Jueves, 17 de mayo de 2012

El San Ginés, del centro de Madrid a llega Tokio…

Desayunar churros es una tradición que se remonta a principios del siglo XIX. Se cuenta que fue en las ferias ambulantes dónde se dio a conocer este producto, que no tardó en conquistar por igual a todas las clases sociales y que desde entonces es compartido por igual tanto por los más pudientes como por los más modestos.

Viajemos de nuevo a Madrid. En las cercanías de la calle Arenal y durante la mítica Edad de Oro del Café y la tertulia de la capital de España, allá por 1890, en plena restauración borbónica, se fundaba el mítico San Ginés, aprovechando un local que antes ocupaba un mesón y una hospedería. Se convierte así en la churrería más antigua de Madrid y, sin duda, en una de las más castizas de España.

Su ubicación, próxima al Teatro Eslava, y su apertura hasta la madrugada le han proporcionado durante muchos años una numerosa clientela, que tomó por costumbre ir a degustar el chocolate con churros, después de cada función. Lejos de convertirse en un lugar propicio para la tertulia, el local sí se ha convertido en un clásico en pleno centro de Madrid que además no es ajeno a la historia literaria. El mago del esperpento y tan conocido para nosotros, Ramón María del Valle Inclán retrató con su personaje Max Estrella aquella vieja buñolería modernista que se refleja en Luces de Bohemia  y que permanece en una placa pétrea en el exterior del local.

Ha pasado el tiempo y el San Ginés se ha exportado a miles de kilómetros, concretamente a Tokio. De mano de un empresario japonés, Hideto Maeda, el chocolate con churros ha llegado a la capital japonesa, con el nombre del San Ginés, que por primera vez en su historia ha exportado su historia fuera de España.  La idea nació cuando Maeda, presidente de la cadena Tokyo  Restaurants, recaló en Madrid hace dos años y se quedó prendado del  sabor y la textura del chocolate con churros de San Ginés,  replicados a la perfección en Tokio. Pero el entorno de edificios con grandes pantallas, luces de neón y calles abarrotadas de la metrópoli japonesa poco o nada tiene que ver con el madrileño callejón de madrileño que conduce al San Ginés.  Dentro, dos máquinas chocolateras giran el espeso líquido sin  cesar mientras una decena de camareras con camisa blanca y gorra  negra ensayan cómo pronunciar en español “chocolate con churros” . ¿Originalidades? Por ejemplo, el San Ginés de Tokio ofrece grandes churros en forma de corazón, que  pueden tener tonos rosas, azules o amarillos, en función del azúcar y chocolate multicolor. A los paladares más refinados se ofrece una versión más ligera  del chocolate con varios sabores: chocolate de frambuesa, de fresa,  de melocotón e incluso con sabor a té.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Miércoles, 16 de mayo de 2012

Torrente te recibe en el Novelty

Volvemos a este lado del océano y a un lugar con nombre propio en nuestra España que no es otro que el Novelty de Salamanca. Imaginar este local  sin la Plaza Mayor de esta ciudad es imposible. En el lado norte,  junto al ayuntamiento barroco, los amantes de los cafés de siempre tienen una cita imprescindible en la ciudad de las dos catedrales. A través de sus cristales y más aún desde una terraza imponente que se derrama sobre este enlosado de lujo, desde este privilegiado rincón salmantino puede apreciarse el bullicio exterior de una plaza noble y popular que, como los vinos de calidad, gana con los años y cautiva al visitante.

No cabe duda que todos los cafés tienen a alguien que les vincula estrechamente es el caso del Novelty con Gonzalo Torrente Ballester. En memoria de las tertulias en las que participó el escritor, una escultura ocupa una de las mesas Café Novelty, realizada por Fernando Mayoral y reciéntemente viajó también a Alemania, concretamente al Instituto Cervantes de Bremen, 

Una muestra más de la magia de Salamanca. Una ciudad envidiable. Su historia y su arquitectectura tiene paralelismos con nuestra Compostela. Por ello, la impresión que producen sus calles, el color de sus piedras y el sabor de su historia, la de suspiedras, impacta en menor medidaal visitante que llega de Santiago. En medio de todo ello apareceel Novelty, que cumplió un siglo en  2005. A pesar de ello, el tiempo en este local no está detenido en la nostalgia, a diferencia, por ejemplo, del Comercial madrileño del siempre legendario Café Gijón. El Novelty sobrelleva con honor el título de cafetería más antigua de la ciudad con el lujo de no haber sucumbido traumáticamente al nuevo milenio. Al contrario de lo que le ocurrió al cercano Corrillo, sustituido por una moderna multinacional de hamburguesas, el entorno monumental de la Plaza Mayor ha determinado en buena manera que el Novelty pueda seguir siendo un testigo imperturbable de la historia de la ciudad, al abrigo de los modernos peligros de la piqueta urbanística.

En más de un siglo de vida ha tenido  diferentes actividades. Ha sido Restaurante de lujo, Café Cantante, Botillería, Salón de Billares y muchas más cosas. Aquí se fundó en 1936 Radio Nacional de España y La Unión Deportiva Salamanca y se han escrito infinidad de artículos, reseña y novelas en las que aparece el Café Novelty. Ahora es sin duda el Establecimiento más conocido de la ciudad. El Café Novelty sirvió banquetes a notables personajes históricos como, Alfonso XIII, y ha sido lugar de encuentro y cita de numerosos escritores, artistas, políticos y todo tipo de gentes que acuden a él movidos por su fama y hospitalidad.

 No obstante, no fue hasta finales de los años setenta, cuando el Novelty adquiría el aire modernistade Belle Époque, que ahora mismo le caracteriza, con unas reminiscencias que todavía pueden verse en sus mesas ya desgastadas y en los espejos que cuelgan de sus paredes. Y sería además en esta década cuando este gallego ilustre, el ferrolano Gonzalo Torrente Ballester frecuentaba el local y las mismas tertulias que había iniciado años antes Miguel de Unamuno, rector de la Universidad salmantina o Agustín de Foxá, conde de Foxá y marqués de Armendáriz, que pasó a formar parte de la historia de la literatura española escribiendo sobre el mármol blanco de sus mesas. Y es que hablar del Novelty equivale, en cierto modo, a referirse a Torrente. Don Gonzalo, hijo adoptivo de la ciudad desde 1984, encarna mejor que nadie la vida literaria y de las horas perdidas en el Café con mayúsculas. A pesar del paso de los años, el espíritu del escritor y articulos que lo frecuentan dicen que el local invita a la divagación literaria y filosófica, la presencia de Torrente, más que a su prosa fluida, recuerda a las fi guras inmortalizadas de Pessoa en A Brasileira de Lisboa, Altemberg en el Central de Viena o Hemingwayen el Floridita de La Habana. Pese a la innegable presencia en espíritu de Carmen Martín Gaite, de Unamuno, de Juan Manuel de Prada y, por encimade todos, de don Gonzalo, sería incierto vincular exclusivamente el Novelty a la vida literaria eintelectual de la ciudad.A los salmantinos les encanta ir de tapas, es un vicio encantador que han sabido exportar a todo aquel visitante que se precie.

No hace falta nada más quedarse una vuelta por el entorno de la plaza mayor para comprobar que han convertido los pinchos en un tipismo de la ciudad y de qué manera: la tortilla, el jamón, o el pastel de gambas son sólo algunos de los ejemplos más conseguidos. A semejante conversión no se ha escapado ni el Novelty, modernizado hasta tal punto que se hatransformado en una de las heladerías más típicas de la ciudad. Los ejemplos más apetitosos: la avellana siciliana, el dulce de leche y el chocolate con naranja. ¿Y a quién no le apetece un café irlandés en el anochecer de la Plaza Mayor? No dejen de probarlo.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Martes, 15 de mayo de 2012

El Expresso Pocitos, una referencia centenaria en Montevideo

 Entre cafés, licores y tertulias  interminables el bar Expreso Pocitos de Montevideo ya se ha convertido en un templo centenario en uno de los típicos cafetines con pedegree del otro lado del Atlántico. Orgulloso de haber acogido a Gardel y servido a clientes tan exclusivos como el prócer uruguayo Jorge Batlle y Ordóñez, el Expreso Pocitos, más que una simple cafetería, es un testimonio de lo que es ser  uruguayo: las ruedas de amigos, la nostalgia, la democracia. 

