21 febrero, 2012
por María Xosé Gómez
0 comentarios

El disfraz: la puerta al mundo de la Fantasía

Que Petit Prince es un niño presumido es un hecho más que comprobado. Por ello, que cubran su cuerpecito y su ropa con disfraces varios no es algo que la criatura reciba con una sonrisa. Así que imagina, querido lector, la inventiva que tuvimos que tener para poder escoger su disfraz. Lo típico es embutir al niño de turno en un disfraz de animal. Vacuno, perruno, gatuno o asnal. Y como en esta familia no nos gustan los tópicos ni lo predecible, quien firma se pasó varias jornadas nocturnas buscando en la red para ver las opciones. Y la encontré, haciendo gala al nombre de este blog. El disfraz de este año fue de Principito, exactamente como veis en la foto promocional del peque de ahí al lado. No, no es Petit. Es de la página donde lo venden.

Otra cosa fue introducir al niño en él. Y más aún, que la gorrita y la pluma se mantuviesen en su cabeza. Primero, se negó a probarlo. Con lo cual la mañosa de su tía materna hubo de arreglar el disfraz a ojo! El niño tiene 18 meses y el disfraz era de 3 a 4 años. (Lo sé, pero para bebés sólo venden los citados de la jungla animal). Finalmente, y por una conjunción astral que creo que no se volverá a repetir en cinco lustros, el día en cuestión accedió a vestirse de tal guisa. Aunque la espada acabó muy maltrecha y tuvimos que colocarle la gorrita así como 75 veces en dos horas.

Peor suerte corriendo los disfraces que le pertrecharon en la guardería. El de indio duró 3 minutos 15 segundos. El tiempo de salir por la puerta, llegar al coche y raaaassssssssssss… El de semáforo..duró un poco más. Pero queridas chicas de la guarde, toda la pintura que Petit Prince llevaba en su cara (amarrillo, rojo y verde), terminó encima de la cazadora blanca recién lavada que mamá llevó a su retoño. Un día de estos la lavadora me demanda por explotación.

En definitiva, que he aprendido que buscando, se encuentra; que la imaginación no tiene más límite que el que le imponemos nosotros mismos; que tenemos que sacar fuerzas de flaqueza para introducir a nuestros niños en mundos imaginarios y fantásticos. Podemos disfrazarles, cuando sean más mayores, para leerles cuentos o representar escenas. Si sueñas, ellos soñarán. Y una sonrisa suya compensa cualquier esfuerzo. Así que, mamás, papás…a crear!

15 febrero, 2012
por María Xosé Gómez
4 Comentarios

Pañales en guerra con la barra de labios

15:00 p.m. Petit Prince duerme su siesta. Estamos en el sofá y hay silencio. Y aunque tengo un brazo inmovilizado (diez kilos y pico de bebé encima), gracias al otro tengo una hora de buceo tranquilo por ese pozo sin fondo que conocemos como internet y mediante el que ahora me estais leyendo. Curioseo, a veces, de forma malsana (lo sé) en otros blogs de mamás…y leyéndolas, o mirando a veces fotos de mujeres famosas, madres famosas, viendo la tele… me siento mal. Porque no existen esas mujeres perfectas. Yo proclamo que, sin ayuda externa, es imposible peinarse de peluquería, hacerse cada día un maquillaje genial, tener tu casa limpia y recogida (toooda la casa), la colada hecha, la ropa planchada, los juguetes en su sitio, las uñas impecables, la comida horneándose y aún tener tiempo para comprar los últimos modelitos. Eso, además de atender al niño/niños de cada una.

No se puede. Que no. Esa imagen de mujer todoterreno y look Claudia Schiffer, sin  restos de vomitonas o babas en su ropa es irreal. Y nos hace mucho daño a las mujeres. Hacen que nos sintamos mediocres, poca cosa. Nosotras, con nuestro michelín, la raíz del pelo sin teñir, los jerseys con bolitas y el pijama de la abuela antisexy para dormir. Mirad, yo soy  mamá, y tengo la gran suerte de tener la ayuda de mi pareja en el día a día. Y aún así, esforzándome mucho, a lo que llego es a tener mi casa más o menos al día y a atender a mi pequeño. Robo un par de horas al sueño para contaros estas cosas y acabar asuntos pendientes (por ejemplo enviar currículums). Pero me resulta matemáticamente imposible, por tiempo, dedicarme una o dos horas al día a mi, para estar espléndida.

