Investidura nivel Sálvame

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Aunque yo (lamentablemente) no pago impuestos en España, reconozco que también me indignó ver  el espectáculo en que se convirtió por momentos el debate de (no) investidura de la semana pasada. Incluso, puntualmente, me pregunté si se trataba de “El Club de la comedia“ y si el siguiente en intervenir sería Leo Harlem. la vida sigue igual

Lejos de escandalizarme por un morreo prefabricado o el ofrecimiento celestinesco de su despacho con fines amatorios, lo que de verdad me sonrojó de Iglesias fue la rapidez con la que pasó de cargar contra el PSOE haciendo referencia a la cal viva a ofrecer en apenas horas a Sánchez “el pacto del beso“. Imagino que estas contradicciones son gajes de la memoria selectiva; compartida por aquellos que piden a los familiares de las víctimas de ETA olvidar el pasado de Otegi mientras ellos no se cansan de recordar la tragedia de una guerra civil que ni su generación ni la de sus padres vivió en primera persona.

Ante tales paradojas, ya no parece tan raro que quien puede transmutar de comunista a socialdemócrata en unos meses, también pase en apenas un par de días de hacer un comentario envenenado sobre el abrigo de una periodista a enfundarse un esmóquin para ir a los Goya.

Más allá de la moda, rastas o coletas, yo repito que había entendido el acercamiento de la clase política a la gente de la calle de otra forma. Será que yo soy de esos raros que entiende la identificación con nuestros representantes a través del mensaje, más allá de una  corbata o una camisa sin planchar por fuera del pantalón.

Además, y aunque me considero defensor del uso productivo de las redes sociales, me pregunto si es de recibo que muchos diputados comenten en Twitter las intervenciones de otros parlamentarios en tiempo real. Quizás sea deformación profesional, pero me parece cuando menos discutible este uso de unos dispositivos que no permitimos en nuestras clases cuando alguien (profesor o alumn@) se dirige al resto del grupo.

Ante este percal, todo parece oler a nuevas elecciones. Para que Iglesias (Julio, no Pablo 😉 no pueda poner la banda sonora a esta película con su “La vida sigue igual”, serían necesarios notables cambios. No son pocos los que piensan que Rajoy podría dar un golpe de efecto a toda esta situación cediendo el testigo y permitiendo a España tener un gobierno estable. Seguro es que, al margen de todos los escándalos de corrupción en el PP, la Historia tendrá que reconocerle a Mariano que fue él el Presidente que evitó al país, cuando su suerte pendía de un hilo, la caída al precipicio del rescate.

Lo realmente extraordinario sería que mañana, tras ese encuentro que tiene Rajoy con Alberto N. Feijóo, cambiásemos “Sálvame” por “Sorpresa, sorpresa”.

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