Martes, 29 de enero de 2013

Viajamos a Nottingham para ver algo más que un pub…

Cambiamos de tercio. De los cafés romanos pasamos página y nos dirigimos al norte. En Nottingham se encuentra el pub Je olde trip to Jerusalem.  Este local, que nos hace retroceder a la Edad Media, tiene sus origen en el año 1189 y está considerado como el pub más antiguo, ya no solo de Gran Bretaña sino del mundo entero. Quizá su mayor curiosidad es que parte del local está excavado al pie del Nottingham Castle Rock, y enlaza con unos laberintos que lo unen con el gran símbolo de la ciudad, que se erigió casi un siglo antes, en 1068, dos años después de la conquista normanda. Hasta la actualidad, el pub ha conservado su nombre original, en inglés antiguo que, traducido al idioma actual significa El viejo camino hacia Jerusalén. 

¿El motivo de este nombre? Se explica en una placa situada en la fachada, que alude a un escrito datado precisamente en 1189, año de la apertura del local, que coincidió con la ascensión del rey Ricardo Corazón de León. Existe una leyenda que vincula el castillo con el rey y que apunta que sus guerreros, en su camino hacia las Cruzadas paraban en éste y, consecuentemente, en el Je Olde Trip to Jerusalem, que ha llegado a nuestro días como uno de los principales atractivos de la ciudad británica.  

 

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Viernes, 28 de septiembre de 2012

Primera escala en Roma: La Casina dell’ Orologio

Afrontar una visita a una ciudad como Roma en clave de café no es tarea fácil. Pero no cabe ninguna duda de que la ciudad eterna es un museo en algo más que arte.  Legendarios locales encabezan la historia: el Greco, el caffe della Pacce… Pero iniciaremos nuestro periplo cafetero pòr la Casina dell’ Orologgio. En pleno corazón de la Villa Borguese, el gran pulmón verde de Roma,  pero no muy lejos de la Piazza dei Poppolo, la actividad de la Casina iniciaba su actividad en 1922, en un pequeña caseta de madera.  Décadas después, la Casina fue reconstruida bajo el diseño del pintor Mastroianni. 

Pasaron los años y el nuevo ambiente que ofrece recuerda arquitecturas de otro tiempo, con una arquitectura hierro con un interior enormemente atractivo, que se ha convertido en una mezcla de restaurante y piano bar muy frecuentado. Sus lámparas, sus espejos. La principal originalidad: las raíces de un árbol crecen en el interior de un local que ofrece una gastronomía típica y privilegiada. La visita merece la pena. Si pueden, no se lo pierdan. Y, por cierto, no dejen de ver el reloj de agua que funciona a pocos metros.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Martes, 4 de septiembre de 2012

Seguimos por Bilbao (II). La Granja

Continuamos. En la Plaza Circular de Bilbao, en el centro de la ciudad, se encuentra el Café La Granja. Inaugurado el 31 de julio de 1926, está construido al estilo de los grandes cafés franceses, tiene entrada a dos calles. Al entrar en el local, atravesando su puerta giratoria, el visitante puede atestiguar un mobiliario prácticamente original con mesas de mármol y madera desconchada con el paso de los años. Sus techos de 4,40 metros de alto  le dan la amplitud y diafanidad de espacio características, a lo que contribuye la elegante sencillez de su larga barra de madera tallada. A ello se une un bosque de columnas de hierro forjado en el pasillo central, que le da una profundidad increíble al local, dotado de unas lámparas “art nouveau”, que proceden de la remodelación del teatro sevillano Lope de Vega.

Con un extraordinario servicio, con camareros pulcramente uniformados, las paredes tienen un zócalo de madera y están decoradas con cuadros y carteles alusivos al mundo taurino y de una ciudad amante del toreo. Visita ineludible.

 

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Jueves, 9 de agosto de 2012

Paseo cafetero por Bilbao (I). El Iruña

 

 

Si de algo no hay duda es de que Bilbao posee un gran número de cafés y restaurantes emblemáticos. Pero quizás, el más mítico de todos ellos es el Café Iruña (Jardines de Albia). Fundado el 7 de junio de 1903 por el navarro Severo Unzue, tomó el nombre de su homónimo de la cercana Pamplona. 

Llama la atención por la original distribución de sus 300 metros cuadrados de planta, divididos en bar, café y restaurante. Tras el chateo y los pintxos se distribuye la zona con mesas en las que en el marco de una decoración que parece salida de Al-Andalus, el café se alterna con el Txacolí, que según apunta el camarero, que, por cierto detecta en seguida nuestro acento gallego, se parece al Ribeiro.  ¿ Y las especialidades? Muy asequibles. Serranito : emparedado de tocino ibérico  y los populares “pinchos morunos” (a 2 euros.) y, muy por encima de todo lo demás, la Mousselina de jamón. Absolutamente espléndida.

Hay una especie de contraste mudejar con el entorno autóctono y por cierto, bastante familiar. No en vano, el Iruña es uno de los referentes de Bilbao en todo el siglo XX y pese al paso de los años, destaca su constante vinculación a la vida social y cultural de la ciudad. De alguna forma, entrar en el Iruña es hacerlo supone adentrarse en la figura de Ernest Hemingway, habitual del local cuando visitó la ciudad en los años 50.

Destaca la amplitud de sus salones y, pese al paso de los años, su contante dedicación a la dinamización de la vida socio-cultural, lúdica y festiva de la ciudad. El Iruña ha recibido numerosos galardones, entre los que destaca la declaración como Monumento Singular  (1980) y el Premio Especial al Mejor Cafe de España (2000 , concedido por la prestigios Café Crème Guide to the Cafés of Europe editada en Londres bajo la supervisión de Roy Ackerman.

http://www.cafesdebilbao.net/cafes/caf_iru.php

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Martes, 5 de junio de 2012

Una dulce visita a Helsinki…

Viajemos al norte de Europa. Una ciudad como Helsinki poco o nada tiene que ver con las tertulias de nuestro Madrid. La capital finlandesa nunca se ha caracterizado por sus cafés. Montañas, bosques y lagos marcan el país del sol de medianoche que sumerge al país en un resplandor casi contínuo. En ese amanecer casi inconcluso, nuestra ruta tampoco es ajena a la historia y puede comenzar en esta ocasión en clave de dulcería. Nuestra visita a la capital no sería completa si no hiciésemos una parada en el Fazer, una parada casi inevitable en la ciudad.  La historia de la  confitería y sus tradiciones tienen su origen en la Europa de finales del siglo XIX. En 1891, se abre una  confitería franco-rusa en Helsinki, en un momento en el que  el mejor chocolate se producía en Suiza, Rusia y Francia. De hecho, el fundador de la empresa, Karl Fazer, tenía sus raíces en Suiza, y que aprendió de los mejores maestros de su tiempo en San Petersburgo, Berlín y París. 

Karl Fazer  es el padre de la marca más famosa de chocolate finlandés. El legendario chocolate de envoltorio azul marino, nació a principios del siglo XX y su historia es bastante curiosa.Ya antes de empezar a producir chocolate, Karl Fazer regentaba una pastelería franco-rusa en Helsinki. Fue sin embargo en 1922 cuando su hijo Sven Fazer recibió una receta de chocolate suizo. El chocolate Fazer es una institución en Finlandia. Uno de los productos más presentes en las cabezas de finlandeses en el extranjero y con un montón de variantes como bombones o chocolates con frutos secos, Fazer es uno de los souvenirs más típicos del país. 

El local presenta un aire retro y su sala redonda con bóveda permite una acústica especial, que además la convierte en uno de los pocos cafés de la capital en el que sirven en la mesa. ¿Los  precios? bueno, desde los 3 euros de un café expresso a casi los ocho del irlandés, el local posee un amplio abanico de posibilidades. 

Pero el Fazer no es el único local que merece la pena visitar en Helsinki. La historia nos habla también del Lasipalatsi (Palacio de cristal). Este local está  ubicado en uno de los edificios funcionalistas que comenzaron a  construirse a raíz de que Finlandia  se independiza de Rusía. Inicialmente, desde su apertura,  el Lasipalatsi fue un bazar y posteriormente se convirtió en un famoso restaurante y café de la capital finesa. Se hizo muy espacioso con el fin de albergar a los visigantes de los JJ.OO de 1940 que se vieron truncados por la II Guerra Mundial y Helsinki se vio obligada a esperar a 1952. Pero el loca, se hizo muy famoso en el mundo de la política y la cultura, principalmente.

El local, que fue decorado al estilo de los años 30, y que tras su renovación de finales de los años 90 ha recobrado su esplendor,  cuenta con un menú lleno de platos tradicionales mezclados con influencias internacionales.   Es una visita obligada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Lunes, 21 de mayo de 2012

El Comercial, el café más antiguo de Madrid

Llegamos a la Glorieta de Bilbao y vemos de frente el Comercial que es, a día de hoy, el café más antiguo de Madrid, lo que ya no es poco. Ha soportado durante décadas la embestida de la presión urbanística y su extraordinaria tradición literaria transporta al visitante a aquellas tertulias entre los veladores de mármol, vasos de sifón y cafés interminables. Se dice en Madrid que la puerta giratoria del Café Comercial y la puerta del Sol son las dos de mayor solera de la capital. La historia dice que fue fundado en 1887 de la mano de un sacerdote, Aunque su primera referencia escrita ya aparece en los Episodios Nacionales del escritor Benito Pérez Galdós, que, supuestamente, el 30 de diciembre de 1870, recibe la noticia del asesinato de Prim “cuando iba a entrar en el Café Comercial”. 

Sea como fuere, el Comercial se convirtió en uno de los máximos exponentes de aquellos cafés que mitificaron las tertulias del Madrid de fines del XIX, lo que Antonio Bonet Correa ha denominado la Edad de Oro de los cafés, coincidiendo con el periodo histórico de la Restauración (1875-1923).  Desde la mitad del siglo XIX, se produjo una mutación: se reconstruyeron los viejos cafés, se construyeron algunos nuevos y se dio paso a las mujeres, de hecho fue uno de los primeros establecimientos en los que aparecieron las camareras.

En la clasificación de los cafés en los que hervía la vida del Madrid de fin de siglo, el Comercial pertenecía a aquellos cafés de barrio _lejanos del triángulo Sol-Alcalá-Calle Mayor_ en los que se empezaban a reunir las jóvenes promesas. Su clientela estaba constituida fundamentalmente por intelectuales, políticos, cómicos y funcionarios, que pasaban su tiempo entre el café, el licor y las tertulias que trataban aspectos de la vida finisecular de Madrid, de la crisis política que había traído consigo el desastre colonial y de las renovadas ilusiones que no llegó a traer el regeneracionismo. Por sus tertulias han pasado los hermanos Machado, Jardiel Poncela la saga de los Paso, Sánchez Ferlosio, Muñoz Molina o Manuel Vicent entre otros muchos. Entre sus contertulios de prestigio tambien destacaron el músico Pablo Sorozábal, Tierno Galván, Fernando Rey y el periodista César González Ruano o  Jaime Campmany, Berlanga y Mingote entre otros muchos.

 

En 1909 el local fue adquirido por la familia Contreras, que después de tres generaciones lo sigue explotando. Siguiendo aquellos dictados de las nuevas modas de comienzos del XX introdujeron, junto a los servicios propios del café y la chocolatería, espectáculos y entretenimientos que amenizaban músicos y solistas. Era la influencia de París. Llegó a convertirse en uno de los establecimientos públicos más concurridos cuando cerró el Café Gijón por reforma. (años más tarde, el público del Comercial se desviará hacia el mítico café del paseo de Recoletos). El cronista oficial de Madrid, Ángel del Río, recoge una anécdota histórica del Comercial. Durante la Guerra Civil, el café permaneció incautado por sus propios empleados. Se dice incluso que ante la precaria situación económica de los periodistas del momento, algunos camareros invitaron durante años al reconfortante café diario a los plumillas.

El Comercial fue la principal inspiración de Camilo José Cela para su novela La Colmena y para la posterior película del mismo título, que también se rodó allí.
En 1953 se realizó la única reforma importante del local, consistente en obras de saneamiento y en la sustitución de los antiguos divanes y espejos del techado por decoraciones en madera más actuales. También desaparecieron el estrado para la música y una vieja escalera de caracol, pero estos cambios no alteraron el buen funcionamiento del café, que durante los años de la posguerra siguió acogiendo entre su clientela a profesionales liberales, intelectuales, estudiantes y periodistas hasta altas horas de la madrugada.

El Comercial del siglo XXI ha cambiado en el fondo, aunque no tanto en las formas. Premiado en 2000 como la mejor cafetería de Europa sigue siendo lugar de culto para turistas y habituales que disfrutan de la pausada lectura de la prensa frente a un desayuno de los de antes, con una clientela muy plural. Desde intelectuales a la alta burguesía y turistas. Una cita ineludible…

 

 

 

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Lunes, 21 de mayo de 2012

Y seguimos por Madrid…

Madrid es una de las pocas ciudades en las que conviven por igual los cafés tradicionales con otros locales de culto capaces de satisfacer todos los gustos. Se dice que en la ciudad, tu puedes, literalmente, visitar un café clásico cada día de la semana sin necesidad de repetir. La rica tradición de Madrid se remonta a generaciones. Todos aquellos que han tenido algo que ver con la historia de Madrid, sus escritores, sus artistas, … todos ellos han retratado la ciudad con los cafés en el fondo de su escenario. Hagamos pues una pequeña ruta en la que en un solo día , el visitante puede optar por cientos de rutas, desde el desayuno  o el café de media mañana a los secretos de la madrugada de la gran ciudad. La jornada puede comenzar en Serrano. Allí apelamos a la leyenda del buen café y mejor chocolate tomando un buen desayuno en Mallorca. La referencia histórica es obligada para hacer referencia a la pastelería más emblemática de Madrid desde que en el año 1931 Bernardino Moreno tras un golpe de suerte, por la Lotería de Navidad pudo abrir aquella primera tiendecilla en la calle Bravo Murillo, una aventura familiar y empresarial, que décadas después sigue siendo un referente no sólo en la ciudad, sino en todo el país.

Desde el principio la idea de Bernardino Moreno es continuar la tradición de establecimientos tan históricos como el Lhardy galdosiano o el Café Suizo, ofreciendo un servicio y unos productos de primerísima calidad. Pronto las ensaimadas calientes se hacen famosas y se constituyen en indiscutible referente para las meriendas y desayunos de la sociedad madrileña con mejor gusto. Mallorca no ofrece un aspecto clasicista, regentado actualmente por la tercera generación de la familia Moreno, esta diseñada como tienda inteligente. Recomendable toda su bollería a cualquier hora del día y en especial sus excelentes croissants. 

A media mañana, podemos hacer un alto en Recoletos. A buen seguro que si circulamos por esta zona nuestra visita cafetera nos llevará a la zona de los museos, y antes de adentrarnos tenemos el Café de los Espejos, un pabellón acristalado que ofrece un ambiente confortable aunque es cierto que carece de la calidez histórica del próximo Café Gijón, uno de los locales todavía vivos, que ha llegado hasta nosotros, con nombre y apellido,  como uno delos pocos ejemplos de  aquellos cafés con suelo de baldosa, larga barra lustrosa y una amplia cohorte de camareros conuniforme blanco debotones dorados. Poco o nada se puede decir del Gijón que no se haya dicho hasta el momento.  El local se abría en 1888 por el asturiano Gumersindo García, un trabajadorconvertido en indiano que habíah echolas américas enCubayasuregreso a España quería cumplir su gran sueño: tener un café de postín, que bautizó con el nombrede su ciudad. Con el paso de las décadas, por sus salones han pasado entre otros muchos Camilo José Cela, con su primer ejemplar de La Colmena bajo el brazo en aquelMadrid de principios de los cuarenta, Azorín o Pío Baroja, por citar sólo a algunos, relevo que años después han tomado otros autoresya consagrados como Manuel Vicent, Francisco Umbral o Pérez Reverte.

Si seguimos hacia la Puerta del Sol, por Alcalá, al llegar a la plaza de Canalejas nos encontramos con otro punto emblemático. Es el Café del Príncipe, que sorprende en primera instancia por su situación privilegiada y su emplazamiento majestuoso. El local fue abierto hace algo más de veinticinco años como una joyería y tiempo después se convirtió en el café que ahora es, frecuentado por los amantes de la charla tranquila. 

Llegamos al entorno del Teatro Real (metro Ópera). En la plaza de Isabel II podemos visitar el Café del Real, un pequeño recinto en el que se reúnen a partes iguales la bohemia y el turisteo.  El bullicio no impide escuchar buena música ambiente que puede oscilar de Jacques Brel a Ella Fitgerald al tiempo que  se degusta un mojito o un buen café aunque es extraordinariamente aconsejable el chocolate y, por encima de todo, la tarta de chocolate y de zanahoria. Absolutamente deliciosas.

Cuando cae la noche, la cedna puede hacerse en el Cafe Central (Plaza del Ángel) o en algún local del entorno de la plaza de Santa Ana. El Central es uno de los auténticos santuarios del jazz de la ciudad. Conserva su aspecto primitivo de antiguo almacén de cuadros aunque se ha restaurado con enorme acierto y por su pequeño escenario han pasado desde 1982 grandes figuras del género. La cena concierto es un gran placer. Por cierto, es conveniente reservar.

 

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra siguiente parada cafetera hará un alto de lujo en el café más antiguo de  la capital: El Comercial.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Jueves, 17 de mayo de 2012

El San Ginés, del centro de Madrid a llega Tokio…

Desayunar churros es una tradición que se remonta a principios del siglo XIX. Se cuenta que fue en las ferias ambulantes dónde se dio a conocer este producto, que no tardó en conquistar por igual a todas las clases sociales y que desde entonces es compartido por igual tanto por los más pudientes como por los más modestos.

Viajemos de nuevo a Madrid. En las cercanías de la calle Arenal y durante la mítica Edad de Oro del Café y la tertulia de la capital de España, allá por 1890, en plena restauración borbónica, se fundaba el mítico San Ginés, aprovechando un local que antes ocupaba un mesón y una hospedería. Se convierte así en la churrería más antigua de Madrid y, sin duda, en una de las más castizas de España.

Su ubicación, próxima al Teatro Eslava, y su apertura hasta la madrugada le han proporcionado durante muchos años una numerosa clientela, que tomó por costumbre ir a degustar el chocolate con churros, después de cada función. Lejos de convertirse en un lugar propicio para la tertulia, el local sí se ha convertido en un clásico en pleno centro de Madrid que además no es ajeno a la historia literaria. El mago del esperpento y tan conocido para nosotros, Ramón María del Valle Inclán retrató con su personaje Max Estrella aquella vieja buñolería modernista que se refleja en Luces de Bohemia  y que permanece en una placa pétrea en el exterior del local.

Ha pasado el tiempo y el San Ginés se ha exportado a miles de kilómetros, concretamente a Tokio. De mano de un empresario japonés, Hideto Maeda, el chocolate con churros ha llegado a la capital japonesa, con el nombre del San Ginés, que por primera vez en su historia ha exportado su historia fuera de España.  La idea nació cuando Maeda, presidente de la cadena Tokyo  Restaurants, recaló en Madrid hace dos años y se quedó prendado del  sabor y la textura del chocolate con churros de San Ginés,  replicados a la perfección en Tokio. Pero el entorno de edificios con grandes pantallas, luces de neón y calles abarrotadas de la metrópoli japonesa poco o nada tiene que ver con el madrileño callejón de madrileño que conduce al San Ginés.  Dentro, dos máquinas chocolateras giran el espeso líquido sin  cesar mientras una decena de camareras con camisa blanca y gorra  negra ensayan cómo pronunciar en español “chocolate con churros” . ¿Originalidades? Por ejemplo, el San Ginés de Tokio ofrece grandes churros en forma de corazón, que  pueden tener tonos rosas, azules o amarillos, en función del azúcar y chocolate multicolor. A los paladares más refinados se ofrece una versión más ligera  del chocolate con varios sabores: chocolate de frambuesa, de fresa,  de melocotón e incluso con sabor a té.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Miércoles, 16 de mayo de 2012

Torrente te recibe en el Novelty

Volvemos a este lado del océano y a un lugar con nombre propio en nuestra España que no es otro que el Novelty de Salamanca. Imaginar este local  sin la Plaza Mayor de esta ciudad es imposible. En el lado norte,  junto al ayuntamiento barroco, los amantes de los cafés de siempre tienen una cita imprescindible en la ciudad de las dos catedrales. A través de sus cristales y más aún desde una terraza imponente que se derrama sobre este enlosado de lujo, desde este privilegiado rincón salmantino puede apreciarse el bullicio exterior de una plaza noble y popular que, como los vinos de calidad, gana con los años y cautiva al visitante.

No cabe duda que todos los cafés tienen a alguien que les vincula estrechamente es el caso del Novelty con Gonzalo Torrente Ballester. En memoria de las tertulias en las que participó el escritor, una escultura ocupa una de las mesas Café Novelty, realizada por Fernando Mayoral y reciéntemente viajó también a Alemania, concretamente al Instituto Cervantes de Bremen, 

Una muestra más de la magia de Salamanca. Una ciudad envidiable. Su historia y su arquitectectura tiene paralelismos con nuestra Compostela. Por ello, la impresión que producen sus calles, el color de sus piedras y el sabor de su historia, la de suspiedras, impacta en menor medidaal visitante que llega de Santiago. En medio de todo ello apareceel Novelty, que cumplió un siglo en  2005. A pesar de ello, el tiempo en este local no está detenido en la nostalgia, a diferencia, por ejemplo, del Comercial madrileño del siempre legendario Café Gijón. El Novelty sobrelleva con honor el título de cafetería más antigua de la ciudad con el lujo de no haber sucumbido traumáticamente al nuevo milenio. Al contrario de lo que le ocurrió al cercano Corrillo, sustituido por una moderna multinacional de hamburguesas, el entorno monumental de la Plaza Mayor ha determinado en buena manera que el Novelty pueda seguir siendo un testigo imperturbable de la historia de la ciudad, al abrigo de los modernos peligros de la piqueta urbanística.

En más de un siglo de vida ha tenido  diferentes actividades. Ha sido Restaurante de lujo, Café Cantante, Botillería, Salón de Billares y muchas más cosas. Aquí se fundó en 1936 Radio Nacional de España y La Unión Deportiva Salamanca y se han escrito infinidad de artículos, reseña y novelas en las que aparece el Café Novelty. Ahora es sin duda el Establecimiento más conocido de la ciudad. El Café Novelty sirvió banquetes a notables personajes históricos como, Alfonso XIII, y ha sido lugar de encuentro y cita de numerosos escritores, artistas, políticos y todo tipo de gentes que acuden a él movidos por su fama y hospitalidad.

 No obstante, no fue hasta finales de los años setenta, cuando el Novelty adquiría el aire modernistade Belle Époque, que ahora mismo le caracteriza, con unas reminiscencias que todavía pueden verse en sus mesas ya desgastadas y en los espejos que cuelgan de sus paredes. Y sería además en esta década cuando este gallego ilustre, el ferrolano Gonzalo Torrente Ballester frecuentaba el local y las mismas tertulias que había iniciado años antes Miguel de Unamuno, rector de la Universidad salmantina o Agustín de Foxá, conde de Foxá y marqués de Armendáriz, que pasó a formar parte de la historia de la literatura española escribiendo sobre el mármol blanco de sus mesas. Y es que hablar del Novelty equivale, en cierto modo, a referirse a Torrente. Don Gonzalo, hijo adoptivo de la ciudad desde 1984, encarna mejor que nadie la vida literaria y de las horas perdidas en el Café con mayúsculas. A pesar del paso de los años, el espíritu del escritor y articulos que lo frecuentan dicen que el local invita a la divagación literaria y filosófica, la presencia de Torrente, más que a su prosa fluida, recuerda a las fi guras inmortalizadas de Pessoa en A Brasileira de Lisboa, Altemberg en el Central de Viena o Hemingwayen el Floridita de La Habana. Pese a la innegable presencia en espíritu de Carmen Martín Gaite, de Unamuno, de Juan Manuel de Prada y, por encimade todos, de don Gonzalo, sería incierto vincular exclusivamente el Novelty a la vida literaria eintelectual de la ciudad.A los salmantinos les encanta ir de tapas, es un vicio encantador que han sabido exportar a todo aquel visitante que se precie.

No hace falta nada más quedarse una vuelta por el entorno de la plaza mayor para comprobar que han convertido los pinchos en un tipismo de la ciudad y de qué manera: la tortilla, el jamón, o el pastel de gambas son sólo algunos de los ejemplos más conseguidos. A semejante conversión no se ha escapado ni el Novelty, modernizado hasta tal punto que se hatransformado en una de las heladerías más típicas de la ciudad. Los ejemplos más apetitosos: la avellana siciliana, el dulce de leche y el chocolate con naranja. ¿Y a quién no le apetece un café irlandés en el anochecer de la Plaza Mayor? No dejen de probarlo.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés

Martes, 15 de mayo de 2012

El Expresso Pocitos, una referencia centenaria en Montevideo

 Entre cafés, licores y tertulias  interminables el bar Expreso Pocitos de Montevideo ya se ha convertido en un templo centenario en uno de los típicos cafetines con pedegree del otro lado del Atlántico. Orgulloso de haber acogido a Gardel y servido a clientes tan exclusivos como el prócer uruguayo Jorge Batlle y Ordóñez, el Expreso Pocitos, más que una simple cafetería, es un testimonio de lo que es ser  uruguayo: las ruedas de amigos, la nostalgia, la democracia. 

 En sus mesas se han sentado, además de gobernantes, jueces del  Tribunal Supremo, conocidos deportistas y escritores de todas las  épocas. Sin embargo, el Expreso nunca ha dejado de ser un “lugar  familiar”, aseguran los responsables de un establecimiento  inaugurado el 10 de enero de 1910, uno de esos locales que nunca cierra. Desde …. es regentado por el gallego Manuel Ramos, que en 1962 y, con solo 18 años emigró a la capital uruguaya con 18 años. Ha sido determinante la influencia de Ramos y de los anteriores propietarios del local, los también gallegos hermanos Carrera, ya que ambos han dado al Expreso un aire indiscutiblemente español, presente en detalles como el formal  uniforme blanco y negro de sus camareros, el suelo de granito o la  sencilla decoración de sus paredes de madera.
    El Expreso nació como un almacén, donde sus fundadores, los  Costa, ofrecían a las familias del barrio fiambres y bebidas y un  rico pan de viena con jamón y queso. Esto sucedía en la primera mitad del siglo XX, cuando el barrio de Pocitos, donde está ubicado, comenzaba a explotar uno de sus grandes  atractivos: la playa.  Familias uruguayas, e incluso argentinas, iban a pasar los fines  de semana a orillas del Río de la Plata, mientras el Expreso, que  recibe su nombre de un ya desaparecido tranvía que recorría la zona,  conseguía poco a poco hacerse una clientela.
    Más aún cuando, a partir de los años 40, la edificación costera  dio paso a los bloques de edificios, donde empezaron a asentarse  familias de clase media-alta de Montevideo.
    Para 1934, cuando se traslada a su nuevo y actual emplazamiento,  en el emblemático edificio art decó “El Mástil”, situado frente al  lugar original, el Expreso se erige como “un centro social, de  reunión y de charlas”, apostilla el historiador Enrique Piñeiro.
    Entre sus leyendas sobresale una del mítico cantante de tangos  Carlos Gardel. Una noche en la que iba a actuar en un pequeño teatro  de Montevideo terminó cantando en el Expreso porque quería  interpretar ante un público más amplio.

El 10 de enero de 1910 el Expreso Pocitos abrió sus puertas en un local ubicado frente a donde está instalado actualmente. En sus años de existencia solamente tuvo tres propietarios: primero fueron los hermanos Costa, después los Carreras y desde 1974 está en manos de una Sociedad Anónima, de la cual Manuel Ramos es director.

Una de las particularidades que tiene el Expreso Pocitos, a diferencia de otros bares y cafés añejos, es que nunca cerró sus puertas. “Otros lugares tienen más años de existencia pero el nuestro nunca estuvo cerrado”, destacó Ramos, quien agregó que su negocio permanece abierto todos los días del año, y los viernes y sábados cierran a altas horas de la madrugada. No tienen un horario fijo y cierran cuando se va el último cliente. 

 A pesar de que muchos creen que el Expreso Pocitos es un bar de viejos y veteranos, su dueño se encarga de desmentirlo. “No es un café de viejos, depende de la hora del día; es muy variado el público. En las mañana y en la tarde, por lo general, hay más gente mayor, pero de noche hay mucha juventud. Si fuera un bar de viejos ya habría cerrado hace años”, señaló Ramos. 

Cualquiera que alguna vez haya pasado por la puerta del Expreso Pocitos seguramente haya visto a reconocidos políticos, escritores, periodistas, músicos y hasta deportistas de élite. “Es un lugar de encuentro y de referencia. Toda la vida vinieron políticos e inclusive a algunos piden el anexo para reuniones. No tenemos preferencia por ningún cliente, no me importa de que partido político sean, o si son de Peñarol o Nacional. Tratamos por igual a los clientes famosos y a la gente común y corriente”, dijo el propietario. Es común también ver en una misma mesa a políticos de diferentes partidos compartiendo un café. “Todos los políticos son amigos a pesar de sus diferentes pensamientos. Es muy común ver a diputados o senadores de diferentes partidos en una misma mesa”, explicó Ramos, quien contó que por su negocio pasaron desde José Batlle Ordóñez hasta los caudillos blancos y colorados de todas las épocas.

En la capital, los bares y negocios gastronómicos cada vez permanecen abiertos menos tiempo. La mala administración y quizás la falta de fortuna ocasionan el cierre de estos negocios. “El mundo cambia permanentemente y hay que adaptarse. Algún conocimiento tenés que tener; hay que dedicarle tiempo, ser humilde, tratar bien a la gente y ofrecerle buena mercadería. Hay negocios que nacen con mucha fuerza, llenos todos los días, y al año cierran. Creo que es por falta de constancia, y por desconocer lo que quiere y le guste a la gente. Yo hablo con mis clientes y los escucho siempre. Quizás sea mi clave del éxito”, confesó.

Fernando Franjo La vuelta al mundo en ochenta cafés