Estoy activa de 08:00 a 01:00, con episodios de llanto y consuelo nocturnos: hago la cama, limpio el baño, barro, friego, hago la cocina, lavadora, plancha, guardado de ropa, compra, limpiar el polvo, cristales, recoger al niño en la guardería, recados, comida del niño, como (es una costumbre como otra cualquiera), siesta del niño, merienda del niño, recados varios o jugar con el niño, baño del niño, cena del niño….dormir al niño = dolor de cervicales de mamá. Por tanto, mujeres que me leeis, estad tranquilas, somos todas iguales. Lo de la tele, las revistas y blogs perfectos es una mentira. Somos mujeres, adultas, imperfectas, con los pelos revueltos y el genio a flor de piel. Pero ese carácter y la fuerza que tenemos y que nuestros hijos nos hacen sacar es lo que nos hace únicas; y por eso nos quieren, aunque no nos lo digan. Porque podemos con esto..y con mucho más. Si hemos parido… (sin epidural, aunque ni yo misma me lo crea), podemos con cualquier cosa…

P/D Aunque pediré a Papá Noel un gran estuche de maquillaje…con una barra de labios roja.

14 febrero, 2012
por María Xosé Gómez
0 comentarios

La mili, el club y los achuchones con grititos…

¿Qué pasa cuando se encuentran dos hombres que, aunque haga 44 años que no se ven, estuvieron juntos en la mili? Empieza una charla interminable plagada de batallas varias. A las mamás nos pasa lo mismo. Ya puedes ser la personas más reservada del mundo, ya puede tu timidez hacerse dueña de ti tan pronto cruzas la puerta de tu casa para salir a la calle…que todo se olvida cuando otra mamá coincide contigo. En el médico, el supermercado, el parque, la farmacia o la tienda de ropa.

Primero viene la mirada de reconocimiento y solidaridad instantánea. Porque sabemos lo que la otra está viviendo día a día. Luego, la sonrisa de “sí, sé que pasamos por lo mismo”. Y a continuación, por la cosa más tonta-si hay niños ya está hecho, porque querrán tocarse o jugar-empieza la conversación. Y le hablas con absoluta franqueza y confianza, cosa que a tus vecinos les llevará conseguir así como unos veinte años. Y eso que viven puerta con puerta.

Existe un sentimiento de comprensión/pena/solidaridad entre mamás. Y no es lo mismo que la mamá tenga un niño de edad similar al tuyo a que no lo tenga. Si el niño es muy mayor o bastante más pequeño…aaaaarrggg….el mecanismo puede chirriar algo. Porque ya noes lo mismo. La mamá, ese personaje deseoso de soltar por la boca toda su problemática y descubrimientos, como por ejemplo el mejor pañal, la ropa más barata, la crema más efectiva o esos comportamientos extraordinarios de su bebé (léase dormir con el culo en pompa o bajarse sólo del sofá…), ansía desesperadamente un interlocutor a quien le interese. Y ése es la otra mamá. Porque te quiere contar exactamente lo mismo!!

Para muchos-algunos familiares y amigos, salvo excepciones, el niño es esa cosita a la que quieren achuchar, achuchar y achuchar. Eso sí, con grititos y diciéndole lo guapo/a que es. Bueno, y que les dé besos. Si les da un beso la exclamación es similar a la del público de Roland Garrós en el último golpe de una final de 5 horas. Y nuestras agonías de mamás, como la cantidad de comida que engulle nuestro retoño (preocupadas por si será suficiente o no), el ritmo de la dentición, las habilidades corporales, los cuentos que les lees o sus gorgoritos…sólo son una cháchara poco interesante que hay que aguantar de fondo como precio por intentar achuchar al peque de turno.

Deberíamos hacer un club: El Club de las Madres Novatas Incomprendidas. Quien se apunte que levante la mano…no, perdón, que la baje y le dé a la tecla.

