¿Seriamos capaces de hacer daño a un semejante simplemente porque alguien nos lo pide ?
¿Hasta dónde podríamos llegar en ese caso?
¿Por qué nosotros, los seres humanos, en contra de toda lógica y a pesar de nuestra conciencia personal, podemos llegar a cometer atrocidades ?
¿Nos hemos preguntado alguna vez hasta dónde llegaría cualquiera de nosotros?
Os cuento un experimento muy interesante llevado a cabo hace casi 50 años y como, a pesar de los resultados de tales investigaciones, no hemos avanzado mucho en buscar una solución a acontecimientos que están a la orden del día.
En 1963, el Psicólogo estadounidense Stanley Milgram se propuso medir la disposición de los seres humanos para obedecer órdenes de una autoridad, aún cuando éstas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal.
Los experimentos ya los había comenzado en Julio de 1961, tres meses después de que Adolf Eichmann fuera juzgado y condenado a muerte por crímenes contra la humanidad durante el regimen nazi en Alemania. Entonces Milgram se hizo la siguiente pregunta: ¿Podría ser que Eichmann y todos los responsables en el Holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes o deberíamos considerarlos cómplices ?.
Pues bien, a través de anuncios en periódicos locales seleccionó voluntarios a los que ocultó que iban a participar en un experimento de Obediencia a la Autoridad. Los participantes eran personas de entre 20 y 50 años de edad de todo tipo de educación y condición social.
La cuestión a observar era si los individuos corrientes (civiles normales ) se atreverían a administrar Descargas Eléctricas a un semejante, sin más presión que decirles que se trata de un experimento y que es útil para la ciencia.
Los resultados de la investigación constatan que el 65% de los participantes administrarían el voltaje límite a otro ser humano. Esto explicaría que los seres humanos son fácilmente manipulables, incluso aquellos que creen que no lo son, y que los sujetos tienden a tomar decisiones acordes con el grupo o la jerarquía.
Además de esto, la Teoría de la Cosificación, explicaría que nosotros mismos nos vemos en estos casos como instrumentos que realizan los deseos de otra persona y por tanto NO SERIAMOS RESPONSABLES de nuestros actos, fueran estos cuales fueran.
Éste es el fundamento, por ejemplo, del respeto militar a la autoridad, puesto que los soldados perciben que la responsabilidad de sus acciones recae en sus superiores jerárquicos, al mismo tiempo que estos también creen que recae en sus superiores y así sucesivamente, hasta llegar a …???.
Es un mecanismo de defensa psíquico derivar la responsabilidad, en prácticamente todos los ámbitos, sin embargo, no es útil a largo plazo, puesto que es como llenar el cubo de basura hasta que rebosa y la porquería chorrea por todos los lados. Vaya, eso dicen los científicos, pero no parece fácil ponerlo en práctica.







1 diciembre, 2011 at 9:21
La cosificación del sujeto es una consecuencia radical de su racionalidad. Tras la muerte de Dios viene la muerte del sujeto que deviene objeto. La racionalidad inunda la vida del ser humano y sus relaciones.
5 diciembre, 2011 at 17:23
Me parece muy interesante el artículo. El 65% alcanzado en dicho experimento es una cifra muy alta, pero cabría preguntarse qué cifra se habría alcanzado en un experimento similar realizado en el siglo XIX y aún antes, presumo que bastante más alta. Por otro lado, la cosificación de la persona parece una cosa terrible pero, en determinadas circunstancias, la “cosificación” de una parte es un asunto muy recomendable…