Pena Elástica
Una de mis citas favoritas es la siguiente: “Todo hombre que en un momento determinado decide desempeñar el papel de sacerdote, empieza diciendo “no quiero sermonearte”, y acto seguido procede a faltar a su palabra”.
Yo, personalmente, Tengo tendencia a no sermonearme, pero sí a pensar concienzudamente en mis defectos. El problema es que tengo una incapacidad manifiesta para organizarme de forma productiva en cualquier entorno que no sea el laboral. La confianza depositada en mi persona y el hecho de que me paguen por hacerlo, y siempre de la forma más eficiente, me induce un estado en el que en condiciones normales no soy capaz de vivir. Supongo que a eso se le llamará responsabilidad. Con el resto de las cuestiones, las que no tienen tanta importancia para el devenir de nuestra vida ordinaria, tengo una relación liberal, más flexible, hasta diría olvidadiza. Resulta imprescindible el esforzarme por realizar estas actividades, pues todos los pequeños detalles en la vida son igual de importantes.
Esta cita sale de un libro, con lo cual aprovecho para confesar mi recientemente adquirida pasión por la lectura, arte casi desconocido para mí, pero al que le voy cogiendo un gustillo casi enfermizo. De este vicio puedo extraer dos conclusiones definitivas. La primera, me encantan las historias con diálogos inteligentes y cargados de sabiduría e intención. No hay como una dosis de cultura embutida en frases bien construidas que nunca podría hilar cualquiera de notros en una conversación normal con tanta claridad meridiana, a excepción de cierta gente con una capacidad para la oratoria improvisada fuera de lo común. Esas conversaciones que solo se dan en la cabeza de algunos privilegiados y que, afortunadamente, tienen a bien compartir con nosotros tras haberlas plasmado en un folio. Esas conversaciones que no te dejan indiferente y te hacen pensar, tanto incluso, que llegas a conocerte un poco más a tí mismo.
La segunda conclusión es que no me gustan las descripciones exageradas, limitan mi capacidad para recrear la historia a mi modo y me aburren. Le resta encanto el hecho de que no queda nada sujeto a la imaginación del lector, y esa es una forma diferente de meterse dentro de la trama. Todo demasiado masticado, como estas películas americanas que te desgranan la historia en flashbacks al final por si no te enteraste bien qué pasó. Esa parte que siempre pensamos que sobra y que nos ofende personalmente, pues nos parece que nos tratan como tontos.
Y no se qué es peor, si ser tonto o que te traten como tal.
Acabo de leer una novela política. En ella, un Ministro de Justicia X, de un país Y (llamémosles España al País y Gallardón al Ministro), se carga de un plumazo la presunción de inocencia. Basándose en que un delincuente convicto y con la pena ya cumplida puede permanecer recluido hasta 10 años más de lo que duraba su condena si un juez estima que puede llegar a delinquir de nuevo, se entrelazan las historias de varios grupos de personas, violadores, pederastas, terroristas, victimas y familiares de los agredidos…
La trama no es del todo novedosa, pues ya la pudimos ver en “Minority Report”, donde se detenía a los agresores antes de que cometieran sus delitos, gracias a unos trillizos con poderes para visualizar el futuro. La cosa acabó mal.
Este caso es un poco más realista, pues se escribe en un tiempo actual y en un lugar conocido, y cambia a trillizos visionarios por jueces de vigilancia penitenciaria con capacidades adivinatorias. Deben decidir si los reos están en condiciones de reinsertarse o no.
El verdadero arte de la obra reside en su polémico discurso, pues posee la capacidad para obviar el hecho de que un reo ya salda su deuda con la sociedad en el momento que cumple su condena. Hace lo mismo al hablar de la reinserción social, pues establece objetivables las posibilidades de volver a delinquir del preso, incluso antes de pisar la calle, por lo que cuantifica el nivel de éxito de la reinserción social, pudiendo privar al condenado de la libertad hasta en 10 años después de haber cumplido su condena íntegra, si los cálculos no resultan satisfactorios.
Es gratificante la lectura de la obra, pues nos encontraremos constantemente con situaciones con las que no estamos de acuerdo y que nos parecen reprobables. Veremos cómo se teje todo el sistema jurídico para integrar estos cambios en el sistema actual y cómo se crea un nuevo sistema que va más allá de las pruebas objetivas que se aportan el los juicios y de las condenas tipificadas para cada delito en el código penal. La era de la pena elástica.
Afortunadamente es solo una obra de ficción y no hay posibilidades de que vuelva a pasar, como ya sucedió cuando el Gobierno decidió declarar a todo el que compra un CD, impresora, scanner, pendrive, etc, culpable de piratería. La presunción de inocencia es una regla jurídica inquebrantable… o no…





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