 

P/D Por cierto, la OCU ha hecho un estudio para saber cuáles son los mejores pañales. Los cinco primeros han sido: Toujours (del Lidl), Hugguies, Dia Baby, Dodot Activity y Eroski. ¿A que nunca lo habríais pensado? Los del Lidl deben estar dando saltos de alegría…

7 febrero, 2012
por María Xosé Gómez
0 comentarios

Algo así como una pequeña carta de amor reinventada

Aprovecho esta semana, porque quien más y quien menos, se deja imbuir por el espíritu de San Valentín. Comercialismos aparte, en el fondo de mi cuore creo que es bueno que se hayan establecido fechas como ésta, para recordarnos a quien queremos, por qué y cómo se lo demostramos. Evidentemente, no voy a plasmar en este blog mis sentimientos hacia Grand Prince, porque es privado y sólo debe interesarnos a ambos. Pero sí quiero hablaros del amor infantil.

Ese amor que es increíble. Toda futura mamá ha oído frases como: “luego no te imaginas la vida sin él”, “todo pasa a un segundo plano”, “es un amor como no habías sentido nunca”. Y sí, lees las frases, las oyes…y dices, bueeeeeno…a saber. El tiempo me ha demostrado que tienen razón. No hay un momento mágico, como el perfecto que describen en las películas. El parto no es esos cinco minutos con cuatro grititos que presenta el celuloide. Ni cuando te dan a tu bebé estás en las mejores condiciones. Pero, mirando hacia atrás, a pesar de vomitonas, fiebres, agotamiento, estrés, miedo, lágrimas, médicos, catarros, gastroenteritis, medicamentos…y sueño…descubres que por amor a esa personita indefensa, pequeñita, eres capaz de mover lo que sea y a quien sea. Te da una fuerza que nada en esta vida te proporciona.

Te descubres a ti mismo mirándole, dormir, jugar, progresar, aprender…y te sientes orgullos por él, y por ti. Sabes que nunca vas a querer a nadie y a nada de ese modo. Porque es una forma única, intensa y plena. Y, sobre todo, limpia. Es lo más puro que existe en esta vida. Se parece en cierta forma al cordón umbilical, sólo que este va de corazón a corazón, y es transparente. Lo mejor es que es imperecedero.

Es bueno decir “Te quiero”. A un hijo o a toda aquélla persona por quien lo sintais. La vida es demasiado corta para robarle palabras, sentimientos y tiempo.

 

1 febrero, 2012
por María Xosé Gómez
1 Comentario

Marchando una ración de moratones!!

Parte de lesiones de la última semana:

 

Arañazos bajo la oreja derivados de una pelea en la guardería; la uña de un dedo morada y el dedo hinchado cual globo tras escaparse e intentar abrir una puerta; nueve moratones en el pequeño espacio que va desde la rodilla a los pies; un golpe considerable bajo la barbilla tras tropezar con la mesa del salón y clavarse la esquina; rasguño en la nariz tras una caída por correr; herida en una encía tras caerse a causa de un tropezón; marcas de uñas en la mejilla tras otra pelea en la guardería/club de lucha libre (así la debe entender Petit Prince); tres moratones y un chichón en el mismo sitio de la frente tras caídas varias e intentar entrar en la habitación corriendo y olvidar que la puerta estaba cerrada; moratón en la mejilla tras otra caída.

Y seguro que me olvido de alguna. Eso, teniendo en cuenta que de momento sólo anda. El día que sus piernecillas le permitan subirse a los sitios tendré que ir a pedir al Obradoiro para contratar un equipo de ambulancias que hagan guardia las 24 horas del día a la puerta de mi casa. Menos mal que no ha salido en dramático a su madre, y el bueno de Petit apenas deja escapar unas lagrimillas cuando se da un golpe fuerte.

A la espera de la próxima lesión, que puede ser ahora mismo porque se ha empeñado en impulsarse dormido, y golpear la cabeza contra la cuna… voy a poner en un sitio a mano el botiquín y a rescatar una máscara de Carnaval. Reconozco que me da vergüenza cuando le llevo a algún sitio y entra él, hecho un terremoto, con su piel blanquísima y la cara llena de rasguños, moratones, heriditas y marcas de guerra. Pero también pienso…eso es que vive, que juega, que aprende, que navega en sus inquietudes. Y la vergüenza se diluye entre el orgullo materno…

