La resistencia al cambio. Carmen Ariza En el trabajo, En la calle, En la consulta, En mi

La resistencia al cambio


Una de las cosas más difíciles con las que nos encontramos en la vida es la de realizar cambios. Si no fuera así no nos escucharíamos y escucharíamos decir a otros lo que deberíamos hacer y no hacemos, lo que tendríamos que proponernos para hacer cualquier día de estos y vamos aplazando, o lo que nos cuesta llevar a cabo una tarea una vez que hemos decidido hacerla.

Nos sentimos mal, incómodos o a disgusto pero preferimos seguir como estamos, quejándonos y esperando que las cosas cambien alguna vez sin que nosotros hagamos nada para que eso pase. Lo cierto es que necesitamos pararnos a reflexionar un momento para ser conscientes de la capacidad que tenemos para cambiar las cosas. Es cierto que si quiero medir 10 centímetros más por muchos cambios que haga en mi vida no voy a conseguir ganar altura, lo que sí puedo cambiar es mi actitud al respecto y tratar de aceptarme como soy en vez de amargarme la vida.

Claro está que hay circunstancias o aspectos de la vida en las que llevar a cabo cambios, sobre todo cuando estos son muy radicales o implican a otros, puede ser complicado. Cuando le digo a una de las personas con las que trabajo para que haga cambios en su vida que está en su mano hacerlo, lógicamente cuando lo está, la respuesta habitual suele ser del tipo: eso es muy difícil o eso me va a costar mucho. No es que sea mala respuesta pues indica, al menos, una predisposición a hacerlo aunque se vislumbra la dificultad. Es mucho más costoso cuando la persona da otra respuesta también habitual: no voy a poder.

No voy a poder o no me siento capaz, habitualmente, significa que ante la dificultad o los obstáculos, en vez de buscar la manera de saltarlos, rodearlos o hacerlos desaparecer, decido no intentarlo y seguir lamentándome por mi suerte en vez de buscar la manera de dejar atrás eso que tanto me molesta. La resistencia al cambio es muy frecuente. El miedo a lo desconocido, a la incertidumbre o a equivocarse paraliza.

Lo cierto es que hacer cambios cuesta porque supone salir de la rutina, de lo conocido, de lo seguro. Hacer cambios supone un esfuerzo o varios porque cambiar me obliga a ser consciente de la situación que tengo ahora, a valorar alternativas, a sopesar las consecuencias y, lo que es más complicado para la mayoría de las personas, a hacerme responsable de mi propia vida en vez de dejar que sean los otros, o el azar o las circunstancias las que determinen que es lo que puedo o no puedo hacer.

Foto: Jamie r. mink Unsplash.com

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