Martes, 2 de octubre de 2012

Politīa: bajo las órdenes de las autoridades políticas

Después de las vacaciones vuelvo a mi blog, mi reducto de paz. Esa paz que solo se consigue cuando uno expulsa todo lo que lleva dentro y le atormenta, de un modo u otro y en mayor o menor medida. Qué duda cabe, qué bien sienta cuando uno se desahoga a gusto. La mejor de las terapias en momentos difíciles.

Y no es nada fácil hacerlo de forma ordenada, argumentada y sin ofender. Requiere grandes dosis de autocontrol y ser bastante  “políticamente  correcto”, ese término tan usado para todo lo que signifique “no decir lo que uno piensa de verdad” o “adornar la realidad para pintar como bonito o pasable lo que es horrible”.

Como no estamos en tiempos de ser “politicamente correcto”, existe una técnica alternativa para el desahogo común: la ironía. El problema es que no siempre se entiende lo que realmente quieres decir, depende en gran medida de la capacidad de leer entre líneas del que recibe los argumentos y de lo acuerdo que esté con ellos. Siempre ante cuestiones ambiguas es más fácil quedarse con la parte que más se ajusta a nuestros pensamientos. El resultado, todos contentos… o ninguno.

Si yo soy capaz de ejercer mi responsabilidad, en un texto que tal vez no mucha gente lee, en un medio público y bajo mi completa responsabilidad pues es un artículo de opinión, por el que no percibo retribución alguna y lo hago como hobbie y pasión, no entiendo cómo por otras partes del mundo se puede ejercer la responsabilidad a medias, o la NO-responsabilidad más absoluta (peor que la irresponsabilidad, que se puede cometer por error)y encima ver aplausos por ello.

Nigel Farage, un eurodiputado que me tiene ganado el corazón desde hace más de un año, cuando lo descubrí en el youtube, dijo ya hace dos años en la Eurocámara, hablando del rescate a Irlanda y el posible rescate a España en algún momento, una frase que retumba en mi cabeza: “Si le robas a la gente su identidad , si les robas su democracia, entonces todo lo que les quedará es el nacionalismo y la violencia”.

Y en esas estamos. Con la cada vez más creciente sensación de ser solo un número para el Estado, un número en las listas del paro, un número de la Seguridad Social, un número, en definitiva, del que echar mano para llenar las maltrechas arcas del Estado a base de subidas de impuestos, directos e indirectos y de recortar los beneficios del Estado de bienestar, se pierde la identidad.

La democracia nunca fue muy participativa, más allá de rellenar un sobre con una papeleta y meterlo en una urna cada cuatro años. Con la mayoría absoluta del gobierno actual, que ya incumplió todas las promesas del programa electoral, la sensación de desconfianza y alejamiento de la clase política con el pueblo es palpable. “No nos representan”, se escucha allá donde oigas hablar del tema.

Y la realidad es que, pese a un panorama tan oscuro, negro, los Españoles seguimos siendo pacíficos y ejercemos nuestro derecho a pataleta y a hacer que nos escuchen con manifestaciones. Nos manifestamos con cordura y respeto, salvo por las apariciones de los tontos de siempre que revientan todo acto de reivindicación popular. Todo esto pese a la presión a la que nos vemos sometidos. La historia siempre acaba igual. Cargas policiales por doquier, una violencia desmesurada y la sensación de opresión, sumisión, avasallamiento, silencio, aborregamiento y, sobre todo, vejación y maltrato.

La actuación de la policía está del todo fuera de lugar, pues están para protegernos y garantizar la paz y el orden. Incluso para dispersar concentraciones ilegales. ¿La carga indiscriminada, la persecución de las masas hasta bares y estaciones de metro, el no identificarse, la ameneza a viandantes y periodistas por grabar, entre otras muchas florituras forman parte de las capacidades de actuación de los que deben protegernos?

¿Merecen estas actuaciones un aplauso por parte del Gobierno? ¿Este es el ejercicio de responsabilidad de un Gobierno que representa a todos los españoles y gobierna para ellos? ¿Acaso están sentando las bases para que la ruptura entre el Estado y la ciudadanía pase de ser un desencanto a un hecho?

El nacionalismo ya apareció. ¿Cuánto falta para que aparezca la violencia a gran escala? Que alguien ponga algo de cordura en este despropósito, porque cuando llegue la furia no va a haber vuelta atrás.

Es como todo...

Viernes, 13 de julio de 2012

Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.

Como una película en blanco y negro, de esas antiguas y que nos encanta ver, por su trama retorcida y acción lenta, que se desarrolla casi en capítulos bien definidos y cuyos actores, excepcionalmente escogidos, convierten a la pieza en una obra de arte.

Como suele suceder en obras maestras, el desenlace resulta del todo inesperado para el gran público. El actor que nos levanta las mayores simpatías, el que pasa inadvertido o en el que depositamos toda la confianza para que solucionara la situación con sus promesas de cambio y su positividad, torna en todo lo contrario, produciendo estupefacción mientras lo vemos como verdaderamente es y que nos hace replantearnos profundamente nuestro criterio.

La perfección de la obra radica en su capacidad para desgranar la trama bajo sutiles destellos, casi imperceptibles, que una vez destapado el desenlace cobran vida. Como los flashbacks en las películas americanas, que nos juntan al final todas las piezas de ese puzzle que, pese a tenerlo delante de los ojos todo el tiempo, nunca quisimos construir.

La política, con la economía como hilo conductor es, a día de hoy, la mejor y más retorcida película que podemos narrar. Es tan elevado su nivel de perfección que consigue interactuar de tal modo con el público que éste se convierte en el perjudicado final, haya comprado una entrada o no.

El problema de nuestra producción es que se engloba dentro del género de la ciencia ficción y ya se sabe, como se te vaya un poco la mano pasas de una gran película a una fantasmada. Para que no queden dudas voy a desgranar un poco el argumento de la obra:

Lo que en un principio fue la promesa de paz y gloria, con una conquista de la galaxia Europa únicamente repartiendo sonrisas y buenos deseos subidos en una bonita lanzadera espacial, se convirtió en un retroceso a la época de los faraones, gracias a la reforma laboral. Ahora somos todos esclavos del emperador Rajoy y su hijo Montoro I, y nos vemos obligados a construir sus pirámides financieras de nuevo, ya que las anteriores cayeron por su propio peso por falta de control en el proyecto.  El problema son las prisas. Exigiendo más esfuerzo al esclavo y reteniendo más de su comida diaria solo conseguirá mermar su rendimiento y tener menos esclavos en situación de trabajar, por lo que la construcción no ira más rápido, todo lo contrario.

Y llegados a este punto comienzan los latigazos, se reduce la cantidad de comida para los que no trabajan, los ancianos comienzan a pagar por sus vitaminas y un largo etcétera de medidas que no favorecen a los esclavos. Para eso lo son, que no piensen que tienen derechos. Si queda alguna duda, os remito a la Emperatriz Fabra, a ver que os dice…

Con la presión sobre los esclavos, se produce un retroceso del comercio del pueblo, y mucha más gente sin ocupación ni raciones de comida, así que el Emperador ve mermado su capital.

Como opción para mantener los ingresos llega también el recorte a los arquitectos y trabajadores del Faraón. Si en su contrato de obra decía 14 pagas de comida, ahora serán 13, que una es extra, como si te la regalaran.

Los asesores del Faraón también tienen 14 comidas, pero como 2 las reparten entre las otras 12 a esos no les quitan nada. Aparte  de tener raciones el resto de la vida por los servicios prestados. Hay que tener ojo para gestionar contratos.

Una vez desgranada la trama principal, podemos concluir pues, que esta nuestra política Española tiene todos los ingredientes para que el filme tenga un éxito desbordante de críticas…digo, para la crítica. Qué lapsus…

Gracias al señor Presidente por ganarse nuestra confianza, mantener la tensión y hacernos sufrir en un final, que no por esperado, deja de ser igual de dramático. Buena interpretación y buen reparto secundario.

Es como todo...

Lunes, 14 de mayo de 2012

Pena Elástica

Una de mis citas favoritas es la siguiente: “Todo hombre que en un momento determinado decide desempeñar el papel de sacerdote, empieza diciendo “no quiero sermonearte”, y acto seguido procede a faltar a su palabra”.

Yo, personalmente, Tengo tendencia a no sermonearme, pero sí a pensar concienzudamente en mis defectos. El problema es que tengo una incapacidad manifiesta para organizarme de forma productiva en cualquier entorno que no sea el laboral. La confianza depositada en mi persona y el hecho de que me paguen por hacerlo, y siempre de la forma más eficiente, me induce un estado en el que en condiciones normales no soy capaz de vivir. Supongo que a eso se le llamará responsabilidad. Con el resto de las cuestiones, las que no tienen tanta importancia para el devenir de nuestra vida ordinaria, tengo una relación liberal, más flexible, hasta diría olvidadiza. Resulta imprescindible el esforzarme por realizar estas actividades, pues todos los pequeños detalles en la vida son igual de importantes.

Esta cita sale de un libro, con lo cual aprovecho para confesar mi recientemente adquirida pasión por la lectura, arte casi desconocido para mí, pero al que le voy cogiendo un gustillo casi enfermizo. De este vicio puedo extraer dos conclusiones definitivas. La primera, me encantan las historias con diálogos inteligentes y cargados de sabiduría e intención. No hay como una dosis de cultura embutida en frases bien construidas que nunca podría hilar cualquiera de notros en una conversación normal con tanta claridad meridiana, a excepción de cierta gente con una capacidad para la oratoria improvisada fuera de lo común. Esas conversaciones que solo se dan en la cabeza de algunos privilegiados y que, afortunadamente, tienen a bien compartir con nosotros tras haberlas plasmado en un folio. Esas conversaciones que no te dejan indiferente y te hacen pensar, tanto incluso, que llegas a conocerte un poco más a tí mismo.

