“Será hermoso el día en el que Irlanda vuelva a la Rúa Nova”

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Turlough O’Donnell, y los miembros de la sociedad que preside, The Irish Camino Society, visitan durante dos horas muy emotivas el antiguo Colegio de los Irlandeses de Santiago

 

irlandeses con su barca en compostela en junio de 2016Han sido varios días dedicados en cuerpo y alma a redescubrir Santiago de Compostela, a unir dos extremos europeos de la gran vertiente atlántica, poblada por una cultura común. Los irlandeses de la Irish Camino Society han vivido intensamente la ciudad (además con buen tiempo) y han cumplido con la historia. Encabezados por su presidente, el gran Turlough O’Donnell, entusiasta como pocos, gran conocedor de este vínculo entre lo irlandés y lo gallego que arranca desde la Edad Media, no han dejado de visitar aquellos lugares compostelanos que les tocan de cerca el corazón. Especialmente el antiguo Colegio de los Irlandeses, en la Rúa Nova. Y, por supuesto, no ha faltado la fiesta, el baile, la música, producida por ellos mismos. Porque un irlandés es siempre un poeta, un navegante y un músico, todo al mismo tiempo. El pasado domingo 26 de junio los remeros irlandeses llegaban a bordo de una barca que recorrió también las calles de Santiago de Compostela, y se quedó a la puerta de la catedral. Era la tercera parte de un viaje marítimo que arranca, como manda la tradición, de St James Gate, desde hace mucho tiempo la puerta que da entrada a la fábrica de cervezas Guinness, en la margen derecha del río Liffey. Las aguas del río inmortalizado por Joyce han servido en el pasado para transportar las partidas de cerveza negra que se enviaban al extranjero, pero también para ver a los peregrinos partir desde el siglo XIII. En 1210 el arzobispo Henry de Loundres asignó varias tierras al lado del Liffey para se construyera un edificio para los peregrinos, especialmente para evitar que sufrieran las inclemencias del tiempo mientras esperaban por el barco que les traería hasta Santiago. Sin embargo, como puede leerse en un pequeño pero delicioso libro que la Irish Camino Society acaba de publicar con el apoyo del Centro de estudios irlandeses de Lovaina, titulado Irish Pilgrims on the Camino de Santiago: 800 Years, aunque no se construyeron instalaciones específicas para peregrinos, salvo en Dublin y Drogheda, ambas dedicadas a Santiago, lo cierto es que los peregrinos jacobeos partían de muchas localidades irlandesas ya en la antigüedad, como Wexford, Waterford, Galway, Cork, Kinsale, o Dingle. Las peregrinaciones marítimas no siempre tuvieron la misma relevancia, ya fuera por cuestiones religiosas o políticas: en el siglo XVIII la costumbre del viaje casi desapareció. Pero en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado se activó de nuevo el peregrinaje, y varios anuncios se publicaron al respecto en los periódicos irlandeses. Una conocida compañía, llamada Pilgrimways, se ofrecía a organizar de nuevo las largas travesías, incluyendo tren, autobús, o avión. El gusto por retomar las viejas tradiciones de la pregrinación marítima volvió después. Y así, un grupo de remeros reeditó para esta asociación el viejo modo de acercarse a Europa, luchando contra las dificultades del océano. En tres partes, desde 2014 hasta este verano de 2016, cuatro marineros escogidos entre músicos y artistas han cubierto la distancia, con una parada inevitable en el Museo marítimo de Pasaia de San Pedro, donde se reconstruye la Nao San Juan, un ballenero que naufragó en Canadá en 1565, en cuya reconstrucción participa Irlanda. A lomos de una barca semejante a un curragh irlandés, la Naomhóig na Tinte, Domhnall Mac Sithigh (el poeta Danny Sheehy), el artista Liam Holden (en la primera parte, Breandán Ó Muircheartaigh, que también se unió ahora al grupo en Santiago), el músico Breandán ó Beaglaoích y el actor Glen Hansard, llegaron hasta Compostela. Si el domingo habían bailado jigas y todo tipo de música irlandesa en el claustro del Hostal dos Reis Católicos, tras la llegada del barco, y escuchado la música de César, el asturiano irrepetible de Navelgas que les acompañaba, la visita del pasado martes al Colegio de los Irlandeses de Compostela, en la Rúa Nova, supuso un momento de emoción sin