 En sus mesas se han sentado, además de gobernantes, jueces del  Tribunal Supremo, conocidos deportistas y escritores de todas las  épocas. Sin embargo, el Expreso nunca ha dejado de ser un “lugar  familiar”, aseguran los responsables de un establecimiento  inaugurado el 10 de enero de 1910, uno de esos locales que nunca cierra. Desde …. es regentado por el gallego Manuel Ramos, que en 1962 y, con solo 18 años emigró a la capital uruguaya con 18 años. Ha sido determinante la influencia de Ramos y de los anteriores propietarios del local, los también gallegos hermanos Carrera, ya que ambos han dado al Expreso un aire indiscutiblemente español, presente en detalles como el formal  uniforme blanco y negro de sus camareros, el suelo de granito o la  sencilla decoración de sus paredes de madera.
    El Expreso nació como un almacén, donde sus fundadores, los  Costa, ofrecían a las familias del barrio fiambres y bebidas y un  rico pan de viena con jamón y queso. Esto sucedía en la primera mitad del siglo XX, cuando el barrio de Pocitos, donde está ubicado, comenzaba a explotar uno de sus grandes  atractivos: la playa.  Familias uruguayas, e incluso argentinas, iban a pasar los fines  de semana a orillas del Río de la Plata, mientras el Expreso, que  recibe su nombre de un ya desaparecido tranvía que recorría la zona,  conseguía poco a poco hacerse una clientela.
    Más aún cuando, a partir de los años 40, la edificación costera  dio paso a los bloques de edificios, donde empezaron a asentarse  familias de clase media-alta de Montevideo.
    Para 1934, cuando se traslada a su nuevo y actual emplazamiento,  en el emblemático edificio art decó “El Mástil”, situado frente al  lugar original, el Expreso se erige como “un centro social, de  reunión y de charlas”, apostilla el historiador Enrique Piñeiro.
    Entre sus leyendas sobresale una del mítico cantante de tangos  Carlos Gardel. Una noche en la que iba a actuar en un pequeño teatro  de Montevideo terminó cantando en el Expreso porque quería  interpretar ante un público más amplio.

El 10 de enero de 1910 el Expreso Pocitos abrió sus puertas en un local ubicado frente a donde está instalado actualmente. En sus años de existencia solamente tuvo tres propietarios: primero fueron los hermanos Costa, después los Carreras y desde 1974 está en manos de una Sociedad Anónima, de la cual Manuel Ramos es director.

Una de las particularidades que tiene el Expreso Pocitos, a diferencia de otros bares y cafés añejos, es que nunca cerró sus puertas. “Otros lugares tienen más años de existencia pero el nuestro nunca estuvo cerrado”, destacó Ramos, quien agregó que su negocio permanece abierto todos los días del año, y los viernes y sábados cierran a altas horas de la madrugada. No tienen un horario fijo y cierran cuando se va el último cliente. 

 A pesar de que muchos creen que el Expreso Pocitos es un bar de viejos y veteranos, su dueño se encarga de desmentirlo. “No es un café de viejos, depende de la hora del día; es muy variado el público. En las mañana y en la tarde, por lo general, hay más gente mayor, pero de noche hay mucha juventud. Si fuera un bar de viejos ya habría cerrado hace años”, señaló Ramos. 

Cualquiera que alguna vez haya pasado por la puerta del Expreso Pocitos seguramente haya visto a reconocidos políticos, escritores, periodistas, músicos y hasta deportistas de élite. “Es un lugar de encuentro y de referencia. Toda la vida vinieron políticos e inclusive a algunos piden el anexo para reuniones. No tenemos preferencia por ningún cliente, no me importa de que partido político sean, o si son de Peñarol o Nacional. Tratamos por igual a los clientes famosos y a la gente común y corriente”, dijo el propietario. Es común también ver en una misma mesa a políticos de diferentes partidos compartiendo un café. “Todos los políticos son amigos a pesar de sus diferentes pensamientos. Es muy común ver a diputados o senadores de diferentes partidos en una misma mesa”, explicó Ramos, quien contó que por su negocio pasaron desde José Batlle Ordóñez hasta los caudillos blancos y colorados de todas las épocas.

En la capital, los bares y negocios gastronómicos cada vez permanecen abiertos menos tiempo. La mala administración y quizás la falta de fortuna ocasionan el cierre de estos negocios. “El mundo cambia permanentemente y hay que adaptarse. Algún conocimiento tenés que tener; hay que dedicarle tiempo, ser humilde, tratar bien a la gente y ofrecerle buena mercadería. Hay negocios que nacen con mucha fuerza, llenos todos los días, y al año cierran. Creo que es por falta de constancia, y por desconocer lo que quiere y le guste a la gente. Yo hablo con mis clientes y los escucho siempre. Quizás sea mi clave del éxito”, confesó.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Domingo, 13 de mayo de 2012

El Gran Café de Barcelona. En el corazón del Barrio Gótico

En Barcelona hay lugares que le permiten viajar atrás en el tiempo, a la gloriosa época modernista, con sus cafés donde escritores, artistas e intelectuales se juntaron para sus tertulias. En esta ciudad envuelta en historia y encanto, el Gran Café destaca como una de sus joyas modernistas. Ubicado en el corazón del Barrio Gótico, el casco antiguo de la ciudad, el Gran Café se encuentra en un edificio catalogado por su valor histórico. Con sólo echar un vistazo a su interior encantador, entenderá porqué.

