Me he pasado horas estudiando posibles juguetes educativos. He comprado libros adaptados a su edad, con colores, formas, etc. Le he puesto dibujos animados en inglés, para que se acostumbre a ese idioma desde pequeñito. Jugamos con un abedecario de espuma y colores; hacemos puzzles para que identifique las formas…Vamos, que intento que Petit Prince tenga a su alcance materiales divertidos y pedagógicos a su vez. Y tras meses de preocupaciones, va mi carismático retoño y decide que lo que le resulta tremendamente divertido y entretenido es coger una cazuela y una cuchara de madera y cocinar a sus animales de juguete. Sí, pasmada me he quedado yo al verle.
Ahí le he tenido, más de media hora con el cazo, su correspondiente tapa y la cuchara en cuestión. Lo ha paseado por el sofá, el suelo, el pasillo, la tele, la alfombra…Así que, mamás del mundo, he aprendido la lección: pongamos materiales a su alcance, pero dejemos la elección al pequeño. A fin de cuentas, él es quien se está formando.
Entretanto, cazuela en mano, voy a rebuscar en lo más profundo de internet a ver si alguien me dice cómo conseguir que mi heredero deje de arrear guantazos a sus compañeros de guardería. Y lo hace independientemente de que sean mayores o mujeres. Lo último ha sido tirarles de las orejas… Creo que en la guardería este año va a recibir el premio al macarra infantil del curso. Y lo aceptaremos con resignación.















