Es evidente que la Iglesia Católica tiene una gran ascendencia sobre el Estado español y los Españoles. Y esto debería provocar un ejercicio de responsabilidad máxima, por parte de los miembros de esa misma Iglesia, mucho más cuanto más elevado es su estatus dentro de la organización. Sinceramente, no sé en qué siglo se quedo anclada la Iglesia, pero evidentemente no fue en uno muy actual, ya que los actos y aportaciones de los miembros activos de esa Institución no concuerdan en nada con los tiempos en que vivimos.
Me remito a algunas de las “perlas” que se pueden encontrar en cualquier medio: “Si la mujer aborta, el varón puede abusar de ella” , del Arzobispo de Granada. “Hay menores que desean el abuso e incluso te provocan”, del Obispo de Tenerife. “Existen males mayores que los que están sufriendo “los pobres” en Haití, como nuestra pobre situación espiritual”, del Obispo de San Sebastián. “El derecho a la vida de fetos y embriones es más importante que las vidas arrasadas de los niños abusados en nuestros colegios.”, del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y Cardenal. “El amor físico no es la felicidad del hombre. Si eso fuera así, las personas más felices del mundo serían las prostitutas. “, del sacerdote Jorge Loring. Y cientos más, ya sin querer entrar a mencionar ningún acto que estos señores pudieran haber cometido.
Nunca tuve un convencimiento mayor que el de que la Iglesia Católica juega un papel erróneo en la sociedad y el mundo en el que vivimos, ya no solo por su criterio en cuanto a la moralidad, su falta de evolución y su incansable afán por conducir las vidas de sus fieles. Lo que me resulta sangrante es el hecho de que inviertan en bolsa, inmatriculen bienes inmuebles de los que no son propietarios sólo para prevenirlos “de que se le den otros usos”, soliciten ayudas para la conservación de los templos que tienen en propiedad, y un largo etcétera. En definitiva, que actúen como una empresa patrocinada por el Estado y sus seguidores, casi siempre con el consentimiento del Estado.
España es un país aconfesional, independiente de cualquier organización o confesión religiosa, como indica el artículo 16 de la Constitución. Aunque aquí también se indica que “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Pues bien, esta cooperación le reporta a la Iglesia una financiación de más de 6000 millones de € por parte del Estado, añadiéndole 252 millones de € de donaciones en el IRPF marcando la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta y unos beneficios fiscales determinados.
Viendo los recortes que tenemos que sufrir todos los Españoles, entre los que se incluye la retirada de la tarjeta sanitaria a los que llevan más de 1 año en el paro, los recortes en salarios y en pagas extraordinarias de funcionarios, yo propongo que nos dejemos de nimiedades. Vamos a ahorrar dinero de verdad, en mayúsculas: AHORRO. ¿Cómo hacemos esto? Con la supresión de los siguientes gastos, en cantidades aproximadas:
- Financiación de centros educativos con ideario propio (católico) por parte de las Comunidades. 3800 millones de €.
- Profesores de religión de las escuelas. Se eliminaría esa asignatura. Hay alrededor de 30.000 profesores en España, con un gasto de 600 millones de €.
- Exenciones tributarias a la Iglesia. 900 millones de €.
- Capellanes hospitalarios y penitenciarios. En torno a 900 en España. 15 millones de €.
- Ayudas de Comunidades y Ayuntamientos para el sostenimiento, reforma y conservación del patrimonio artístico e inmobiliario. 350 millones de €.
- Desgravaciones del IRPF por donaciones a la Iglesia. 80 millones de €.
- Apoyo estatal a las universidades controladas por la Iglesia (Deusto, Navarra…), Facultades eclesiásticas, centros teológicos, colegios y escuelas universitarias e institutos superiores. 250 millones de €.
- Donaciones directas o indirectas de ayuntamientos a cofradías, desfiles procesionales, romerías y actos religiosos. 100 millones de €.
La iglesia Católica tiene la maquinaria y el potencial económico suficiente como para poder autofinanciarse por medio de las donaciones en el IRPF, donaciones de feligreses en las iglesias, donaciones privadas, donaciones a sus organizaciones de ayuda o caridad (caritas, manos unidas, casas de caridad…), inversiones inmobiliarias y en bolsa, etc.
El Estado Español dispondría de más de 6000 millones de € para reducir déficit, invertir en sanidad, prestaciones, ayudas sociales, caridad, préstamos a familias, financiación para PYMES y autónomos o, ¿por qué no?, todo a la vez.