24 enero, 2012
por María Xosé Gómez
0 comentarios

Una de fierecillas indomadas y Heidi

Una mezcla de Bruce Lee y el caníbal Hannibal Lecter. Podría ser la definición perfecta para describirles en qué se convierte mi adorado Petit Prince cuando sus piececillos asoman por la puerta de la guardería. Y es que mi heredero ha desarrollado desde edad temprana una malsana e incorregible costumbre de saludar a los otros niños con detalles tan cariñosos como los mordiscos o las bofetadas. Además, tan generoso es el pobre, que los reparte a diestro y siniestro sin control alguno. Vamos, que tú vas con tu pequeño a la compra, a dar un paseo, a una cafetería..y en esto que aparece otro niño/a (da igual la edad). Tan pronto Petit lo divisa, empieza a mover compulsivamente todas las partes de su cuerpecito para lanzarse a por su víctima cual vampiro hambriento. Y cuando llega a ella, aunque le saque una cabeza, o bien le da un mordisco si tiene carne a la vista, o le arrea un bofetón. Sí, a adultos también se lo ha hecho.

Y tú, madre de la criatura, te quedas abochornada e indignada en la misma proporción. Antes, lo que hacía era disculparme mil veces con el pequeñajo de turno y con sus padres, mientras se me subían los colores al más puro estilo Heidi y me llevaba a mi retoño lo más lejos posible de su víctima. Ahora, lección aprendida, procuro no soltarle de la mano bajo ningún concepto. Es la únca manera de evitar moratones y mordeduras en los cuerpos de otros inocentes niños. Y pensareis, ¿y en la guardería que haces? Yo rezar en casa. Porque me temo que un día, al abrir la puerta para recogerle, me inviten amablemente a domar a mi fierecilla primero, antes de volver a llevarlo. Cada día hemos de preguntar por el parte de lesiones. De momento sus batallas se saldan con varios moratones y rascaduras, todas en su cara. Es fantástico salir de casa y que todos se fijen en la heridita de la nariz, la de la oreja, la del pómulo, la de la ceja…he de fabricarle una máscara anti-peleas. Eso por nuestro bando. Por el de los demás…sé que a una niña un año mayor que él decidió probar a dejar clavados sus dientecillos afilados en el trasero de la pobre pequeña. Nooo, amigos míos, no amortiguó el pañal, porque la niña ya no lleva.

Le castigo de pie contra la pared cuando pega, muerde, araña o realiza cualquier tipo de agresión física a quien sea. Me reta, y a los diez minutos de llorar, patalear o demás, se me escapa o encuentra vías de huída. La de ahora es la del grito desesperado que me hace sucumbir. Entretanto, seguiré yendo a la guardería día tras día con el miedo agarrado al volante. Si sale magullado, malo. Malísimo. Si sale contento, pregunto si ha habido bajas.

Es muy difícil esto de ser mamá… y nadie te lo dice antes!!!!

19 enero, 2012
por María Xosé Gómez
0 comentarios

Boxeo a mamá y mordisco en el culete

Es medianoche y Petit está dormido. Tras el zafarrancho del baño, en el que el agua es la maravilla de las maravillas, viene lo que él considera su terrible tortura: secarse, la crema hidratante y el pijama. Son cinco minutos en los que una mano de mamá unta crema, la otra sujeta los brazos del niño mientras éste da patadas con toda su ansia sobre la barriga de mamá, al tiempo que mueve compulsivamente los brazos para soltarse, todo ello sin dejar de berrear al más puro estilo Plácido Domingo. Además, si puede, intenta rodar, normalmente hacia el lado en el que no tiene nada y más fácilmente se puede caer. Sí, queridos lectores, mi corazón roza el infarto cada día.

Superada la prueba, repeinado y con su pijamita colocado, con la barriga de su madre usada cual saco de boxeo, procedemos a la cena. Hemos tenido un día agitado, y como no queríamos darle biberón por si la leche le provoca ardores…etc., íbamos mal de tiempo y no se nos ocurría nada, optamos por aquéllo de “bueno, le calentamos un potito de verduritas y pollo, que seguro que le gusta”. Sí. Le gusta. Al gato le encanta. Al perro también. Petit probó un cuarto de cucharilla (pequeña). Nos miró con cara de asco y dijo “no, no”. Con la voz, con su cabecita y con sus manos. Y sí, nos hizo gracia. Su papá, tenaz donde los haya, argumentó: “bueno, seguro que éste no le gustó porque era nuevo. Voy a calentar el de lentejas caseras que hace mucho le gustaba (fue de los pocos que comió)”. Bien. Microondas, plato, niño. No, no, no, como Amy Whinehouse pero con vocecilla aguda. Misma respuesta. Y entonces la risa ya no asomó a nuestros labios. Al final, biberón. De postre, galletas de chocolate. Vale, concreto: 100 ml. De biberón y una galleta.

