Un año más, San Pedro en el extranjero

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Antes de que mi barrio se pusiese de moda, mis rodillas ya habían derramado litros de sangre en el antiguo terraplén del actual parque de la Trisca. Mi pequeño cuerpo había consumido el caudal anual del Sarela en la fuente de Campo do Forno y ya había sumado horas de espera a amiguetes o novietas a la escuálida sombra del Cruceiro de San Pedro antes de que nuestra rúa brillase en las portadas de la prensa local. barrio en festas

Ya había marcado más goles que Messi y Cristiano Ronaldo en sus carreras en el antiguo campo de tierra del C.X. Don Bosco (aquel en el que había que regatear la palmera) antes de que la peatonalización de mi barrio fuese tema de conversación entre quienes lo visitan contadas veces al año.

Mis padres llegaron al barrio en junio del 80 y la mayoría de sus vecinos siguen siendo los mismos de entonces o, en su defecto, su relevo generacional. Esas familias que viven en el barrio desde hace décadas fueron los pioneros en el apoyo al comercio local, haciendo la compra en la tienda de Pura, María o la señora Carmen; iban a cenar churrasco al Clodio pagando en pesetas lo que hoy se paga por un bocata en euros y se ponían al día de la vida del barrio tomando tazas de vino servidas por Suso en el Bar Cruceiro, en el Rey o en O Tranquilo.

Si hacía falta un producto de limpieza en casa, tu madre te mandaba a la Droguería Alfonso y si tenías suerte y te habías portado bien durante toda la semana, el domingo igual caía una docena de churros made in San Pedro. La prensa, las fotocopias y el material escolar eran competencia de O Camiño antes de que la globalización y Carlín aterrizasen en el barrio. Los partidos de liga se veían en el Frontier igual que hoy se ven en el Próspero´s y el pelo te lo cortaba Isaac o José porque Milenio todavía sonaba a una de aquellas pelis de ciencia ficción que podías alquilar en el Vídeoclub Cativ.

La comida italiana y turca todavía no habían llegado al barrio, pero los bocatas del Oasis todavía son recordados por aquellos que hoy tanto añoramos el legendario licor café del Mosquito. El Todo a cien anticipaba la oferta del actual Don Euro y la cesta de Navidad del Colegio Vilas Alborada se exponía en el escaparate de Muebles Mundo Juvenil. La Praza oito de marzo simplemente era “la de la Puerta del Camino“ pero en el Bar Sande el número de clientes por metro cuadrado ya era de récord Guiness cuando “improvisadamente“ sonaba la música en directo de Morgan y compañía.

Hoy, cuando desde la distancia veo todo lo que ha evolucionado y la envidiable salud cultural que tiene nuestro barrio, no puedo sino desear a vecinos y visitantes unas buenas fiestas en el que probablemente sea, no me cansaré de repetirlo, el mejor barrio del mundo :)

¡Boas festas!

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