límites. También lo fue para la institución que el que esto escribe representa en la visita, el Instituto de Estudios Irlandeses Amergin, de la UDC, al que la Irish Camino Society quiere mostrar su agradecimiento por el trabajo que realiza desde hace años en torno a la relación entre las culturas de Irlanda y Galicia. Hablo durante la vista con Michael Flynn, director del Leuven Institute for Ireland in Europe, que muestra su admiración por el trozo de Irlanda que habitó el co- “Será hermoso el día en el que Irlanda vuelva a la Rúa Nova” Turlough O’Donnell, y los miembros de la sociedad que preside, The Irish Camino Society, visitan durante dos horas muy emotivas el antiguo Colegio de los Irlandeses de Santiago texto Jose Miguel A. Giráldez razón de esta ciudad. Hablo también con Dónal Ó Céilleachair, de Anú Pictures, director de cine que ha homenajeado en alguno de sus documentales a los hablantes gaé- licos de West Cork, en la Gaeltacht, y que contempla con detalle y con emoción lo que queda de este Pazo, abandonado ahora hace más de una década. La vista al Colegio de los Irlandeses incluye sorpresas por todos lados: camas con todas sus ropas, fotografías en las paredes y sobre las cómodas, baños, despachos, muchos objetos que parecen detenidos en el tiempo. Y sus espléndidas galerías, delanteras y traseras. Hay algo mágico que flota en el impresionante vuelo de las escaleras de piedra, realmente magníficas, de este edificio singular que, a buen seguro, merecería un destino mejor. Se edificó sobre lo fue hasta 1770 el segundo colegio irlandés de España. En ese año, la expulsión de los jesuitas decretada por Carlos III termina con la institución que, sin embargo, sigue muy viva en la memoria de muchos irlandeses. Como en todos los miembros de la Irish Camino Society que acaban de visitarnos. Su presidente actual, Turlough O’Donnell, entusiasmado con lo que ve, deja claro que espera que el Colegio de los Irlandeses vuelva a funcionar pronto como una embajada de Irlanda en Galicia. “No podemos olvidar lo que fue todo esto, lo que el final del Camino supone para la idea de una Europa que ahora parece estar en crisis. Sueño con el día en que todo esto vuelva a tener aire irlandés”, me dice, mientras observamos la extraordinaria estatua de San Patricio, en su hornacina, al lado mismo de un patio ajardinado que un día se llamó Patio de la Naranjos. No quedan naranjos ya aquí, pero sí el poso de muchos siglos de memoria. “El edificio es magnífico”, reconoce O’Donnell. “Hemos tenido suerte al poder visitarlo, comprobar su grandeza, aunque lleve tiempo sin habitar. Quiero dar las gracias porque se nos ha permitido verlo, y también al Dean de la Catedral de Santiago, Segundo Pérez, que ha hecho tanto por nosotros. Y no quiero olvidarme del cónsul en Ferrol, Tomás Antón Díaz del Río”, concluye. La sensación de que pisamos un viejo trozo de tierra irlandesa en Compostela no se disipa ni cuando la vieja puerta verde se cierra detrás de nosotros. Un día, quizás, Irlanda regresará a la Rúa Nova. Y entonces, será para quedarse. cuestiones religiosas o políticas: en el siglo XVIII la costumbre del viaje casi desapareció. Pero en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado se activó de nuevo el peregrinaje, y varios anuncios se publicaron al respecto en los periódicos irlandeses. Una conocida compañía, llamada Pilgrimways, se ofrecía a organizar de nuevo las largas travesías, incluyendo tren, autobús, o avión. El gusto por retomar las viejas tradiciones de la pregrinación marítima volvió después. Y así, un grupo de remeros reeditó para esta asociación el viejo modo de acercarse a Europa, luchando contra las dificultades del océano. En tres partes, desde 2014 hasta este verano de 2016, cuatro marineros escogidos entre músicos y artistas han cubierto la distancia, con una parada inevitable en el Museo marítimo de Pasaia de San Pedro, donde se reconstruye la Nao San Juan, un ballenero que naufragó en Canadá en 1565, en cuya reconstrucción participa Irlanda. A lomos de una barca semejante a un curragh irlandés, la Naomhóig na Tinte, Domhnall Mac Sithigh (el poeta Danny Sheehy), el artista Liam Holden (en la primera parte, Breandán Ó Muircheartaigh, que también se unió ahora al grupo en Santiago), el músico Breandán ó Beaglaoích y