Nos ha salido un hijo sibarita en la comida. Es exquisito desde que era pequeño. Si te ibas de casa, o te llevabas la comida casera, o sólo se comió, un par de veces (más no quiso), un potito de paella. No conseguimos que comiese nada más, ni de frutas ni de cualquier variedad que podais imaginar en el mercado. Mmmmm… éste nos sale crítico gastronómico.

Y ahora, tras hacer todo lo anterior en media hora, jugar otra media, desordenar su habitación y media sala, se durmió. Se despertó dos veces, le dormí otra vez. Medianoche en las estrellas y en mi reloj. Son preciosos cuando duermen. Ajenos al mundo, a las ojeras de sus padres y a nuestros desvelos porque estén bien. Voy a proceder a buscar mi pijama, porque con Petit nunca se sabe si el sueño dura 2 horas… o diez minutos. Buenas noches…

 

P/D Papás de la niña que ha mordido en la guardería: lo siento. (La pobre ya no lleva pañal). Sin comentarios sobre donde la ha mordido y lo que pudo pensar la pobre madre de la criatura.

15 enero, 2012
por María Xosé Gómez
0 comentarios

Me voy a comprar un estuche de pinturas

He estado reflexionando tras el último post escrito en este blog. Para mi reflexionar es pensar mientras Petit Prince duerme su siesta (en mi colo, ningún otro lugar es válido) o de noche, entre grito y grito. Y es que… no me parece mal que, aquéllos que lo deseen, regalen juguetes a mi hijo. Pero… he recordado cuando yo era pequeña. La gran ilusión que me hacía recibir mis regalos de Reyes, porque no iba a tener ningún juguete más hasta mi cumpleaños. Petit Prince tiene 17 meses. Y en su haber figuran coches de todo tipo, tamaño y color, camiones, tractores variados, mil peluches, juegos musicales, scalextric, cubos para montar estructuras, etc. etc. Pero.. y los cuentos? Y las pinturas? Aquellos enormes estuches por los que todavía hoy se me ilusionan los ojos…

Sólo una amiga mía ha regalado a Petit algo tradicional, unas maqueta de madera en forma de zapatos para que, dentro de unos añitos, aprenda a atárselos él sólo. Y siento añoranza. Añoro que Petit crezca como crecí yo. Con poco pero feliz. Porque lo mucho aburre, y le llevará a infravalorar todo lo que tiene. Hoy, sentada en silencio (Petit estaba en la otra esquina de la casa descubriendo que de su boca sale el aliento y que, plasmado sobre el cristal, puede dibujar en él), contemplaba su habitación: su camita con los peluches encima, su estantería de cuentos (comprados por papá y mamá), las cajas de juguetes, las cortinas de colores con animales dibujados, el armario lleno de ropa, fotos varias… ya quisiera para mí, de pequeña, una cuarta parte. Me da miedo no saber educarle como me educaron a mi. Esas lecciones de vida en las que aprendí que muy poco puede ser mucho. Esos momentos en los que, si te regalaban un libro, te estaban regalando la vida. Esos juguetes conservados en cajas y adorados desde la distancia para que no se estropeasen, porque eran demasiado bonitos.

Gracias, abuelos. Petit, tenemos mucho que aprender…

11 enero, 2012
por María Xosé Gómez
0 comentarios

Juguetes o niño, ésa es la cuestión…

Queridos Reyes Magos:

Me gustaría daros las gracias por los bonitos presentes que habéis traído a Petit Prince. Además, aprovecho para deciros que, ya que conmigo habéis sido tirando a racanillos, si no os importaría venir un momento de Oriente, coger los camellos, ir a Ikea y traer a mi casa unos cuantos muebles. Nada, cuatro cosas para poder meter los juguetes de mi hijo. Porque actualmente, en su habitación, si entran todos los juguetes, sale él. La decisión es harto complicada…

