Hace casi ocho meses publiqué una entrada titulada ”Orgulloso de ser español”. Hoy, como demasiadas veces últimamente, me he sentido en cierto modo avergonzado de la imagen de España ante el ridículo hecho ayer por dos alumnos castellanomanchegos en el Parlamento Europeo en Estrasburgo.
Aunque algo había visto en la prensa sobre el polémico programa, reconozco no sin cierto alivio (estas son las “ventajas” de no vivir en España) que he tenido que googlear las palabras “Gandía Shore” y el nombre de Ylenia para poder ubicar dicho esperpento.
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No sé si se puede decir que esos dos chavales (omitiré comentarios sobre su nivel de inglés) ya no forman parte de “mi” generación, esa que tanto presume de ser la mejor preparada de la historia de España (así nos lo han repetido tantísimas veces), pero sería realmente trágico pensar que nos dirigimos hacia una “generación Gandía Shore”.
Aunque es un dato objetivo que contamos con más títulos universitarios que la generación de nuestros padres, soy de la opinión de que los jóvenes deberíamos ser un poco más humildes cuando a veces nos endiosamos sin valorar justamente todo lo que ell@s consiguieron con muchísimos menos medios que nosotros. No deberíamos olvidar que ell@s (en muchos casos dejando su país sin estudios y apenas formación y aprendiendo idiomas sin pisar una Escuela de ídem) lucharon con mucho esfuerzo, coraje y capacidad de sacrificio para que nuestra generación tuviera esa formación de la que hoy presumimos (aunque, paradójicamente, ahora sea aprovechada por otros países) y para ofrecernos unas posibilidades que entre los más jóvenes no siempre se saben valorar.
Puedo comprender que no sea fácil motivar a un quinceañero para que estudie y se forme cuando ve a sus hermanos mayores, primos o amigos con títulos universitarios, másters e idiomas haciendo las maletas para emigrar, pero resulta evidente que algo tendremos que cambiar en los valores que se fomentan en nuestra sociedad para evitar que una parte considerable de nuestros adolescentes se fijen en estos modelos o se planteen entrar en Gran Hermano como objetivo de futuro.
Me asusta muchísimo imaginar que posiblemente a este chaval mañana en su instituto (en lo que es un triste reflejo de nuestra sociedad) le lloverán las palmaditas en la espalda entre la admiración de muchos de sus compañer@s. Así nos va.















