundamental. Darle el tiempo para conversar, salir juntos y preocuparse de sus cosas es una manera de demostrarles que nos preocupa y que lo amamos.
6.- Mirarnos a nosotros (como adolescentes): no olvidemos nunca que también fuimos adolescentes. Que a lo mejor también cometimos locuras, errores, peleamos con nuestros padres, en fin, que también tuvimos muchas de las actitudes que ellos tienen ahora. Eso nos ayudará a ponernos de mejor forma en su lugar y conversar con ellos.

 

 

 

 

 

Marta Está Harta

miércoles, 4 de octubre de 2017

Cuidado con lo que se promete.

Cuidado con lo que le prometemos a nuestros hijos adolescentes, que a veces tenemos que cumplirlo y eso es lo que me ha pasado a mí este septiembre. En un momento de desesperación “exámenes de septiembre” y aún sabiendo que motivar con premios va contra todas las guías de educación , se me ocurrió decirle a la adolescente que si pasaba de curso le dejaba hacerse el piercing que quisiera , eso sí en la oreja, que la conozco y se le puede ocurrir cualquier cosa. La promesa la lancé como un órdago y estaba convencida que había tan sólo un 50% de posibilidades de verme en el centro de piercings y tatuajes viendo como le “furaban la oreja ” .

Como ya sabéis al final pasó de curso , no sabemos muy bien como se obró el milagro , pero vamos a confiar en que 9 meses de instituto y academia junto a 3 de madre haciendo de profe particular tuvieron sus frutos, y entre esos frutos estaba el deseado “piercing industrial” .  Así que ayer me pasé la tarde en un  sitio que se llama “Camaleón Tatoo” , que es el lugar preferido de los adolescentes lucenses, viendo como había más padres que como yo prometieron ” piercings y tatuajes” a cambio de buenas notas. Podemos decir que la “deseada moto” de los ochenta se ha cambiado por el deseado “tatoo” del SXXI. Junto a mí en la sala de espera madres cuarentañeras y alguna cincuentañera esperando a que sus hijos fueran mutilados por el dueño , un chico majísimo que en su día me hizo a mi el tercer piercing de la oreja derecha.

Aquella sala de espera  por un momento me recordó a la sala de espera del pediatra, madres nerviosas escuchando gritos de dolor de sus hijos, mientras se decían unas a otras que no entendían esta moda.  Casi todas contaban que estaban allí por una situación parecida a la mía , vamos que se vinieron arriba incentivando a sus hijos y ahora ya no había vuelta atrás. Yo para mis adentros me alegraba de que dentro de mi promesa hubiésemos delimitado en cierto modo “el mutilamiento”. Ya que había una madre desesperada, porque su hija iba a hacerse una dilatación y otra a la que se le ocurrió dejarle tatuar una pistola en el costado derecho a su hija de 15 años. Ante este panorama, no os imagináis lo que me alegré cuando vi salir a la adolescente con la oreja bien roja y bien hinchada, con un palo atravesándola, por lo menos no era una pistola tatuada en su costado y ese cartílago tenía toda la pinta de que iba a doler bastante, cosa que en cierto modo me reconfortaba.

Marta Está Harta