Tortoni, un refugio porteño
Cruzamos el charco y desde el majestuoso Nicola, recalamos en el Tortoni, el paradigma de la cafetería porteña. Es el local más antiguo de Buenos Aires, un título que estas paredes, dignas de cualquier museo, llevan con enorme orgullo
y estirpe. En una esquina privilegiada de Ribadavia y la Avenida de Mayo, el turista tiene en esta atalaya centenaria la ciudad entera a sus pies con una taza de café en sus labios.
La historia del local comienza en 1858, año en el que es fundado por un francés, De Touan, que lo bautizó con el mismo nombre que un célebre local de aquel París de mediados de siglo: el Boulevard des Italiens, donde se reunía la élite de la cultura parisina de mediados del XIX. Poco después el Tortoni ya era frecuentado por un grupo de pintores, escritores, periodistas y músicos, que formaban la agrupación de Gentes de Artes y Letras. Su propietario de entonces, Celestino Curutchet decía ‘‘Los artistas gastan poco pero le dan lustre y fama al café’’. Era el origen de la famosa peña del Tortoni. Entre sus enmaderadas paredes y junto a sus mesas de roble y mármol verde se sentaron enter muchos otros Alfonsina Storni, Benito Quinquela, Luigi Pirandello, Federico García Lorca, Jacinto Benavente o Arturo Rubinstein. Mención aparte merece el gran Carlos Gardel. El representante máximo del tango y el más famoso café de la ciudad son, sin duda, dos iconos de la ciudad que además coincidieron en el tiempo.
Pero será a partir de 1940 cuando el café Tortoni adquiere un sabor especial a la Galicia del exilio. Un núcleo de artistas e intelectuales integraban aquellos parladoiros progresistas en los que se reunían Luis Seoane, Antonio Baltar, Rafael Dieste o o Manuel Colmeiro.
El Tortoni fue declarado en 1901 sitio de interés cultural por el honorable concejo de la Ciudad de Buenos Aires. ¿Sus especialidades? La leche merengada, los cafés especiales, el chocolate con churros, la sidra y el champagne.
El café conserva la decoración de sus primeros años, la salida por la calle Rivadavia, tiene una biblioteca y al fondo mesas de billar y salones para jugar al dominó y a los dados. Los amantes de la música tienen su cita nocturna todos los sábados con la La Fénix Jazz Band. Que les aproveche la estancia. No es para menos.





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