En el trabajo

Los eufemismos en la jerga empresarial


Fuente foto: www.empresariados.com

Podemos considerar un eufemismo como una palabra bonita, o por lo menos vistosa, que a menudo trata de dar brillo a un concepto, una situación o una actividad que sin esa palabra nos parecería más áspera o poco atractiva.

En los últimos años, hemos visto sustituir muchas palabras duras al oído social por otras más suaves y deseables socialmente. Hace pocas semanas, la noticia de un político calificando como chacha a una empleada del hogar ha copado muchos minutos en los medios. Desde hace años los porteros son empleados de finca urbana y los empleados de la limpieza han enterrado a los antiguos basureros.

La jerga que se utiliza en el mundo de las organizaciones laborales, en las empresas, vaya, no ha escapado al refinamiento lingüístico. Ya no hay subordinados sino colaboradores, los jefes son directivos o líderes, el cerrar fábricas y llevarlas a países dónde producir es más barato se llama deslocalizar y cuando se despide a una persona resulta que lo que se hace es desvincularla de la empresa. Antes, se seleccionaba a los empleados porque valían para el puesto y ahora porque acreditan las competencias necesarias para ocupar una posición.

Lo cierto es que, a pesar de tanto lavado de cara y de los innegables cambios producidos en el ámbito laboral, las palabras bonitas significan poco si no van acompañadas de cambios reales. En una situación como la actual, con tantas personas desvinculadas de sus empresas a pesar de haber demostrado sobradamente competencias, en un mercado en el que el trabajador cada vez vale menos porque cada vez se paga menos por su trabajo, en el que se le exigen esfuerzos y compromisos a cambio de inestabilidad en el empleo y en el que se le paga según convenio pero trabaja más horas de las estipuladas en él, los eufemismos son un pobre consuelo cuando, víctimas de tanta reforma laboral y de tantas oscilaciones de la economía mundial, tantos se sienten, trabajen o no, como unos pringados.

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6 comentarios on Los eufemismos en la jerga empresarial

  1. Victoria

    Soy Licenciada en Psicología, en consecuencia, soy profesional y trabajo en relación de dependencia. No soy “empleada” como dice tu post, soy una profesional que trabaja en una organización. Es más, he trabajado en RRHH y estoy bien al tanto de lo perverso, cínico y manipulador que resultan el mercado laboral y las instituciones. Es cierto que “colaboradores” es un eufemismo, pero la palabra “empleados” que vos utilizás, es un insulto grotesco aún peor para quien tiene capacidad de pensamiento crítico. Cualquiera que me llame “empleada” se puede despedir de mis aportes y de mi colaboración. Alguien que me llama “colaboradora” pero me trata como “empleada”, también se puede olvidar de contar conmigo. Sin embargo, he trabajado con gente que entiende los conceptos de “equipo”, “interdisciplinariedad” y “horizontalidad”. Esa gente justifica sus elevados sueldos con un estilo de comunicación y de gestión coherente con los conceptos que manejan: “colaboradores”, “colegas”, “compañeros”, “equipo”. Saben fehacientemente que no son autores individuales del trabajo de la empresa. Entienden el concepto de “colectivo”. Esa clase de líderes auténticamente democráticos son escasos, pero son ejemplos de que se puede percibir un buen sueldo no por ser astuto, arrogante, privilegiado, sino por saber gestionar y por saber coordinar equipos de trabajo. Me parece que entre tu análisis y los eufemismos de la empresa, la única diferencia, es si usan vaselina o no. Vos lo preferís sin vaselina y decís “empleados”. Es poco respetuoso y poco inteligente llamarle “empleados” a las personas que trabajan en una organización. Ni los líderes que cuestionás, ni vos, lograrían un liderazgo eficaz. Estás cayendo en el mismo error que exponés: pretendés comprender la problemática laboral y sin embargo, acto seguido, llamás “empleados” a las personas que trabajan en una empresa. El lenguaje nunca es inocente. El lenguaje construye realidades.

    • Victoria, gracias por leernos y por tu aportación. Creo que en España la palabra “empleado” no tiene tantas connotaciones negativas como se desprenden de tu exposición. Aún es una palabra de uso común y aquí poca gente se ofendería y se sentiría insultada si se le calificara de esa manera, salvo, probablemente, en puestos de dirección. No obstante, la idea que trato de transmitir en el post, es que por mucho que se cambien las palabras, que no está mal, si no se cambia el concepto, el trato y la consideración, ese cambio se queda en una mera apariencia que no va mucho más allá. Lamentablemente, como dices, aún son escasos los que acompañan los cambios de denominación de un cambio de comportamiento, algo que vemos todos los días en muchas organizaciones. Mientras ambas cosas no se produzcan simultáneamente aún queda mucho camino por recorrer. Saludos.

  2. Yo me quedo con la última palabra de tu artículo. “pringados” me has alegrado el día, después de tanta jerga laboral manida, finalizando todo con una palabra tan verídica como popular. En mi caso, soy autónoma sin colaboradores, sin equipo, sin presupuesto conocido, muchos gastos fijos, y sin jefe. Por muy chachi que suene, la única verdad es que sigo siendo una empleada de mí misma, la esclava que ve pasar las horas frente a un ordenador y a la que no se l puede ocurrir enfermarse ni pedir a la vida unas pequeñas vacaciones de cuando en vez. Qué bonitas son las palabras y qué fácil es verlas perder significado con solo repetirlas 5 veces seguidas. Enhorabuena por tu excelente reflexión sobre la hipocresía laboral, probablemente salido de un día en el que con unas frases así de elegantes y manidas, algún “colaborador” o jefe te destrozó el día.

    • Gracias por leernos, Susana.Lo cierto es que el artículo surge de la experiencia del día a día en mi trabajo en el ámbito de lo que (nuevamente, un cambio hacía lo bonito) hasta ahora se ha llamado Gestión de Recursos Humanos y, cada vez más, Gestión de Personas. Es un área de trabajo en el que continuamente vemos aparecer nuevas palabras, nuevos conceptos, nuevas formas de gestión que, en muchos casos, no dejan de ser más de lo mismo, con un envoltorio más vistoso y un gran lazo que invita a explorar su interior y que una vez abierto ni aporta ni sorprende. Pero eso sí, que bien suena…

  3. Cuanta razón tienes. Permíteme añadir que si el eufemismo es a menudo consuelo, en muchas ocasiones lleva una carga de maldad detrás que a veces da miedo. Se siembra ese tipo de lenguaje en beneficio de unos pocos, los cuales lo fomentan a su interés. Y es que los términos siempre suavizan, nunca se endurecen. Si seguimos así, la lengua va a terminar siendo un asco.

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