Algo así como una pequeña carta de amor reinventada

| 0 comments

Aprovecho esta semana, porque quien más y quien menos, se deja imbuir por el espíritu de San Valentín. Comercialismos aparte, en el fondo de mi cuore creo que es bueno que se hayan establecido fechas como ésta, para recordarnos a quien queremos, por qué y cómo se lo demostramos. Evidentemente, no voy a plasmar en este blog mis sentimientos hacia Grand Prince, porque es privado y sólo debe interesarnos a ambos. Pero sí quiero hablaros del amor infantil.

Ese amor que es increíble. Toda futura mamá ha oído frases como: “luego no te imaginas la vida sin él”, “todo pasa a un segundo plano”, “es un amor como no habías sentido nunca”. Y sí, lees las frases, las oyes…y dices, bueeeeeno…a saber. El tiempo me ha demostrado que tienen razón. No hay un momento mágico, como el perfecto que describen en las películas. El parto no es esos cinco minutos con cuatro grititos que presenta el celuloide. Ni cuando te dan a tu bebé estás en las mejores condiciones. Pero, mirando hacia atrás, a pesar de vomitonas, fiebres, agotamiento, estrés, miedo, lágrimas, médicos, catarros, gastroenteritis, medicamentos…y sueño…descubres que por amor a esa personita indefensa, pequeñita, eres capaz de mover lo que sea y a quien sea. Te da una fuerza que nada en esta vida te proporciona.

Te descubres a ti mismo mirándole, dormir, jugar, progresar, aprender…y te sientes orgullos por él, y por ti. Sabes que nunca vas a querer a nadie y a nada de ese modo. Porque es una forma única, intensa y plena. Y, sobre todo, limpia. Es lo más puro que existe en esta vida. Se parece en cierta forma al cordón umbilical, sólo que este va de corazón a corazón, y es transparente. Lo mejor es que es imperecedero.

Es bueno decir “Te quiero”. A un hijo o a toda aquélla persona por quien lo sintais. La vida es demasiado corta para robarle palabras, sentimientos y tiempo.

 

Deja un comentario

Required fields are marked *.

*


*