En la calle, En mi

La realidad y las realidades


Foto: C. Ariza

Cada vez que hablamos, que contamos un acontecimiento propio o ajeno, tenemos la tendencia a hacer afirmaciones categóricas sobre la verdad de las cosas. Lo que contamos pasó tal como lo contamos y lo que sucedió es la realidad y no otra. Consideramos que nuestra versión es la cierta y que las versiones de los otros o son interesadas o están sesgadas por alguna razón.

Lo cierto es que lo que hacemos habitualmente es dar la propia versión que tenemos sobre los hechos, hablar de lo que para nosotros es la realidad, aunque no coincida con la realidad de los otros.

Nuestra versión de los hechos, nuestra realidad, depende de cómo percibimos las cosas y esa percepción tiene mucho que ver con la atención que les prestamos. Prestamos atención a cosas que se relacionan con nuestros intereses, que producen algún tipo de sobresalto en nuestra rutina o que consideramos lo suficientemente llamativas para que nuestros sentidos se focalicen en ellas. Eso quiere decir que cuando prestamos atención a determinados aspectos de un hecho, no lo hacemos respecto a otros aspectos del mismo, ya que no es posible orientar la atención hacia todo lo que sucede.

Nos extraña cuando dos o más personas cuentan algo que ha sucedido con discrepancias, a veces, llamativas. Sus versiones no coinciden y tendemos a pensar que alguno de ellos miente. Al margen de que la intencionalidad de engañar pueda estar presente en algunos casos, lo que sucede es que la atención y, por lo tanto la percepción, es selectiva. Sólo nos fijamos en algunos aspectos de la realidad, no en todos. Si a eso le añadimos que cuando percibimos hacemos una interpretación de lo experimentado, no es de extrañar que las distintas versiones no coincidan.

Así pues, cuándo defendemos que las cosas son de una determinada manera, lo afirmamos en función de cómo las hemos percibido ¿Quiere esto decir que realmente no vemos las cosas como son? Pues depende de cómo lo planteemos. No vamos a discutir si un sillón es un sillón o si un árbol es un árbol, pero sí si el sillón es grande o pequeño, o bonito o feo, o si el árbol está plantado en buen lugar o era más necesario unos metros más allá para que diera sombra.

También podemos afirmar que no hay árbol porque al pasar nos hemos fijado en un perro que corría tras un gato y no hemos visto el árbol, de la misma manera que una persona, que si ha visto el árbol, puede discutir con otra sobre si tenía algún fruto en sus ramas o no lo tenía, algo que le ha pasado totalmente desapercibido.

Podemos decir que hay hechos, acontecimientos o sucesos pero que la interpretación que cada uno de nosotros da sobre ellos conforma nuestra realidad y que la nuestra no es mejor ni peor que la de los otros, sólo es diferente.

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