Os conté un día que en el primer año de vida de Petit Prince habíamos acumulado todo tipo de aparatos, cosas, instrumentos, objetos varios que, supuestamente, son necesarios en el día a día de un bebé. Bah..algo así como treinta o cuarenta (parque, andador, capazo, coche, calientabiberones, esterilizador de biberones, hamaca, manta de actividades, bañera, cambiador, robot para papillas, etc, etc.). A todo ello sumamos ahora tres mil cuatrocientos ochenta y dos peluches (no tanto, pero vamos camino de ello), unos mil coches (dentro de seis meses lo conseguimos), tractores, un quad al que hace caso 3 minutos y medio al día (y eso que sólo ha de ir sentado, tiene batería), un scalextric/primera autoescuela (sí, es muy pequeño), una mesa de actividades, un ordenador infantil (que se limita a encender, apagar y cambiar de lugar), una granja (éste nos sale veterinario…), cuentos varios, ropa, etc. etc. La cuestión es que el volumen aumenta. Y eso porque no habéis visto las cajas, paples, envoltorios y demás que se han ido de cabeza al contenedor. Algún vecino debió pensar que nos acabábamos de mudar…

Yo agradezco la buena intención de todo el mundo. La cuestión es que mi casa no es el Palacio de un jaque árabe. Por tanto, a la espera de ese famoso rastrillo de juguetes que todo el mundo me toma a broma, he optado por convertir media casa en una especie de tienda juguetes hippie, donde todo está por el suelo o donde cuadra (hecho que va contra todos mis principios de orden y limpieza), para que Petit corretee feliz y vaya repartiendo su atención treinta segundos en cada juego/pieza. Algún día conseguiré que los dos hombres de mi vida contribuyan a hacer de nuestro hogar uno de esos de revista, con todo en armonía y bien colocado, y el rayito de Sol colándose entre las cortinas… oh! (soñar es gratis, y la falta de sueño hace que sólo tenga pesadillas, así que permitidme este pequeño momento de felicidad).

De todas formas, ya veo los nubarrones en el horizonte. Porque este 2012 conllevará regalos de cumpleaños, Navidad…en fin, todo sea por una sonrisa de Petit y por su carita de expectación al abrir los paquetes. Hombre, estaría bien que le hiciese más gracia el contenido que el lazo del regalo o la caja… todo se andará!

Bendita ilusión.

7 enero, 2012
por María Xosé Gómez
0 comentarios

Del ranchito bonito al club para solteros…

Estoy perpleja. Alguien que tenga la mente más lúcida que yo me puede explicar por qué, cada vez que le pongo a Petit Prince un video en Youtube de dibujos animados, las canciones de sus antes adorados Cantajuegos (ahora algo menos, que se hace mayor), canciones infantiles de mi época (que le encantan a todos los bebés de ahora…), etc. tengo que aguantar cinco, diez o quince segundos de anuncios sobre temáticas tan relacionadas con el mundo del niño como un club de ligues para solteros (en masculino), fragancias de marcas carísimas o seguros de coches? Vamos a ver, señores publicistas. Yo, como madre, le pongo a mi hijo vídeos para que se estimule, aprenda cosas, valore la música, juguemos con las manos…etc. Si eligo un video, el video tarda, me plantan un anuncio por narices durante diez segundos en los que el niño invariablemente se va a poner a berrear…  ustedes, almas cándidas, cuál creen que será mi reacción hacia el producto que anuncian? Pues esooooo!!!

Así que hágannos un favor a todos los padres de familia de este país, inserten sus anuncios sobre esos lugares perfectos para encontrar a su alma gemela o sobre los perfumes sexys en vídeos de películas, trailers, entrevistas… donde les salga de sus mentecillas, como diría Flanders. Pero déjennos al Ranchito Bonito, al Aserrín Aserrán, al Chupetito de los Lunnis o al Hipopótamo bailando con el perro como están.

Y les pagarán por  hacer bien su trabajo. Ea!

 

P/D Los de Cantajuegos se han forrado con los papás ingenuos. Cada DVD vale sobre 15 euros. No sé a las demás criaturitas. El mío, a los dos meses de oirlo a diario media hora, se cansa. Ellos, pueden poner a sus petos botones de oro…