La segunda conclusión es que no me gustan las descripciones exageradas, limitan mi capacidad para recrear la historia a mi modo y me aburren. Le resta encanto el hecho de que no queda nada sujeto a la imaginación del lector, y esa es una forma diferente de meterse dentro de la trama. Todo demasiado masticado, como estas películas americanas que te desgranan la historia en flashbacks al final por si no te enteraste bien qué pasó. Esa parte que siempre pensamos que sobra y que nos ofende personalmente, pues nos parece que nos tratan como tontos.

Y no se qué es peor, si ser tonto o que te traten como tal.

Acabo de leer una novela política. En ella, un Ministro de Justicia X, de un país Y (llamémosles España al País y Gallardón al Ministro), se carga de un plumazo la presunción de inocencia. Basándose en que un delincuente convicto y con la pena ya cumplida puede permanecer recluido hasta 10 años más de lo que duraba su condena si un juez estima que puede llegar a delinquir de nuevo, se entrelazan las historias de varios grupos de personas, violadores, pederastas, terroristas, victimas y familiares de los agredidos…

La trama no es del todo novedosa, pues ya la pudimos ver en “Minority Report”, donde se detenía a los agresores antes de que cometieran sus delitos, gracias a unos trillizos con poderes para visualizar el futuro. La cosa acabó mal.

Este caso es un poco más realista, pues se escribe en un tiempo actual y en un lugar conocido, y cambia a trillizos visionarios por jueces de vigilancia penitenciaria con capacidades adivinatorias. Deben decidir si los reos están en condiciones de reinsertarse o no.

El verdadero arte de la obra reside en su polémico discurso, pues posee la capacidad para obviar el hecho de que un reo ya salda su deuda con la sociedad en el momento que cumple su condena. Hace lo mismo al hablar de la reinserción social, pues establece objetivables las posibilidades de volver a delinquir del preso, incluso antes de pisar la calle, por lo que cuantifica el nivel de éxito de la reinserción social, pudiendo privar al condenado de la libertad hasta en 10 años después de haber cumplido su condena íntegra, si los cálculos no resultan satisfactorios.

Es gratificante la lectura de la obra, pues nos encontraremos constantemente con situaciones con las que no estamos de acuerdo y que nos parecen reprobables. Veremos cómo se teje todo el sistema jurídico para integrar estos cambios en el sistema actual y cómo se crea un nuevo sistema que va más allá de las pruebas objetivas que se aportan el los juicios y de las condenas tipificadas para cada delito en el código penal. La era de la pena elástica.

Afortunadamente es solo una obra de ficción y no hay posibilidades de que vuelva a pasar, como ya sucedió cuando el Gobierno decidió declarar a todo el que compra un CD, impresora, scanner, pendrive, etc, culpable de piratería. La presunción de inocencia es una regla jurídica inquebrantable… o no…

Es como todo...

Martes, 17 de abril de 2012

Kleenex en el semáforo

Algunas veces, de camino para casa, paso por una zona donde se encuentran prostitutas. Éstas, siempre que me ven pasar con los perros los saludan muy sonrientes y se muestran muy cariñosas con ellos. Debe ser uno de los pocos momentos de distensión que tienen a lo largo de la jornada. Estas señoras se pasan todo el día a pie de calle, apoyadas en el marco de la puerta, ofreciendo su cuerpo semidesnudo al que pueda pagar sus servicios. Y, cuando están enfocadas en esta actividad, ya no sonríen. Se las ve como realmente son, personas castigadas por la vida, por las drogas o por una necesidad económica que las empuja a ofrecer lo único que de verdad les pertenece, demostrando que ese tipo de vida no tiene nada de bonito.

Los cajeros de la ciudad se convierten en improvisadas pensiones. Mejor es dormir en un lugar cerrado y con techo que te cobije, escapando de la dureza de la noche, el frio y la lluvia, que hacerlo en plena calle, en un descampado o en un banco con la única protección de una manta de cartones.

Delante de cada uno de los supermercados se encuentra alguien, muy amable, que te da los buenos días, tardes o noches sin pedirte nada porque, evidentemente, la reclamación está implícita. Esto puede parecer un trabajo, sin sueldo fijo, pero con un horario de trabajo muy claro, el de apertura del local, mínimo 8 horas al día.

Y las visitas a casa, de alguien avergonzado y bien vestido, no se hacen esperar. La gente ya no pide dinero para gastar a su libre albedrío, ahora te piden comida, leche y aceite. Se deja ver la desesperación del que disfrutó de un medio de vida y, tras perderlo,  se ve obligado a pedir puerta por puerta para poder alimentarse y alimentar a los suyos.

Sinceramente, no me veo tan lejos de esta gente. Vivo cómodamente en mi piso con terraza. Tengo 2 hijos cuadrúpedos que alimentar y disfruto de mi línea de internet, teléfono móvil de última generación y hasta coche. Hasta ahí se puede vislumbrar una vida plácida, sin grandes lujos, pero sin problemas.

La realidad es que no tengo trabajo, tampoco paro, pues ya me pagaron todo lo que me correspondía por el sudor acumulado de estos años y estoy a punto de entrar en bancarrota. En el momento que no pueda pagar el piso tendré que dejarlo, me cortarán el teléfono e internet y tendré que malvender el coche por no poder pagar el combustible, el seguro, la ITV, las revisiones,… Si tengo la suerte de que mis padres me acojan en su casa podré volver al núcleo familiar, pasados los 30 y con sensación de fracaso.

Si la cosa se tuerce, acabaré con mis huesos donde pueda, mendigando, vendiendo pañuelos en un semáforo o sobreviviendo de la caridad. Sin un teléfono de contacto ni una dirección para recibir correspondencia. En definitiva, habré descendido de la clase media para sumergirme en la pobreza. Y esta pobreza no es nada fácil de abandonar. Nadie da oportunidades a quien no tiene nada, por miedo, por desconfianza, por prejuicios,…

No hace mucho era necesario hacer verdaderos esfuerzos para abandonar la clase media. Posiblemente debido a tres factores fundamentales: la familia, las leyes laborales y la generosidad. Con el estallido de la crisis, la ayuda familiar y las leyes laborales desaparecen o se recortan tanto que parecen inexistentes, por lo que arrastra al último factor. Nadie puede ser generoso si no tiene qué compartir. La mayoría de nosotros venimos de familias en las que el ahorro era un dogma: apagar las luces al salir de las habitaciones, no tirar la comida que sobraba, regalar o pasar la ropa usada que no estaba  deteriorada,… Gestión de recursos, que dicen algunos. La clase media que, por muy poco que tuviera, nunca llegaba a pobre por su increíble capacidad para estirar lo que había y llegar a fin de mes. Con los 3 puntos de apoyo desaparecidos, la cultura del ahorro es insuficiente.

Ahora, con las puertas del INEM abarrotadas, puedo ir por la calle y plantearme que 2 de cada 3 personas con las que me cruzo están a las puertas de la pobreza y, uno de ellos, puedo ser yo mismo.

Resulta increíblemente injusto pensar que hay un escalón muy pequeño para llegar ahí abajo, y una enorme cuesta para volver.

Es como todo...

Martes, 3 de abril de 2012

Adios a las musas.

Se me acabó la inspiración. Ese “don” que hacía fluir mis pensamientos a través de los dedos, para darle forma de palabras, desapareció. Supongo que ahora más que nunca debo hacer ese esfuerzo por realizar la actividad de escribir por demostrarme a mi mismo que puedo hacerlo igual de bien, aunque las musas me hayan abandonado.

No es una mala opción después de todo. Lo que nos resulta fácil de conseguir no tiene un valor tan especial, tal vez ni le demos valor, como lo que sudamos para acabar y estar satisfechos con el resultado. Lo tomaré como un aprendizaje tardío de que el esfuerzo tiene su recompensa, aunque solo sea de carácter anímico.

Cierto es, que el no encontrar la inspiración es como perder la identidad, pensar como otra persona y no conseguir enlazar tus ideas. La forma en que ordenas y estructuras un texto, como lo desarrollas y como lo finalizas pasa del simple hecho de ponerse a escribir sobre algo y conseguirlo sin esfuerzo a la dificultad más horrible, con el posible final que supone no reconocer ese escrito como propio, por muy bien que nos haya quedado.

Una cuestión me reconforta. La inspiración siempre vuelve, no desaparece para siempre. Volverá a acompañarme en el momento que menos lo espere para alegrar mis horas aburridas y llenarme la cabeza de historias que acabaré convirtiendo en blogs, relatos o, quien sabe, algún librito gratuito. Tampoco me preocupa, todo lo que tengo que decir no tiene mucha relevancia, no voy a cambiar el mundo, no voy a agitar conciencias ni crear corrientes de pensamiento. Las palabras las lleva el viento, las que perduran son caducas, pues no tienen interés a la larga porque hablan de hechos puntuales vistos desde mi perspectiva y, si el que lo lee no está de acuerdo con lo que expreso, directamente lo borrará de su memoria.

Al contrario de lo que a mi me pasa, hay cosas que no vuelven, nunca se recuperan del todo ni se borran de la memoria: los bosques gallegos. La Comunidad históricamente verde se vuelve negra o marrón con el paso del tiempo. Cada vez hay más zonas quemadas y menos zonas a salvo del fuego. La frase que mas se oye en las aldeas es “esto xa ardeu o ano pasado”, síntoma inequívoco de que la aparición de incendios está arraigado en la cultura popular y perfectamente asimilado, solo es cuestión de esperar a ver cuando toca en tu pueblo.

Año tras año se repite la secuencia; incendio que empieza bruscamente, generalmente cuenta con varios focos de ignición y, por último pero no menos importante, es provocado.

La actividad incendiaria en la Comunidad Gallega sobrepasa los límites de lo tolerable. Supongo que es muy bonito culpar a las autoridades por ineficacia, por no controlar más los montes y por no realizar las periódicas limpiezas y talas, en la creación de cortafuegos, que evitarían que las llamas se extendieran con rapidez.

La única realidad es que, si en un solo día somos capaces de tener más de 70 fuegos en Galicia , es porque hay mucha gente que se dedica a provocarlo. No se me ocurre qué le puede pasar a una persona por la cabeza para ir a hacer fuego al monte con intención de quemarlo. Unos pueden estar enfermos, otros pueden querer hacer una “gracia”, otros tener un despiste y algunos más pueden querer reivindicar su trabajo perdido en cuadrillas antiincendios, como se rumorea cada temporada, para demostrar que siempre hace falta gente y medios. Sea quien sea el responsable, lo preocupante es que no siente miedo. Se siente protegido y anónimo entre los árboles que le cobijan para delinquir, los mismos a los que va a sacrificar. Ironías de la vida.

Deberíamos centrarnos en endurecer tanto las leyes para proteger el monte, que cualquier persona sentiría tanto miedo de causar un incendio que ni chascaría los dedos por si saltan chispas. Es la única solución que puede atenuar las ansias piromaniacas de algunos.

Pasarán años hasta recuperar los montes quemados, por lo que se antoja de vital importancia el trabajo de reforestación, con mucho mimo y cuidado para recuperar la esencia de nuestra tierra.

Luchemos por salvar los montes que quedan intactos, para no convertir definitivamente la postal de Galicia en un NUNCA MAIS teñido de rojo fuego.

Es como todo...

Jueves, 15 de marzo de 2012

Soy rico, guapo y juego bien.

La noticia del día es que Eric Abidal, defensa francés del F.C. Barcelona, tiene que recibir un transplante de hígado. Me da de pena la nueva, pues es este futbolista uno de estos tipos que te genera simpatía, porque es humilde, agradecido y no representa el estereotipo de jugador estrella y sí de currante modelo, que se sacrifica por el equipo y no llama la atención.

Me alegró mucho su rápida recuperación cuando hace un año lo operaron de un tumor y, al mes, reapareció para jugar las semifinales contra el Real Madrid. Poco tiempo más tarde estaba disputando la final de la Champions League formando como titular y levantando finalmente el trofeo, en un emotivo gesto de sus compañeros cediéndole el protagonismo en ese momento tan especial.

Parece ser que en las próximas semanas será intervenido para recibir su nuevo órgano. Estos deportistas de élite tienen los mejores medios y a los mejores profesionales a su servicio para recibir todo tipo de intervenciones, sea cual sea su índole y lo increíble de los tiempos de recuperación que alcanzan, que cada día son más cortos. Ellos lo merecen.

Los futbolistas son héroes nacionales e internacionales. Representan todo lo que los niños quieren ser de mayores y lo que los ya mayores envidiamos ser. Ricos, guapos y grandes futbolistas, como un buen día recordó Cristiano, aunque no necesariamente en ese orden.

Evidente es que alcanzado ese estatus no merecen otra cosa que atenciones plenas, pues con el bien que hacen a la sociedad y sus aportaciones, bien ganado lo tienen. Poder negociar su contrato es una de sus ventajas. Cobrar todos los meses la parte íntegra proporcional a su salario total, estén de baja o no, es otro aliciente más. Como ya indiqué anteriormente, disponer de todos los medios humanos y divinos para recuperaciones físicas es de notoria necesidad.  Y por último, como muestra de agradecimiento y devoción máxima, son los clubes que les pagan los responsables de sus cotizaciones al IRPF y la S.S. En resumen, que cobran una cantidad neta pactada todos los años, con independencia del tipo de cotización que se aplique.

También merece respeto su séquito, en concreto su representante, que puede establecer su minuta por la negociación de su contrato en la cantidad que desee y ésta será pagada por el club, nunca por el jugador que lo contrata.

Si dejamos a un lado las desgracias personales, que en temas de salud no se le desea mal a nadie y no tocamos el tema del fútbol de forma irónica, resulta sangrante ver que ciertos personajes, cuyas únicas cualidades en la mayoría de los casos son dar patadas a un balón con elegancia, estar bien físicamente y ser imagen de algún producto o marca para vendernos algo, ganen esos sueldos y tengan esas ventajas que ningún asalariado tiene en este país.

¿Acaso construyen carreteras, se las idean para que los edificios o los puentes mas retorcidos no se caigan, crean nuevas medicinas o estudian la cura de enfermedades mortales, para tener acceso a esos salarios? ¿Resulta lógico pensar que cualquier empresa que no pague las cotizaciones por sus empleados se salva de unas considerables multas a excepción de los equipos de fútbol? ¿No es cierto que cualquier ciudadano que paga religiosamente sus impuestos tiene que esperar a la temida lista de espera para recibir cualquier intervención no urgente (en las que se incluyen cualquiera de las que reciben los profesionales por lesiones deportivas) y los jugadores, pese a que sus clubs tienen deudas con la Seguridad Social, pueden ir a cualquier clínica del mundo a tratarse previo pago? ¿No tiene cualquier particular que abonar la factura, y no otra entidad, si contrata a alguien para que realice gestiones por él? ¿Creemos que es justa la reforma laboral, los recortes en salarios, el copago sanitario, etc. y seguimos manteniendo ruinosos negocios como el fútbol español, que debe en conjunto 5000 millones de € y no se hace nada?

Me indigna sobremanera ver a gente que no tiene qué comer pero posee un abono de temporada del equipo de fútbol de sus amores. Que se de más importancia a los goles de Messi en cualquier conversación cotidiana que a la situación actual, que es muy grave. Que no se valore el fútbol como un negocio particular y que se vea como un bien de interés general, generando una evidente desigualdad social. Que veamos a los futbolistas como modelos de conducta o de éxito en la vida y no se valore a los arquitectos, filósofos, economistas, ingenieros, investigadores,… que son los que en realidad consiguen el nivel de vida del que disfrutamos.

Algo en el mundo no funciona, pero estamos tan entretenidos con el fútbol que no lo vemos.

 

P.D. Abi, que te recuperes pronto y bien.

Es como todo...

Martes, 28 de febrero de 2012

Maruja, de las Marujas de toda la vida.

La rumorología, ese extraño fenómeno que convierte una frase al aire, generalmente malintencionada, en verdad universal.

¿Quién alguna vez no fue víctima de uno, varios o cientos de rumores?  Lo que realmente martiriza la mente es el hecho de no poder controlarlos, que por más que los desmientas siempre quede la duda. Tu palabra nunca será tan válida como esa frase sobre ti que comienza por: “¿a que no sabes que…?”.

Yo, personalmente, los rumores siempre intenté evitarlos cuando se refieren a mi persona. Ciertamente es una batalla perdida. El rumor no va a variar y, cuanto más te esfuerces en combatirlo, más parecerá que tienes algo que esconder.

No voy a negar que los rumores ajenos me encantan. Los cotilleos de toda la vida. Todos tenemos algo de “Maruja” dentro de nosotros, no necesariamente con un enfoque malsano, sino para pasar un rato agradable y ameno riéndonos de las anécdotas ajenas. Me parece muy saludable hacerlo, así como creo que tiene que ser igualmente saludable reírse con las propias, pero es un nivel Zen al que no todo el mundo puede llegar.

Todos tenemos algunos vecinos cotillas que nos cuentan el devenir cotidiano del resto de inquilinos, quienes llegan borrachos algún día, los que discuten en el ascensor en vez de hablar del tiempo y quienes pasaron de ser personas normales a mirarte por encima del hombro. “La gente se cree más de lo que es. Que pena, como cambiaron…¡Si los conozco casi desde que nacieron!”, dicen.

Luego esta ese círculo de amistades en las que pasamos el tiempo debatiendo sobre los excesos de los que conocemos, sus meteduras de pata, sus aciertos, sus frases míticas y esas situaciones raras en las que se suelen ver envueltos de forma habitual.

Nuestros círculos de actividades también son un hervidero de cotilleos. Trabajo, hobbies, deportes, … Lo imposible es encontrar un entorno donde el rumor no esté al orden del día.

Dejar tu ciudad e irte a una nueva proporciona sensaciones contradictorias. Por un lado está la excitación por empezar una nueva experiencia, conocer el sitio y ubicarte. Por otro lado hay que asumir que todo lo que conoces y el entorno en que te mueves no está y que las rutinas hay que crearlas de cero.

La sensación de morriña no deja de ser la falta del cotilleo que te mantiene en contacto con tus círculos más cercanos y que es lo primero que se echa en falta cuando no estás. La sensación de soledad y desinformación es solo comparable a vivir sin conexión a Internet cuando tu vida gira en torno a las redes sociales.

Me pregunto, ¿Quién habrá llegado borracho ayer?

Es como todo...

Martes, 21 de febrero de 2012

Utopía

Me preguntan en algunas ocasiones por qué escribo mi blog y por qué escojo esas temáticas. En cuanto a la temática, puede ser cualquier cosa que me llame la atención y me haga pensar mínimamente el en tema. Cualquier asunto es válido, política, deporte, economía, … En estos tiempos revueltos lo que sobran son los motivos para escribir.

Lo de escribir, supongo que lo hago porque me invade la extraña sensación de que tengo algo interesante que decir. Me gusta pensar que poseo cierta capacidad comunicativa y que a la gente le gusta lo que lee porque, básicamente, están en una situación similar a la mía y se sienten identificados con lo que escribo.

También influye el factor ego, no voy a negarlo. A cualquiera le agrada que le aplaudan y le feliciten cuando hace algo bien. Y a mi me gusta que me aplaudan, claro, pero no es lo único que me gusta. Valoro mucho más que me digan en lo que me equivoco,  que me enseñen otra perspectiva de las cosas que me permita ubicarme en un punto radicalmente opuesto y comprender que la visión de uno no es la única válida, que la verdad absoluta no existe y que hay muchas verdades, tantas como puntos de vista. Después ya es cosa de cada uno escoger la verdad que más se acerca a sus circunstancias.

Uno, que no es vanidoso, también sabe que aparte de tener las capacidades hay que poner mucho de actitud y de trabajo. Las hojas en blanco nunca se rellenan solas. Es más, las que lo hacen no suelen acabar en otro lugar que no sea la papelera. Se pone alma en cada frase y sentimiento en cada párrafo. Nunca se debe escatimar un esfuerzo para hacer de tus argumentos un hilo conductor  de tus ideas, que fluyan hasta quien las recibe y que las capte como las imaginas, como si de compartir pensamientos se tratara.

Esta capacidad de comunicación es la que debería tener cualquier gobernante electo. Votamos y, al que gana, le exigimos tomar medidas, populares o impopulares, para solucionar problemas de un modo eficaz. Pero también le exigimos que aclare las determinaciones tomadas. Que salga a la palestra y dé todas las explicaciones que deba dar hasta que entendamos el por qué y los beneficios. Eso se llama RESPONSABILIDAD, ejecutar acciones y responder de ellas. Ahora mismo nadie en este país tiene más responsabilidad que el presidente del gobierno.

Aparte de explicaciones hay otra cosa que echo mucho en falta: SOLUCIONES. El hecho de criticar una reforma, por muy evidente que sea su finalidad destructiva, no la convierte en la peor opción si no hay otra alternativa con la que compararla. En un momento tan crítico como el actual, los políticos de la oposición y dirigentes sindicales tienen la obligación moral de criticar aportando soluciones, y no dejarlo para futuros panfletos electorales. Nos deben algo más que convocarnos a unas movilizaciones o dedicarnos unas bonitas palabras desde un escaño recordando lo mal que lo vamos a pasar. Deben arrimar el hombro y aportar, ser constructivos y buscar el bien común.

Este es el momento más sensible de todos los años de democracia que llevo vividos. Por mucha mayoría absoluta que tenga el PP, mis sueños democráticos hablan de medidas drásticas para sacar el país del agujero tomadas de forma consensuada entre todas las formaciones. Entre todos y para todos.

Si, ya sé, solo son sueños.

Es como todo...

Martes, 14 de febrero de 2012

Instinto paternal

Siempre quise ser padre. Me parece la función más bonita del mundo. Traer a la vida a una criaturita a la que cuidarás, alimentarás, educarás, verás crecer e independizarse. La función de cualquier ser vivo, visto fríamente, es la reproducción, la perpetuación de la especie. Sumado al sentimentalismo que tenemos los humanos, la paternidad debe ser la sensación más satisfactoria que hay, porque te da la sensación de plenitud en la vida.

Creo que podría hacerlo bien. Lo educaría en las libertades, en la pluralidad. Le enseñaría que no todo el mundo es igual, que cada individuo tiene su personalidad, creencias y gustos y que los hábitos sociales no tienen que condicionar la identidad individual, aunque haya que respetarlos.

Le enseñaría a compartir y a esforzarse para conseguir lo que desea. A valorar los pequeños momentos y disfrutarlos, porque al final esos momentos son los que nos dan la felicidad y no las cosas materiales. Le inculcaría el hábito de lectura, de estudio y de desarrollo personal a través del conocimiento. Cualquier cosa que pueda aprender siempre le será útil en algún momento de la vida y todo el conocimiento que pueda absorber le ayudará a ampliar su enfoque sobre las cosas, la propia vida y las relaciones personales.

Le permitiría escoger el camino que desee tomar, aunque no tenga nada que ver con las expectativas que tuviera yo como padre. Le dejaría seleccionar sus   estudios y le apoyaría si prefiriese prepararse para ser policía o dedicarse a la interpretación. No pondría objeciones a su pareja, por mucho que me disgustase. Ante los fracasos tendría que apoyarlo y aconsejarle, pero nunca imponerle. Al final a un padre lo único que le importa es la felicidad de los suyos.

Le demostraría que ser educado y agradecido le abrirá muchas puertas, la tozudez y la valentía ruda solo llevan asociados portazos en la cara. Esto es aplicable desde el trato a la cajera del súper hasta la forma que nos relacionamos con nuestros amigos.

Le dejaría escoger su propia religión en caso de que le interesase, en vez de imponerle la mía propia. Lo educaría en el respeto a otras creencias y que la diversidad de culturas hace el entorno más rico y con múltiples posibilidades.

Incluso me veo explicándole lo de la semillita que papá puso en mamá, que los niños no vienen de París y que el ratoncito Pérez, después de visitarlo durante años era una invención de sus padres para que no estuviera triste por perder dientes.

Hoy en día solo hay una “pequeña” cuestión que me quita las ganas de un retoño: cómo le explicas a un niño que su padre no tiene trabajo porque la empresa lo despidió,  y que pese a trabajar varios años les compensan con 20 días/año trabajado porque el gobierno aprobó una reforma para “fomentar la contratación”. Que el piso en el que vivían ya no es suyo, que es del banco, pero que tienen que seguir pagando la deuda porque cuando les dieron el préstamo sobretasaron la vivienda y evitaron los protocolos de riesgo por impago y les concedieron un crédito que posiblemente no podrían pagar a la larga. Que los grandes bancos presumen de ganancias millonarias pero no le dan un crédito al tío Juan para que pueda seguir teniendo abierto el negocio, porque no puede hacer frente a los pagos debido a la cantidad de facturas que tiene sin cobrar. Que los reyes magos no le van a traer regalos en Navidad porque la paga extra que destinaban a esas compras ya no se la dan a mamá por un plan de ajuste. Que cada vez que va al médico tiene que esperar 5 horas en la sala de espera porque su pediatra está de baja, no cubren el puesto y se reparten los pacientes entre otros médicos que están saturados. Que la gente que llama a la puerta pidiendo un cartón de leche para alimentar a su familia está tan desesperada (y avergonzada) como yo, que les tengo que decir que no porque no tengo medios para llegar a fin de mes.

¿De verdad queremos tener hijos en una sociedad así?

Es como todo...

Sábado, 11 de febrero de 2012

El Abuelo

Si algo echo de menos de mi juventud es el tiempo que pasaba en el bar.

Gran parte de mi día giraba en torno al lugar donde me gustaba estar.  El centro neurálgico de mis relaciones sociales y personales. Un ambiente donde se podía encontrar gente de lo mas diversa, con sus gustos, sus manías pero, sobre todo, con buen rollo y ganas de relacionarse con todo el mundo. Soy muy afortunado de poder decir que el bar de mi vida es LA TAQUILLA.

La Taquilla era como mi casa, de hecho, pasaba mas tiempo allí que en ningún otro lugar. No miento si digo que mi madre me llamaba al bar cuando quería localizarme y me encontraba siempre. Era como mi oficina, mi biblioteca, mi cafetería, mi bar de copas y mi centro social, todo en el mismo local y sin tener que desplazarme. Un lujo.

Me gustaba ir porque sabía que fuera a la hora que fuera siempre iba a haber alguien conocido, alguien con quien hablar, debatir y aprender. No hacía falta llamar ni whatsappear a nadie para quedar, en el peor de los casos había que esperar un rato para que alguien llegara, tampoco mucho.

Lo que al principio eran un montón de clientes apelotonados en unas cuantas mesas acabó, con el paso del tiempo, convirtiéndose en una gran familia apelotonada en un bar. Supongo que es el ejemplo mas claro de que “el roce hace el cariño”.

El ambiente familiar de aquel local lo fomentaban sus dueños, Suso y Manel, que convirtieron aquellas paredes amarillentas armonizadas con una jukebox, en el hogar de varias generaciones de jóvenes… y no tan jóvenes.

Lo de Suso y Manel tenía mucho mérito. La empatía con la gente, la alegría con la que te atendían y la confianza que te daban para que te sintieras como en casa no la llegué a experimentar en ningún otro sitio en el mundo. Tampoco es muy fácil encontrar gente que entiende que estás creciendo y estas forjando tu personalidad (cuestión que no es tarea fácil en algunos casos), y tienen ese plus de paciencia contigo para que te sientas libre y cómodo dentro del negocio que regentan. Sobre todo, recuerdo y valoro las charlas, los consejos, los chistes  y esa capacidad para hacerte ver que ni todo es tan bueno ni tan malo y que si algo pasa es porque tiene que pasar y seguro que será para que vengan cosas mejores. Por todo esto siempre guardaré un recuerdo muy especial de aquella época y un sentimiento de cariño y agradecimiento hacia Suso, Manel y todos los que alguna vez trabajaron allí.

Ahora que en los bares solo se habla de futbol y se sirven cafés para llevar, los afortunados que crecimos y vivimos en la taquilla y disfrutamos su ambiente, echaremos mucho de menos a Suso y lloraremos su pérdida.

Mi más sincero pésame a toda la familia y amigos.

DEP.

Es como todo...