En el trabajo

Esto en la empresa privada no pasa…


¿Cuántas veces hemos escuchado esa frase? Una creencia establecida es la que se refiere a que en las administraciones públicas los trabajadores no son tales, sino que van a pasar el rato a la oficina y que los que trabajan en las empresas privadas no tienen más remedio que hacerlo porque las consecuencias que pueden derivarse del mucho relajo van a ser tan negativas que, bajo la amenaza de todos los males, no osan salirse de las líneas previamente establecidas.

Lo cierto es que es, como muchas otras, una creencia falsa. En ambos sitios hay de todo. Funcionarios que trabajan como si la existencia del mundo dependiera de ello y funcionarios que se limitan a hacer acto de presencia las horas correspondientes. Exactamente lo mismo que en las empresas privadas. ¿O es que nadie conoce casos sangrantes de personas absolutamente incompetentes que están cargándose la empresa con su poco o su mal hacer sin que nadie ponga freno?

Creo que si hacemos memoria podremos encontrar casos cercanos y dificultad para entender cómo ciertas personas han podido pasar su vida laboral haciendo como que hacen y provocando, incluso, la salida de la empresa de personas, mucho más competentes, desesperadas porque lo que les toca aguantar todos los días.

Tengo un caso reciente de una persona que tras haber trabajado un par de décadas en una empresa consiguiendo que su nombre fuera sinónimo de fiabilidad y de buen hacer, por circunstancias derivadas de la persistente crisis, tras el ERE correspondiente y la personal travesía del desierto que eso supuso, encontró, algún tiempo después, un trabajo en el mismo sector. Naturalmente, aprovechó ese buen nombre para retomar contactos y llevarlos como clientes  a la nueva empresa.

Un año después, la situación es insoportable. La ignorancia y prepotencia de su jefe (mala combinación), la incompetencia de la jefa de administración y la dejadez de los demás, excepto la de una persona saturada de trabajo y al borde del colapso, está provocando un mal servicio, un incumplimiento con los clientes de lo que se ha pactado previamente y una incapacidad para solucionar los problemas que prevé va a terminar deteriorando la relación con sus clientes e influyendo negativamente en el buen nombre que ha ido construyendo durante tantos años. Y no es un caso aislado.

En las empresas privadas, igual que en las públicas, hay personas competentes e incompetentes. La diferencia es que en el primer caso tal incompetencia puede terminar con la propia empresa porque la acumulación de problemas mal resueltos o, directamente, sin resolver, puede provocar el abandono de los clientes y el consiguiente cierre, y en la segunda, lo que habrá es un mal servicio al usuario o, para que esto no suceda, una sobrecarga de trabajo de algunos que minimice el impacto de la incompetencia de otros.


Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *