Los españoles y el arraigo

| 4 Comments

Paderborn, 3 de noviembre de 2013

Estimada Elvira:

Como español y arraigado, hoy me he sentido aludido al leer tu columna de opinión en “El País”.

Personalmente quiero pensar que, además de sentir esa morriña tan gallega, tengo la capacidad ser crítico (intentando ser objetivo) con lo que se cuece en mi país. Pero de igual modo que nos peleamos con un hermano para cinco minutos más tarde defenderlo con uñas y dientes ante la ofensiva de un tercero, creo que no es tan paradójica esa dicotomía que se siente cuando hablamos de España. inmigrantes_NY

Yo también posteé  en mi muro en las redes sociales el vídeo que mencionas en tu artículo. Lo hice porque me sentí de algún modo identificado y porque creo que refleja precisamente la situación de aquellos que preferirían vivir en su país y se ven obligados a emigrar. Y creo que precisamente ahí está la clave: en la voluntad de abandonar a la familia, a los amigos, al barrio o a tu ciudad, que es realmente lo que significa añorar a un país, más allá de topicazos rojigualdos o un pedazo de jamón o tortilla que saben igual en Manhattan o en un restaurante berlinés.

Coincido contigo en valorar positivamente la experiencia en el extranjero, razón por la cual opté voluntariamente por el Erasmus primero y por trabajar fuera de mi país después. Yo tomé esa decisión de modo consciente en su día con la inocencia de creer que ampliar horizontes me ayudaría a crecer para volver mejor preparado a mi casa. El problema es que, a posteriori, ese regreso se ha convertido en poco menos que utópico.

Después de pasar mi Erasmus sin Internet, con contactos telefónicos semanales y experimentar luego el tedio de Europa 15; te puedo asegurar que bendigo el Skype entre todos los medios, porque además de hablar (gratis), nos permite VER a aquellos que tenemos tan lejos. Gracias a él, mis sobrinos reconocen mi cara cuando voy de vacaciones a España, aunque mi ahijada se sorprendiese al principio de verme en vivo sin el marco de la pantalla. Con todo, ni 24 horas de Skype llenan el hueco de ese universo protector ni reemplazan una vida en España.

Aunque no lo sé, pienso que es posible que tu opción de vivir en Nueva York también haya sido voluntaria. En cualquier caso, imagino que tienes (por méritos propios) la opción de regresar y ganarte muy dignamente la vida en tu país. Lamentablemente sabes que no todos podemos decir lo mismo.

Difiero en tu apreciación sobre la exclusividad nostálgica de los españoles. Yo creo que los argentinos, ecuatorianos, colombianos o mexicanos también añoran sus orígenes. Incluso a día de hoy los individualistas estadounidenses (pueblo emigrante por antonomasia) expresan con frecuencia de modo pomposo su amor por su país. De nuevo la gran diferencia es, posiblemente, si la persona tratada se encuentra en un exilio temporal o indefinido; obligatorio o voluntario.

Sí coincido de nuevo contigo en que la estancia en el extranjero (efectivamente homérica en algunas ocasiones) nos hace a todos más sabios y más fuertes. Lo fantástico sería que pudiésemos regresar algún día importando lo aprendido para hacer de nuestro país un lugar un poquito mejor.

Un sincero saludo de admiración,

Lito Vila Baleato

4 Comments

  1. Como das a entender con “Lo hice porque me sentí de algún modo identificado y porque creo que refleja precisamente la situación de aquellos que preferirían vivir en su país y se ven obligados a emigrar. Y creo que precisamente ahí está la clave: en la voluntad de abandonar a la familia, a los amigos, al barrio o a tu ciudad, que es realmente lo que significa añorar a un país, más allá de topicazos rojigualdos o un pedazo de jamón o tortilla que saben igual en Manhattan o en un restaurante berlinés.”, o meollo da cuestión é que se emigre voluntariamente ou obrigado pola situación económica, política, etc.
    Para min emigrar e facelo obrigado polas circunstancias.
    O que sae do seu país por vontade propia é aventura, turismo, ansias de mellorar, etc.
    Moi acertada a entrada do blogue

    • EMIGRAR para mín é traballar fora do lugar de orixe, mesmo incluso no mesmo Estado, ainda que sexa por vontade propia ou por ansias de mellorar. O que é sangrante é verse obrigado a facelo ante a ausencia de alternativas. Os españois somos posiblemente máis morriñentos que os centroeuropeos porque para nós –ademáis dos amigos- os vínculos familiares seguen a ter, polo xeral, un peso moi importante. E ogallá que sexa así por moito tempo. Saúdos!

  2. Pingback: Transmigrantes | La generación de la burbuja

Deja un comentario

Required fields are marked *.