Introducción a Asia, con Costa Cruceros

Aparte de nuestro Marenostrum, el orbe es un vasto espacio con fascinantes alternativas. Asia, no es un destino habitual, y Costa Cruceros lleva algunos años apostando fuertemente por zona, con un amplio plantel de cruceros a precios muy interesantes. Deseoso de nuevas experiencias el Costa Allegra se presentaba como la elección obligada, en una escapada entre Singapur, a Hong Kong, tocando las escalas más excitante de un mercado emergente como Vietnam, a un buen precio.

La preparación implica elegir la compañía perfecta para volar. Y no podía ser de otra forma que probar el mastodonte A380 de Singapore Airlines desde Londres.

Y sobre todo experimentar en primera persona, además del encanto de sus famosas “Singapore Girls”, la suavidad del avión, y sobre todo su imbatible servicio a bordo, y el completísimo sistema de entretenimiento audiovisual, que ha convertido a la aerolínea en lider. Si principios de julio significa comienzo de época de tormentas, y el pronóstico para Singapur ese día no era favorable, la aproximación fue suave, colorista, y con un precioso sol que daba rabiosas pinceladas de verde, a un paisaje tropical recién mojado. Aeronáuticamente hablando, tampoco promete demasiado  o por lo menos en “porky class”. Asientos duros, algo más de espacio, un buen programa audiovisual, y particularidades como un despegue lento, y nivel sonoro imbatible.

Singapur, calificado por muchos, como el país más aburrido del mundo, por ser milimétricamente ordenado como un reloj suizo en donde se prohíbe desde escupir, correr, hasta tirar chicles o gritar, fue una agradable sorpresa. Con un calor sofocante, la ciudad estado, se nos presenta como un mosaico de contrastes de culturas, perfectamente encajadas.

En una ciudad con desarrollo urbano, y nivel de vida envidiable, diversos barrios étnicos se alternan en la ciudad sin molestarse. Zona malaya, Little India y Chinatown, el parque de atracciones de Sentosa, cuyo teleféricos cruzan encima de nuestro coqueto barco, o el modernísimo distrito financiero con sus enormes torres, trufado con diminutos barrios coloniales británicos, y recoletos  centros comerciales.

El Costa Allegra se encontraba lejos de casa, y ha mutado su rostro. Desde un minimalismo inicial, a toques clásicos en su ultima readaptación. Pequeñito, pero estable y resultón hasta punto de ser familiar. Pasaba largos ratos en el bellísimo y sereno Bar Murano: una especie de capricho de cristal azul con atrevidos tonos granates, que resulta rabiosamente moderno y acogedor. La piazzeta especie de lugar versátil para todo tipo de eventos, o el envolvente Teatro a modo de selecto Cabaret.

Los días de navegación por el plácido mar de China, de un azul rabiosamente brillante, nos hacen descubrir la “vida” Costa, o relajarnos tras intensas jornadas. Largos días de sol y descanso, animadas jornadas llenas de actividades, y en el caso del Allegra, personalización del servicio que significa la implicación directa hasta de su capitán Massimo Penisi con los pasajeros. Y quizás una de las mejores tripulaciones que he visto en mi vida. Placer de dioses viajar en barcos pequeños medios, como los que Costa ha posicionado en la zona. La idea es huir de las muchedumbres, y ofertar una experiencia más individualizada.

Entrar en Vietnam es evocador, como una especie de dragón que se despierta paulatinamente. Tras años curando las heridas físicas y del alma de una de las contiendas más brutales de la historia, el país mira al horizonte con espíritu renovado. Los barcos de crucero remontan pausadamente los meandros del Rio Saigon hasta Ho Chi Ming, la antigua Saigón mientras contemplamos la incesante actividad en sus aguas y orillas. Poco a poco, se despierta la urbe, y al llegar, descubrimos una explosión de vitalidad de miles de motocicletas, que como un enjambre pululan por cada esquina. Y es que la sempiterna sonrisa de los vietnamitas nos muestra la clave de su carácter. No olvidar, pero perdonar con una extrema dulzura.

Atrás quedan las omnipresentes bicicletas los, trajes de corte Mao, la estructura estatalista, y los paranoides cartales contra el imperio americano. Ahora lo mas “in” es parecerse cada vez mas a su vecino Singapur e imitar a occidente a toda prisa. El centro se llena de hoteles, los móviles son un cotizado tesoro, junto con los internet cafés. La fiebre consumista llena de marcas la calle, y los primeros potentes automóviles de marcas de prestigio comienzan a aparecer. Sin embargo, a poco que nos esforcemos veremos que estamos en la Asia tradicional. Mercados, antiguos templos, y una minúscula parte colonial que se mezcla con rascacielos que a toda prisa se levantan.

Todavía, la Guerra sigue siendo un reclamo turístico, y mientras Hollywood siga fomentando el mito Vietnam, seguiremos siendo cautivados por los símbolos del conflicto. Aunque con menos énfasis, los Vietnamitas seguirán sacando polvo a dos puntos esenciales, con una mezcla de orgullos y adoctrinamiento, El Palacio Presidencial y el Museo de La Guerra son visitas claves.

Da Nang, nuestra segunda escala es la puerta al Vietnam profundo. Aparte de excitantes excursiones a las Montañas de Mármol, o My Song, la duda es: Hoi Am o Hue. Y no; en un día no es posible hacer las dos. Hoi Am  es un típico pueblecito medieval, con casitas intactas, un encantador puente japonés, que parece haber sido sacado de un grabado en laca de cualquier estampa china, y artesanos en los que destacan los sastres que copian cualquier modelo en pocas horas.  Aunque la tradición y encantos de Hoi Am son legendarios opté por la parte más monumental del viaje, con la visita de la ciudad imperial de Hue, en su día más opulenta que la Peking.

Tras una ruta terrestre viendo lo más típico del país, entre arrozales, paisajes hermosos, pueblecitos de carretera llegamos a las tumbas reales, que  jalonan el mítico Río del Perfume. Caprichos arquitectónicos, que nos devuelven a otras épocas, de una Vietnam intemporal de pagodas, salas decoradas con lacas, majestuosos templos y palacios que explotan con todo su esplendor en la ciudad imperial de Hue. Disfrutamos la vuelta, cruzando el puerto de Hai An mientras una rabiosa tormenta tiñe el cielo de un negro color azabache.

La Bahía de Halong, parece sacada de un cuento oriental. Los barcos de tamaño medio, pueden entrar directamente al fondo de la Bahía, entre promontorios que despuntan desde unas pausadas aguas verdes. Es una visión tan intensa y ensoñadora que nos parece vislumbrar algún dragón saliendo detrás de las montañas. Veleros típicos Sampang, convertidos en restaurantes flotantes, y pueblos flotantes, ponen la pincelada de tipismo en un paisaje celestial, y sobre todo pausado, en donde no existe el ruido, el agua discurre de forma tranquila.

Con melancolía, nos encaminamos a Hong Kong, en donde los cristales brillantes de sus rascacielos brillan al amanecer. Urbe multicultural, rabiosamente moderna, la cara hermosa y lujosa de china, en donde tradición y modernidad se funden en sus calles. Centros comerciales, con mercados chinos, puestos de comida local con lujosos restaurantes. Ciudad acuática, y de cemento cristal, paraíso de compras, y que es la puerta perfecta para volar a cualquier parte del mundo, desde uno de los aeropuertos más modernos del mundo. Junto con Singapur, es también inicio de gran parte de los cruceros de Costa

Cualquier travesía por la zona, sabe a poco, y antes de partir estaremos echando de menos las estampas que se nos hicieron soñar en exóticos mundo de magia. Aunque mi travesía fue una especie de aperitivo, abre el apetitito para completar la ruta, con otros cruceros de la naviera con escalas, tan sugerentes en otros países como China, Indonesia, Brunei, Corea, Japón, Filipinas, Borneo, etc.

Ninguna naviera ofrece una selección tan extensa y cuidada, y con la experiencia de una compañía que acaba de cumplir 60 años de experiencia y buen hacer. Y sobre todo, sabor latino. El broche final es un cómodo vuelo en Virgin Atlantic vía Londres, con un servicio a bordo en su “Premium Economy”. Una especie de cosa híbrida entre turista y business a precios razonables.

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