Cryptosporidium. Para los que penseis que juro en arameo, divago en latín o blasfemo en hebreo, pues no. Ése es el nombre de la rastrera bacteria que nos ha amargado la vida en los últimos días. Es un bichito que, supuestamente, infecta sobre todo a niños que ingieren agua contaminada. Petit Prince bebe, desde que tiene uso de razón, agua embotellada. No tengo por costumbre rebozarle en charcos varios ni sumergirle en pozos diversos. Aún así, mi pequeñín decidió dar cobijo al bueno del animalito microscópico.
Es decir, que ha estado con diarrea continuada, maloliente (fétida más bien), ácida y abundante durante cuatro días. Sumémosle la fiebre de rigor, vómitos y dieta blanda. Si hace un post os contaba que sus posaderas parecían un volcán…hoy os digo que cambiar pañales a una media de seis por hora en algún momento del día deja consecuencias poco agradables para Petit, que se sentó con dificultades en ciertos instantes. Además, gracias a la generosidad parasital del niño de mis entretelas, hemos vuelto a conocer a una joven doctora que aún debe curtirse. Siempre nos tocan. Esta vez me fui del hospital con ganas de contarle que un niño no suele beber suero por decreto; es más, lo escupe de vicio..cada vez más lejos. Zas! Y que los padres vivimos angustiados, vemos a nuestro pequeño pálido, diarreico perdido, llorando de dolor, sin fuerzas y no sabemos cómo ayudarle ni cómo pararlo. Si nos informan o nos dan alternativas lo agradeceremos.
A mi, tras todas estas horas de incertidumbre, miedo, preocupación y odio al termómetro, me gustaría saber en qué estado está el sistema nervioso del resto de las madres de este planeta. Porque, mamás del mundo, sumen a la enfermedad de mi hijo mi hipocondría crónica. Creo que necesito un profesional que me haga entender que 37º de fiebre no es una tragedia de dimensiones mundiales que provocará un gran cataclismo.
Parece que Petit ha ganado la batalla a las líquidas deposiciones, ha ganado el duelo con la fiebre, sus partes nobles van perdiendo el tono morado para volver a su blanca palidez y poquito a poco volverá a comer algo que no sea cocido sólo en agua o un insípido yogourth natural. Yo, entretanto, voy a ir contratando a un buen detective privado (gratuito) que investigue en qué fatídico lugar mi inquieto retoño invitó a la cryptosporidium a instalarse en su intestino. Sin mi permiso!!!! Estes mes, sin paga.