El Gran Café tiene una larga y fascinante historia. Abrió sus puertas en 1920, cuando era un banco. De hecho, la barra en la planta principal es donde se ubicaron los cajeros. Durante varias décadas era un taller de las máquinas de coser Singer, otra época que dejó rastro. Muchas de las mesas en el comedor principal siguen teniendo las patas de hierro forjado que caracterizaban estas clásicas máquinas.  En los años 70, el Gran Café finalmente entró en el negocio de la restauración y dentro de poco se convirtió en uno de los lugares más solicitados de la ciudad para eventos en grupo.

Los espacios de este precioso restaurante modernista son idóneos para eventos en grupo, especialmente cenas de empresa, fiestas privadas o banquetes. Las aterciopeladas cortinas rojas, las clásicas baldosas estilo ajedrez, las arañas de luces, los detalles de madera tallada, los espejos dorados y los techos de madera pintados a mano añaden un toque de elegancia clásica a cualquier tipo de evento.

El comedor principal está dividido en dos niveles. El comedor en la planta principal tiene ventanales enormes con vistas hacia una estrecha calle gótica. Finas columnas de hierro sostienen un entresuelo, desde el cual se domina toda la planta de abajo. Cada noche haymúsica de piano en directo y a los clientes habituales les gusta pedir sus canciones favoritas al pianista.

Salas Privadas:

Hay una selección de salas privadas para eventos en grupo. La sala con más ambiente es sin duda la bodega, ubicada en el sótano. Es como entrar en una sala de un castillo, con techos en forma de arco, paredes de piedra, candelabros enormes y una amplia selección de vinos. Se puede acomodar a 36 comensales en esta sala, que también representa un lugar estupendo para organizar catavinos. Es uno de los pocos espacios del Gran Café donde está permitido fumar.

El comedor privado ubicado en el entresuelo es muy popular entre profesionales de la política y el teatro local (el restaurante está a poca distancia del ayuntamiento, la sede de la Generalitat y los teatros y la ópera en las Ramblas), que se juntan aquí para cenar muy a menudo. Esta sala tiene una enorme mesa óvala y un bellísimo espejo dorado. En la mesa caben 18 personas. Es una sala muy elegante para pequeños eventos en grupo.

En la segunda planta hay tres opciones para eventos en grupo. El comedor pequeño - para15 personas - tiene grandes ventanales en forma de arco. En el techo, adornado con detalles dorados, hay una araña de luces y, debajo de ésta, una mesa redonda.

El comedor grande – para 96 personas – tiene suelos de madera y enormes ventanales en forma de arco. Se puede cerrar las cortinas rojas para crear un ambiente aún más privado. En cuanto a la decoración, sigue el mismo estilo minuciosamente modernista de las otras salas. Las mesas se pueden distribuir o individualmente o en configuración de banquete. Se puede conectar esta sala con el comedor pequeño – que está contiguo – para acomodar a grupos grandes de hasta 110 personas.

Cocina:

El Gran Café sirve tanto cocina mediterránea tradicional como especialidades catalanas, preparadas utilizando sólo los ingredientes más frescos. El Gran Café goza de una popularidad enorme y una reputación excelente entre la clientela local. El hecho de que tenga dos cocinases otra ventaja, ya que el Gran Café está completamente equipado para atender a dos eventos al mismo tiempo con gran eficiencia y habilidad.