el actor Glen Hansard, llegaron hasta Compostela. Si el domingo habían bailado jigas y todo tipo de música irlandesa en el claustro del Hostal dos Reis Católicos, tras la llegada del barco, y escuchado la música de César, el asturiano irrepetible de Navelgas que les acompañaba, la visita del pasado martes al Colegio de los Irlandeses de Compostela, en la Rúa Nova, supuso un momento de emoción sin límites. También lo fue para la institución que el que esto escribe representa en la vista, el Instituto de Estudios Irlandeses Amergin, de la Universidade da Coruña, al que la Irish Camino Society quiere mostrar su agradecimiento por el trabajo que realiza desde hace años en torno a la relación entre las culturas de Irlanda y Galicia. Hablo durante la vista con Michael Flynn, director del Leuven Institute for Ireland in Europe, que muestra su admiración por el trozo de Irlanda que habitó el corazón de esta ciudad. Hablo también con Dónal Ó Céilleachair, de Anú Pictures, director de cine que ha homenajeado en alguno de sus documentales a los hablantes gaélicos de West Cork, en la Gaeltacht, y que contempla con detalle y con emoción lo que queda de este Pazo, abandonado ahora hace más de una década. La vista al Colegio de los Irlandeses incluye sorpresas por todos lados: camas con todas sus ropas, fotografías en las paredes y sobre las cómodas, baños, despachos, muchos objetos que parecen detenidos en el tiempo. Y sus espléndidas galerías, delanteras y traseras. Hay algo mágico que flota en el impresionante vuelo de las escaleras de piedra, realmente magníficas, de este edificio singular que, a buen seguro, merecería un destino mejor. Se edificó sobre lo fue hasta 1770 el segundo colegio irlandés de España. En ese año, la expulsión de los jesuitas decretada por Carlos III termina con la institución que, sin embargo, sigue muy viva en la memoria de muchos irlandeses. Como en todos los miembros de la Irish Camino Society que acaban de visitarnos. Su presidente actual, Turlough O’Donnell, entusiasmado con lo que ve, deja claro que espera que el Colegio de los Irlandeses vuelva a funcionar pronto como una embajada de Irlanda en Galicia. “No podemos olvidar lo que fue todo esto, lo que el final del Camino supone para la idea de una Europa que ahora parece estar en crisis. Sueño con el día en que todo esto vuelva a tener aire irlandés”, me dice, mientras observamos la extraordinaria estatua de San Patricio, en su hornacina, al lado mismo de un patio ajardinado que un día se llamó Patio de la Naranjos. No quedan naranjos ya aquí, pero sí el poso de muchos siglos de memoria. “El edificio es magnífico”, reconoce O’Donnell. “Hemos tenido suerte al poder visitarlo, comprobar su grandeza, aunque lleve tiempo sin habitar. Quiero dar las gracias porque se nos ha permitido verlo, y también al Dean de la Catedral de Santiago, Segundo Pérez, que ha hecho tanto por nosotros. Y no quiero olvidarme del cónsul en Ferrol, Tomás Antón Díaz del Río”, concluye. La sensación de que pisamos un viejo trozo de tierra irlandesa en Compostela no se disipa ni cuando la vieja puerta verde se cierra detrás de nosotros. Un día, quizás, Irlanda regresará a la Rúa Nova. Y entonces, será para quedarse.

Author: Miguel Giráldez

José Miguel Giráldez es profesor de universidad, y ha dedicado gran parte de su carrera profesional a la literatura y a la escritura creativa, tanto en el ámbito de la investigación y la docencia como en el terreno de la divulgación. Periodista desde los años 80, fundamentalmente en el ámbito de la crítica de los mass media y la crítica literaria. Además del columnismo, ha cultivado con asiduidad la entrevista, tanto en la radio como en la prensa escrita. La mayoría de los escritores españoles de los últimos veinte años han contestado en alguna ocasión a sus preguntas. En el terreno universitario, su campo de trabajo ha sido, habitualmente, la literatura contemporánea, de una manera especial la literatura inglesa e irlandesa de los siglos XX y XXI, pero también la española, o la australiana. La literatura comparada, el estudio del mito y la traducción figuran entre sus intereses. Ha participado en seminarios de investigación y como conferenciante tanto en España como en el extranjero.

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