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El viaje de ida del Cirque du Soleil


Fuente Imagen: http://www.weekendnotes.com/im/005/08/totem31.jpg

“Odié cada minuto de entrenamiento, pero no paraba de repetirme: ‘No renuncies, sufre ahora y vive el resto de tu vida como un campeón”.

Mohammad Ali

Más de 150 millones de espectadores,  900 millones de dólares de ingresos anuales, 4.000 empleados,  1.300 artistas de múltiples disciplinas,  18 espectáculos simultáneos diseminados por todo el globo. Estas son las cifras mareantes del Circo del Sol (Montreal, Canadá).

Desde su fundación en 1984, este leviatán de las artes escénicas ha ido medrando de manera progresiva hasta mudar en lo que es hoy: el circo más famoso del mundo.

Su creador, y padre espiritual, es Guy Laliberté, un excéntrico acordeonista y tragafuegos canadiense que un día, cansado ya de empresas menores, decidió reunir a un grupo de artistas callejeros para emprender juntos un apasionante viaje hacia el cielo del sector del espectáculo.

Juntos han conseguido cambiar las reglas del juego y muchos consideran hoy a Guy Laliberté como el creador del circo moderno.

Pero en este ascenso a los cielos no todo ha sido glamour y fasto.  En los 80, cuando el Cirque du Soleil no era más que un esbozo de lo que hoy es,  Guy Laliberté fue invitado a actuar con su circo en el prestigioso Los Angeles Arts Festival. La buena nueva, sin embargo, traía consigo dos peliagudas condiciones: el festival nunca pagaba por adelantado y el montante final dependía de la popularidad de la actuación.

Tras el jolgorio inicial, Laliberté cayó en la cuenta que las todavía modestas arcas del Cirque du Soleil solo le permitirían cubrir los gastos del viaje de ida. Si, una vez allí, la actuación fracasaba, los escasos ingresos derivados de la actuación no serían suficientes para traer a su tropa de vuelta a casa.

En una decisión que marcaría para siempre la historia del circo,  Guy Laliberté decidió vaciar la caja y comprar un billete de ida a Los Angeles.  “Lo aposté todo a aquella noche”- recuerda Laliberté, “si hubiésemos fracasado, no habríamos tenido dinero ni tan siquiera para pagarnos la gasolina necesaria para volver a casa”.

Ni que decir tiene, el espectáculo fue un éxito rotundo. Para Laliberté y su cuadrilla supuso además el espaldarazo definitivo hacia glorias futuras.

Si bien, a primera vista, la anécdota del Circo del Sol refuerza mantras como: “Persigue tus sueños”, “Sigue a tu corazón”, “Arriésgate”, la narración encubre una cláusula decisiva. A ese casino del destino, Laliberté acudió con una escalera real de color bajo su manga.

Un sueño, talento a raudales y sobre todo, muchas horas de trabajo convirtieron a ese grupo de jóvenes en un preciso reloj suizo listo para dar el salto al vacío.

“Persigue tus sueños”, “Sigue a tu corazón”, “Arriésgate”, pero como Guy Laliberté en aquel día de los 80, antes de lanzarte a caminar por la cuerda floja asevérate que cuentas al menos con una red de seguridad.

“El talento es natural pero la habilidad es producto de horas y horas de práctica”

Arnold Schwarzenegger


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