El Gran Café está abierto cada día del año (excepto en Nochebuena) y otorga un toque de clase y un ambiente histórico a todo tipo de evento, además de ofrecer un servicio excelente y platos exquisitos.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Sábado, 12 de mayo de 2012

Los cafés de Kafka en Praga

Franz Kafka y Praga son casi sinónimos. Lacultura del café fue unelemento central de lavida del escritor y una inspiraciónen su labor literaria hastael punto de que los personajesde sus cuentos y novelas son,con frecuencia, grandes bebedoresde café.La familia de Kafka nuncacomprendió su amor y su dedicacióna la literatura y él mismomarcó siempre su obra poruna sensación de angustia y absurdo,mientras sobrevivía conun empleo de ofi cinista. Algunosde sus biógrafos encuentranaquí la primera relacióncon la cultura del café, ya quelos escritos de Kafka producena menudo en el lector la nerviosay agitada sensación de habertomado una o varias tazas demás. Max Brod, amigo, editor ybiógrafo de Kafka, describe muchasveces los cafés de Praga ysus rincones, pero no detallalos gustos del escritor.Ocurre, eso sí, que el café noera considerado por Kafka un lujosino más bien una repulsivanecesidad. Sea cual fuere la aversiónque Kafka sentía por estabebida parece haberse halladomuy cómodo en la atmósfera delos cafés en épocas anteriores desu vida. Fuera o no bebedor decafé, Kafka personifi caba perfectamenteal artista bohemio queconfi ere a los cafés un aura intelectualy artística y era en esteentorno donde se encontraba ensu verdadero elemento.Franz Kafka hizo amigos lealesen el círculo de artistas e intelectualesalemanes aculturados enPraga, que solían visitar principalmentecafeterías y participabanen tertulias. Uno de losejemplos son sus frecuentes visitasa las representaciones en elSavoy, un café con librería ubicadoen el legi most (el puentede los legionarios), que recreabauna Francia modernista. En ellocal todavía se pueden degustarplatos franceses y checos, enun ambiente tranquilo, que permiterecordar la fi gura del escritor.Son especialmente recomendableslos desayunos en elmediodía del domingo.Kafka rara vez se sentía satisfechocon su obra literaria. Pero,en la sociedad de café de Praga,parecía sentirse muy a gusto alpresentar sus escritos, aunque escierto que en algunos momentosde su vida y a pesar de la atracciónque ejercía Praga entre lagente de letras y los conocedoresde café, Kafka se sentía confinado en la ciudad.Si nos remontamos a su épocade estudiante, nos desplazamosa la Praga imperial de fi nales delsiglo XIX. Kafka frecuentabadiversos cafés, algunos ya desaparecidosy otros como el caféLouvre, abierto en 1902, y quefue cerrado durante la época comunista (otros como el Slaviafueron nacionalizados). ElLouvre, representativo de laburguesía, y decorado en ArtNouveau, contaba entre suclientela habitual a Kafka, Kapeky Einstein, así como al expresidente de la república ChecaVaclav Havel. El Louvre fuereabierto en 1992 y todavía hoyes un símbolo de Praga. De hecho,se ha reconvertido en un focode atracción para el turismocon la renovación vanguardistade algunos de sus salones, lo quele ha hecho perder cierta autenticidadpero sus excelencias culinariasy sus capuchinos (a p0co más de un euro) continúandeleitando a sus clientes.Otro de los locales frecuentadospor Kafka fueron el hotel Europa,anteriormente hotel ArchiduqueEsteban. Allí, en la sala delos espejos Kafka hizo la lecturapública del relato La condena.En el mismo local, en diciembrede 1912 leyó su recién terminadocuento El Juicio.Pero quizás fue El UnicornioDorado uno de los cafés más famososde la Praga kafkiana. Eraen sus salones donde el escritorcompartía tertulias con su amigoy biógrafo Max Brod y RainerMaria Rilke e incluso AlbertEinstein, que frecuentementeamenizaba las interminables veladastocando el violín.En 1939, había en Praga unos160 cafés históricos en los quenacieron ideas, proyectos y manifiestos literarios. Era el casodel Milena, otro de los localesque se vinculan al nombre de Kafka en la ciudad. Su nombreestá dedicado a Milena Jesenka, confidente y amiga del escritor . El local, caracterizado por una atmósfera simpática con conciertosde piano, está situadojusto enfrente del reloj sobre laplaza de la vieja villa.La ruta se completa con otrode los locales míticos. Es el caféSlavia, (Narodny,1) que abriósus puertas en 1884 y se convirtióen el centro de la vida culturalde Praga y en el símbolo delnacionalismo checo (la palabraSlavia designa a la primera madrede los eslavos). En los años 30, el local fue redecorado enestilo Art Decó con grandes vitrinas sobre la calle Narodny. Hasta los años 90 estuvo cerradoy se reabrió en noviembrede 1997. Todos ellos forman una ruta ineludible.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Jueves, 12 de abril de 2012

O Piolho y el Guarany, cafés especiales de Porto

Oporto es la ciudad de los contrastes. Desde el Carmo a la Ribeira pasando por los Clérigos, sus calles angostas, muchas veces empedradas conducen casi si solución de continuidad a las grandes plazas que dan nombre a la ciudad. Pero, ciertamente, Porto es una de las ciudades del mundo en las que mejor se puede transitar en clave de café. Sus rúas, sus gentes, te empujan a ello. Desde el fantástico Majestic, en el que ya nos hemos detenido anteriormente,  pasando por el Guarany, en la cé ntrica avenida de Os Aliados, llegamos al Ancora de Ouro, posteriormente conocido como O Piolho.

Este mítico café, situado en la plaza Parada Leitao, frente a la antigua Facultad de Ciencias. Desde siempre, O Piolho esta relacionado más que ningún otro en la ciudad con el público universitario pero, actualmente se mezclan con una buena cantidad de turistas. Y es que a pesar de estar lejos del lujo del Majestic y de la decoración del Guarany estamos hablando de un establecimiento centenario, abrió sus puertas en 1909, y está dotado de una enorme carga histórica que define la ciudad. 

O Piolho, cuyo nombre viene dado por las continuas aglomeraciones estudiantiles de los alumnos de Medicina y Ciencias en la década de los cuarenta, que lo asemejaban a unha “Piolheira”.  Desde el principio, el Ancora de Ouro enarbolaba una bandera cultural, trinchera del combate político como plaza fuerte opuesta al régimen.  Sirva como ejemplo el decir que junto a estas puertas se aplaudió la entrada de la primera mujer doctorada de Porto. En el año 1913, una disposición firmada por la Camara de Porto atestigua que O Piolho fue el primer cafe que contó con luz eléctrica y, años más tarde, también fue el primer café de la ciusdad con cafetera express. La Cimbali, por lo que coloquialmente se le denominó el Cimbalino.

Evidentemente, ya poco o nada queda de aquel bullicio estudiantil, de las noches interminables, de las revoluciones inacabadas. El interior no parece haber cambiado mucho, es austero, con las mesas unidas. En las paredes, lo recuerdos de docenas de estudianrtes que hicieron de O Piolho su segunda casa.

Eso sí, o Piolho es un lugar francamente recomendable para tomarse unas típicas francesinhas, sandwich relleno de longaniza, bacon, mortadela, jamón, filete de vaca o lomo de cerdo, cubierto de queso derretido y un huevo frito.  No dejen de probarlo…

A no mucha distancia, en el corazón de la ciudad y en la céntrica avenida de Os Aliados, hacemos escala en el Guarany. Su nombre y, por supuesto, su decoración nos trasladan a lugares bastante lejanos. El Guarany abre sus puertas el 29 de enero de 1933. Era un momento en el que los cafés ya empezaban a proliferar en la ciudad. En esta década, el botequim o café se consolidaba como auténtico baluarte tanto para transacciones comerciales como para eje de los idearios políticos. La remodelación del Guarany estuvo a cargo del  arquitecto Rogerio de Azevedo.

 En 2001, el local cerró sus puertas, y en diciembre de 2003, volvió a ser el de antes. Sólo los murales de Gracia Morais, escenificando en las paredes del local el modo de vida de la tribu guarany difieren de aquel viejo local. Aunque, son sin duda alguna, el símbolo del local, que está presidido por un majestuoso piano de cola y un ambiente tranquilo que le ha hecho famoso en toda la ciudad. Para aquellos a los que el interesa la vertiente más gastronómica sus especialidades de cocina portuguesa son, como no podía ser de otra manera, el bacalao, la espetada de lombo o los lombiños a la plancha. El precio, con un servicio a la altura del establecimiento, es más que razonable, entre 15 y 2o y euros. 

