Pasión por el presentismo. Confluir Psicología y Coachimg En el trabajo

Pasión por el presentismo


Parece que a pesar de la demostración palpable de que permanecer muchas horas en el mismo lugar no conlleva un aumento del rendimiento, en muchas empresas se sigue valorando el estar más que el ser. El hacer muchas horas se convierte así en un mérito y en ejemplo para los compañeros que no están a favor de simular productividad cuando no la hay.

Así, el presentismo físico se convierte en un absentismo intelectual o emocional. Sí, estoy en mi puesto de trabajo, sí hago las horas que me corresponden e incluso unas cuantas más y sí, quedo bien con mi jefe que no tiene ninguna gana de irse a su casa y que, por lo visto, aprecia la compañía. Eso sí, estoy pensando en mis cosas, navegando por internet o subiéndome por las paredes, sin que se me note, pensando en la desgracia que tengo por estar perdiendo el tiempo cuando podría estar haciendo cosas más interesantes. Eso sí, también agradecido por tener trabajo, por eso no me levanto y me voy.

Por circunstancias del oficio, me ha tocado estos últimos días hablar de motivación laboral en varios foros y aunque encontrar la fórmula mágica que logre que las personas se motiven es algo que después de tantos años doy por imposible, sí que cada vez que me hacen un encargo de este tipo me pongo a reflexionar sobre el tema de la motivación que, como a todo los humanos, también me afecta personalmente.

Si bien parece que hay cierto acuerdo en que nos motivamos solos y que el papel de líderes, jefes o gestores es más el de crear las condiciones adecuadas para que no se produzca la desmotivación, cuando hablamos de horas, de presencias y de ausencias del puesto de trabajo hay algo que parece que se nos resiste. Obviamente, los autónomos y autónomas sí nos motivamos solos, nos creamos las condiciones adecuadas y ejercemos nuestro propio control/descontrol de presencia. Hablo, pues, de los asalariados.

Una modalidad de presentismo que siempre me ha fascinado es la de aquellos que siempre con el ceño fruncido, quejándose o buscando aire que alivie el sofoco, pasean con algún papel de la mano, con el teléfono pegado a la oreja o haciendo muchos aspavientos, pareciendo los más ocupados de la empresa y de los que nadie sabría decir exactamente a que dedican el tiempo  o cuál es su nivel de rendimiento real.

Los hay que no se mueven de su puesto, siempre rodeados de papeles y carpetas que nunca disminuyen, con la cabeza metida en una pantalla, que ni en los momentos más críticos perdonan un minuto de la hora de salida para echar una mano a los que no aparentan estar ocupados sino que lo están de verdad o a terminar algo que, justo ese día, corre mucha prisa.

La peor modalidad de presentismo, porque realmente sí que es fruto de la desmotivación, de la percepción de injusticia y de la ceguera de sus jefes, es la de los que siempre trabajaron bien, se comprometieron y se implicaron y observan día tras día como los paseantes o los hiperpuntuales o los representantes de cualquier modalidad de no rascarla, son tratados con condescendencia, sin que su comportamiento tenga ningún tipo de repercusión, porque tampoco la tiene el trabajo bien hecho, ni el esfuerzo, ni los buenos resultados. Ese tipo de presentismo, el que proviene de la falta de reconocimiento, de refuerzo y del respeto por el buen hacer y de la desmotivación es perfectamente evitable.


Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *