
Carta de abdicación de Eduardo VIII

Último discurso de Luther King


Os traigo hoy tres documentos históricos, pertenecientes a personajes bien diferentes.
El primero de ellos es el documento de abdicación del Rey Eduardo VIII de Inglaterra. Es uno de los documentos históricos que más curiosidad ha suscitado en mí, por su contenido y por su significado.
A la muerte de la Reina Victoria en 1901, la sucede su hijo primogénito, Eduardo VII y, cuando éste fallece, en 1910, es su hijo el que reina como George V. Cuando muere en 1936, le sucede su hijo mayor, el Duque de Windsor, que reina como Eduardo VIII… y es entonces cuando la Historia da un giro sustancial en el seno de una monarquía tan tradicionalista como la inglesa.
Apenas un año después, el Rey abdica porque se había enamorado de una mujer divorciada, Wallis Simpson. La férrea sociedad inglesa le dio a elegir: el trono o el amor. Y eligió el amor.
En su discurso de abdicación en favor de su hermano (George VI, el Duque de York), dijo algo muy aleccionador:
“Todos vosotros conocéis las razones que me indujeron a renunciar al trono. Quisiera haceros comprender que, al tomar esta resolución, no olvidé en absoluto el país ni el Imperio, a los cuales, primero como Príncipe de Gales y más tarde como Rey, dediqué veinticinco años de servicio.
Pero podéis creerme si os digo que me resultó imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad de desempeñar mis funciones como Rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer a la que amo”.
De modo que el trono pasó a manos de su hermano, George VI (padre de la actual Reina Isabel II), que falleció en 1952. Fue así como la actual Reina asumió un papel para el que, en principio, no estaba llamada, al estar fuera de la línea sucesoria directa. Por cierto: Isabel II ( la jefa de Estado de más países del mundo) fue coronada un año después de morir su padre, tras guardar un largo luto oficial.
El segundo documento es la chuleta del discurso que iba pronunciar el líder activista estadounidense Martin Luther King tres días después de ser asesinado (el 4 de abril de 1968). Lo había titulado “When you preach on Sunday” (“Cuando predicas en domingo”) y lo encontraron doblado en el bolsillo de su chaqueta.
En cuanto al famoso discurso que pronunció el 28 de agosto de 1963 (“Yo tengo un sueño”) está considerado por estudiosos de la retórica como el mejor del siglo XX, por su estructura.
Y el tercer documento, en dos hojas, es el testamento manuscrito que Franco nos dejó a los españoles en noviembre de 1975.
Seguro que os suena aquello de “llegada para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo” (que seguro que le tuvo unos cuantos días prestando declaración); pero a mí lo que me crispa es aquello de “os pido que perseveréis en la unidad y en la paz”. ¡Y esto nos lo pedía el dictador que dividió a España en dos y que nos metió en una guerra fraticida de tres años!
Dice mi padre que aquel parte de final de la Guerra Civil de 1939, que debía haber sabido tan dulce, por cuanto ponía fin a tres años de contienda y hambre, fue, en realidad, un “caramelo envenenado”. Era cierto que se acababa la guerra; pero empezaban cuarenta años de dictadura… y sed de libertad.