Nos vemos en la próxima etapa.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Domingo, 11 de marzo de 2012

El Venecia o medio siglo de Compostela

Un alto en el camino en nuestra Compostela para aquellos que siguen la ruta cafetera, que anunciaba un salto desde Amsterdam a Portugal, pero es que la ocasión bien lo merece. Y es que el Cafe Venecia de Santiago está a punto de cumplir medio siglo. Hacer una visión retrospectiva del Venecia viene a ser lo mismo que recordar los últimos cincuenta años de Compostela. Uno de los emblemas cafeteros nacidos en aquel Santiago de inicios de los años sesenta llega a sus bodas de oro y pretende celebrarlo como se merece. A lo grande. Pero como dijo alguien, para conocer el futuro es preciso echar la vista hacia el pasado.
Así ocurre con el Venecia. Las raíces de aquel café salieron de la actual praza de Entrepraciñas en aquella pequeña taberna conocida como O Mañoso, un habitual lugar de reunión de los estudiantes de la universidad compostelana. Allí se alternaban las tazas de vino con los primeros cafés que servía un hombre, Antonio de Toro, militar de profesión y cafetero vocacional que hacía, por ejemplo, cafés nocturnos para EL CORREO GALLEGO. Así lo recuerda su hijo Óscar, cincuenta años después de que el Venecia abriese sus puertas en el Hórreo. Su gran secreto es poder disfrutarlo.  Lo dicho, seguimos viaje.

 

 

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Martes, 21 de febrero de 2012

Volvemos al continente. Regresamos a Amsterdam: cuarenta años de los coffeeshops

Continuamos viaje. Hay tantos tipos de cafés como cafeteros que los frecuentan, desde tertulianos hasta lectores, intelectuales y, entre todos ellos se encuentran los amantes de los coffeeshops. Por ello volvemos a Holanda, en especial a Amsterdam una ciudad que está llena de extraordinarios locales pintorescos a los que se añaden estos últimos que este año cumplen cuarenta años de existencia. Estos establecimientos, en los que se venden drogas blandas son uno de los principales atractivos para los turistas en Holanda, aunque en los últimos años han perdido interés.

Pero como ocurre habitualmente, no hay presente sin pasado, ni futuro que no obedezca a una explicación histórica. Para encontrar el primer coffeeshop holandés hay que recordar el nombre de Mellow Yellow, en Amsterdam. Hace de esto cuarenta años, en 1972. Fue el momento en el que Wernard Bruing y su compañera decidían vender marihuana en su establecimiento. Pero ¿De dónde venía el nombre coffeeshop? Era, en realidad, de una canción de Donovan que servía como contraseña. En este tema se recomendaba que a falta de tabaco se podía freir y fumar cáscara de plátano, cuya inhalación tenía el mismo efecto alucinógeno.
Bruining comenzó su negocio en una casa que había ocupado en Amsterdam. Con el paso del tiempo se establecieron dependencias de índole más comercial, algunas de las cuales incluso vendían diferentes variedades de café. Poco a poco, el nombre de coffeeshop se fue haciando cada vez más común. Y lo cierto es que pese a la política de tolerancia, el que aquí escribe puede constatar lo escrupulosos que son los holandeses a la hora de su permisividad con el acceso de los menores a estos locales. Por contra, el respeto por los clientes y por lo que quieran consumir o no es absoluto.

Estos establecimientos son únicos en toda Europa. Si visitan Holanda y Amsterdam en particular no dejen de hacer una visita.

Seguimos viaje

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Domingo, 11 de diciembre de 2011

Y continuamos por Dublín…

Continúa nuestro viaje por tierras irlandesas. A la hora de ver el paisaje, es fácil imaginarse que esta isla podría ser un trozo de Galicia. Sus carreteras, su cielo grisáceo, su vegetación. A la hora de llegar a la capital, Dublín, no es una ciudad que se caracterice por los grandes cafés. Alcontrario, son pocos, aunque eso sí, escogidos. Pero lo cierto es que nuestra visita a esas tierras no sería completa si no cumpliésemos determinadas liturgias. La ciudad es fácil de manejar y al atardecer tiene visitas obligadas. Una de ellas es, como no el Temple bar. Es, sin duda, el punto de este universo en el que he visto rspirar de una forma más sana a medias la música con la cerveza. Las notas de la canción no suenan igual sin una Guiness. Desde fuera empecé a escuchar los primeros acordes de Molly Malone y, poco a poco, pub a pub, me fui acostumbrando a que es una especie de himno, casi de obligado cumplimiento. Todo, mientras en el exterior, cada pocos metros, se suceden grupos de excelentes instrumentistas.

