El San Ginés, del centro de Madrid a llega Tokio…
Desayunar churros es una tradición que se remonta a principios del siglo XIX. Se cuenta que fue en las ferias ambulantes dónde se dio a conocer este producto, que no tardó en conquistar por igual a todas las clases sociales y que desde entonces es compartido por igual tanto por los más pudientes como por los más modestos. 
Viajemos de nuevo a Madrid. En las cercanías de la calle Arenal y durante la mítica Edad de Oro del Café y la tertulia de la capital de España, allá por 1890, en plena restauración borbónica, se fundaba el mítico San Ginés, aprovechando un local que antes ocupaba un mesón y una hospedería. Se convierte así en la churrería más antigua de Madrid y, sin duda, en una de las más castizas de España.
Su ubicación, próxima al Teatro Eslava, y su apertura hasta la madrugada le han proporcionado durante muchos años una numerosa clientela, que tomó por costumbre ir a degustar el chocolate con churros, después de cada función. Lejos de convertirse en un lugar propicio para la tertulia, el local sí se ha convertido en un clásico en pleno centro de Madrid que además no es ajeno a la historia literaria. El mago del esperpento y tan conocido para nosotros, Ramón María del Valle Inclán retrató con su personaje Max Estrella aquella vieja buñolería modernista que se refleja en Luces de Bohemia y que permanece en una placa pétrea en el exterior del local.
Ha pasado el tiempo y el San Ginés se ha exportado a miles de kilómetros, concretamente a Tokio. De mano de un empresario japonés, Hideto Maeda, el chocolate con churros ha llegado a la capital japonesa, con el nombre del San Ginés, que por primera vez en su historia ha exportado su historia fuera de España. La idea nació cuando Maeda, presidente de la cadena Tokyo Restaurants, recaló en Madrid hace dos años y se quedó prendado del sabor y la textura del chocolate con churros de San Ginés, replicados a la perfección en Tokio. Pero el entorno de edificios con grandes pantallas, luces de neón y calles abarrotadas de la metrópoli japonesa poco o nada tiene que ver con el madrileño callejón de madrileño que conduce al San Ginés. Dentro, dos máquinas chocolateras giran el espeso líquido sin cesar mientras una decena de camareras con camisa blanca y gorra negra ensayan cómo pronunciar en español “chocolate con churros” . ¿Originalidades? Por ejemplo, el San Ginés de Tokio ofrece grandes churros en forma de corazón, que pueden tener tonos rosas, azules o amarillos, en función del azúcar y chocolate multicolor. A los paladares más refinados se ofrece una versión más ligera del chocolate con varios sabores: chocolate de frambuesa, de fresa, de melocotón e incluso con sabor a té.





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