Que Petit Prince es un niño presumido es un hecho más que comprobado. Por ello, que cubran su cuerpecito y su ropa con disfraces varios no es algo que la criatura reciba con una sonrisa. Así que imagina, querido lector, la inventiva que tuvimos que tener para poder escoger su disfraz. Lo típico es embutir al niño de turno en un disfraz de animal. Vacuno, perruno, gatuno o asnal. Y como en esta familia no nos gustan los tópicos ni lo predecible, quien firma se pasó
varias jornadas nocturnas buscando en la red para ver las opciones. Y la encontré, haciendo gala al nombre de este blog. El disfraz de este año fue de Principito, exactamente como veis en la foto promocional del peque de ahí al lado. No, no es Petit. Es de la página donde lo venden.
Otra cosa fue introducir al niño en él. Y más aún, que la gorrita y la pluma se mantuviesen en su cabeza. Primero, se negó a probarlo. Con lo cual la mañosa de su tía materna hubo de arreglar el disfraz a ojo! El niño tiene 18 meses y el disfraz era de 3 a 4 años. (Lo sé, pero para bebés sólo venden los citados de la jungla animal). Finalmente, y por una conjunción astral que creo que no se volverá a repetir en cinco lustros, el día en cuestión accedió a vestirse de tal guisa. Aunque la espada acabó muy maltrecha y tuvimos que colocarle la gorrita así como 75 veces en dos horas.
Peor suerte corriendo los disfraces que le pertrecharon en la guardería. El de indio duró 3 minutos 15 segundos. El tiempo de salir por la puerta, llegar al coche y raaaassssssssssss… El de semáforo..duró un poco más. Pero queridas chicas de la guarde, toda la pintura que Petit Prince llevaba en su cara (amarrillo, rojo y verde), terminó encima de la cazadora blanca recién lavada que mamá llevó a su retoño. Un día de estos la lavadora me demanda por explotación.
En definitiva, que he aprendido que buscando, se encuentra; que la imaginación no tiene más límite que el que le imponemos nosotros mismos; que tenemos que sacar fuerzas de flaqueza para introducir a nuestros niños en mundos imaginarios y fantásticos. Podemos disfrazarles, cuando sean más mayores, para leerles cuentos o representar escenas. Si sueñas, ellos soñarán. Y una sonrisa suya compensa cualquier esfuerzo. Así que, mamás, papás…a crear!







22 febrero, 2012 at 21:23
En casa hemos tenido a una mariquita (mi hija) y un abejorro (mi hijo) y el insectidida que era su madre. Espero que hayas pasado unos muy buenos carnavales.
22 febrero, 2012 at 22:06
Sí, Cristina, gracias! Aunque creo que se deberían organizar o en lugares cerrados o a horas más tempranas, porque los peques van con poca ropa y siempre hace un frío…