Pero la historia del Temple bar tampoco sería la misma sin conocer todo aquello que le precedió durante siglos. Y empieza en 1599, cuando sir William Temple, un profesor y filósofo entró al servicio de un diputado irlandés. Años después, en 1609, Temple fue nombrado rector del Trinity College de Dublín y adquirió un notable poder en la ciudad. William Temple construyó este edificio y los jardines. En 1656, su hijo John Temple compra un terreno adicional y hace posible que el edificio se amplíe a un muro que limitaba al mar llevando qa que toda esta zona se conociese como temple bar. En el siglo XVII, la palabra barr, que más tarde derivó en bar, era habitualmente una especie de sendero utilizado para pasear junto al mar. A partir de 1800 comenzaron a instalarse pequeñas empresas en la zona, pero el barrio se encontraba en plano declive y los terrenos fueron adquiridos para la construcción de una estación de autobuses. Finalmente el proyecto fue abandonado y los artistas y comerciantes decidieron permanecer en la zona.

A las afueras de la ciudad se encuentra un lugar absolutamente mágico. Es el Johnny Fox. Un pub que, los irlandeses definen como el más alto del país. Noche tras noche, se llena hasta los topes y donde siempre podemos disfrutar de un par de horas de una excelente música en directo, aunque esto en Irlanda no es en absoluto excepcional. El JF parece salido de otro mundo, en el puedes encontrarte con público llegado desde los cinco continentes, algo que al singer no parece sorprenderle en absoluto y al tiempo que disfrutas de la copa y de la música debes gozar con su inusual decoración. Por las paredes hay objetos de todo tipo: armas, cuadros, figuras disecadas. Muy recomendable, pero, ojo, siempre con reserva.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Domingo, 23 de octubre de 2011

Dublín: Por las calles de Joyce

Los irlandeses y los dublineses en particular parece que han hecho suya la costumbre sajona de convertir antiguas iglesias en edificios reconvertidos sobre todo a la hostelería o al turismo.  Si caminamos por el centro de la ciudad, (Suffolk Street) podemos encontrarnos con la Finn Mac Cools Cafe, una extraordinaria remodelación de una iglesia del principios del XIX y que ha sido convertida en cafeteríay punto turístico ineludible para miles de turistas, en el que además de obtyener información completa sobre todo el país, puedes reponer fuerzas o tomarte un refresco por un precio más que asequible.  Especialmente significativo es el ejemplo, ya referido en otra de nuestras entradas de la iglesia de Santa María . Construida a principios del siglo XVIII, desde el exterior llama la atención por un inmenso cilindro acristalado que da paso a un pub en la planta baja, un restaurante en la de arriba y una discoteca en el sótano.  Convertida por el Estado en inmueble de Interés Histórico, el interior, de gran tamaño, es absolutamente majestuoso, y está envuelto en un ambiente eminentemente turístico. con más de 600.000 visitas cada año. Su órgano, en el que  tocó el mismísimo Georg Friedrich Haendel, en su juventud el Mesías y sus espectaculares vidrieras son quizás lo más llamativo de un entorno en el que Arthur Guiness, fudador y creador de otro de los emblemas del país, la crveza Guiness se casó en esta iglesia en 1761. El templo cerró sus puertas a los servicios religiosos en 1964 y unos nuevos propietarios decidieron, hace tres años, darle un uso hostelero .

 A pesar de que los irlandeses son muy amantes del café, Dublín no destaca por sus locales históricos como le ocurre a otras grandes ciudades de Europa. Evidentemente, si hay uno con nombre y apellido ese es el Bewleys (Grafton Street). El local fue abierto por la familia Bewleys, unos cuáqueros que se trasladaron a Irlanda en el siglo XVIII. El Grafton Street Cafe fue inaugurado por Ernest Bewley en noviembre de 1927 y fue un enorme voto de confianza en una ciudad y un país que había sufrido fuertes turbulencias. Bewley llevó a cabo una renovación completa del edificio, inspirándose en las grandes cafés europeos de París y Viena, así como salones de té exótico oriental y la arquitectura egipcia.

La pieza central de la cafetería permanece hasta el día de las seis magníficas vidrieras encargadas a la reconocida artista Harry Clarke que los haya completado justo antes de su muerte en 1931.

La grandeza y la ambición de Ernest Bewley resultó en lograr que su café de Grafton Street se convirtiese en una parte esencial de la vida literaria, cultural, artístico, arquitectónico y social de Dublín. El Bewley se convirtió en un refugio para algunos de los más famosos de Irlanda, figuras literarias y artísticas, como James Joyce (que mencionó el café en su libro “Dublineses”), Patrick Kavanagh, Samuel Beckett y Sean O’Casey, y, más recientemente artistas como Bob Geldof o Sinead O’Connor.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés