Martes, 21 de febrero de 2012

Utopía

Me preguntan en algunas ocasiones por qué escribo mi blog y por qué escojo esas temáticas. En cuanto a la temática, puede ser cualquier cosa que me llame la atención y me haga pensar mínimamente el en tema. Cualquier asunto es válido, política, deporte, economía, … En estos tiempos revueltos lo que sobran son los motivos para escribir.

Lo de escribir, supongo que lo hago porque me invade la extraña sensación de que tengo algo interesante que decir. Me gusta pensar que poseo cierta capacidad comunicativa y que a la gente le gusta lo que lee porque, básicamente, están en una situación similar a la mía y se sienten identificados con lo que escribo.

También influye el factor ego, no voy a negarlo. A cualquiera le agrada que le aplaudan y le feliciten cuando hace algo bien. Y a mi me gusta que me aplaudan, claro, pero no es lo único que me gusta. Valoro mucho más que me digan en lo que me equivoco,  que me enseñen otra perspectiva de las cosas que me permita ubicarme en un punto radicalmente opuesto y comprender que la visión de uno no es la única válida, que la verdad absoluta no existe y que hay muchas verdades, tantas como puntos de vista. Después ya es cosa de cada uno escoger la verdad que más se acerca a sus circunstancias.

Uno, que no es vanidoso, también sabe que aparte de tener las capacidades hay que poner mucho de actitud y de trabajo. Las hojas en blanco nunca se rellenan solas. Es más, las que lo hacen no suelen acabar en otro lugar que no sea la papelera. Se pone alma en cada frase y sentimiento en cada párrafo. Nunca se debe escatimar un esfuerzo para hacer de tus argumentos un hilo conductor  de tus ideas, que fluyan hasta quien las recibe y que las capte como las imaginas, como si de compartir pensamientos se tratara.

Esta capacidad de comunicación es la que debería tener cualquier gobernante electo. Votamos y, al que gana, le exigimos tomar medidas, populares o impopulares, para solucionar problemas de un modo eficaz. Pero también le exigimos que aclare las determinaciones tomadas. Que salga a la palestra y dé todas las explicaciones que deba dar hasta que entendamos el por qué y los beneficios. Eso se llama RESPONSABILIDAD, ejecutar acciones y responder de ellas. Ahora mismo nadie en este país tiene más responsabilidad que el presidente del gobierno.

Aparte de explicaciones hay otra cosa que echo mucho en falta: SOLUCIONES. El hecho de criticar una reforma, por muy evidente que sea su finalidad destructiva, no la convierte en la peor opción si no hay otra alternativa con la que compararla. En un momento tan crítico como el actual, los políticos de la oposición y dirigentes sindicales tienen la obligación moral de criticar aportando soluciones, y no dejarlo para futuros panfletos electorales. Nos deben algo más que convocarnos a unas movilizaciones o dedicarnos unas bonitas palabras desde un escaño recordando lo mal que lo vamos a pasar. Deben arrimar el hombro y aportar, ser constructivos y buscar el bien común.

Este es el momento más sensible de todos los años de democracia que llevo vividos. Por mucha mayoría absoluta que tenga el PP, mis sueños democráticos hablan de medidas drásticas para sacar el país del agujero tomadas de forma consensuada entre todas las formaciones. Entre todos y para todos.

Si, ya sé, solo son sueños.

Samuel Baltar Es como todo...

Martes, 14 de febrero de 2012

Instinto paternal

Siempre quise ser padre. Me parece la función más bonita del mundo. Traer a la vida a una criaturita a la que cuidarás, alimentarás, educarás, verás crecer e independizarse. La función de cualquier ser vivo, visto fríamente, es la reproducción, la perpetuación de la especie. Sumado al sentimentalismo que tenemos los humanos, la paternidad debe ser la sensación más satisfactoria que hay, porque te da la sensación de plenitud en la vida.

Creo que podría hacerlo bien. Lo educaría en las libertades, en la pluralidad. Le enseñaría que no todo el mundo es igual, que cada individuo tiene su personalidad, creencias y gustos y que los hábitos sociales no tienen que condicionar la identidad individual, aunque haya que respetarlos.

Le enseñaría a compartir y a esforzarse para conseguir lo que desea. A valorar los pequeños momentos y disfrutarlos, porque al final esos momentos son los que nos dan la felicidad y no las cosas materiales. Le inculcaría el hábito de lectura, de estudio y de desarrollo personal a través del conocimiento. Cualquier cosa que pueda aprender siempre le será útil en algún momento de la vida y todo el conocimiento que pueda absorber le ayudará a ampliar su enfoque sobre las cosas, la propia vida y las relaciones personales.

Le permitiría escoger el camino que desee tomar, aunque no tenga nada que ver con las expectativas que tuviera yo como padre. Le dejaría seleccionar sus   estudios y le apoyaría si prefiriese prepararse para ser policía o dedicarse a la interpretación. No pondría objeciones a su pareja, por mucho que me disgustase. Ante los fracasos tendría que apoyarlo y aconsejarle, pero nunca imponerle. Al final a un padre lo único que le importa es la felicidad de los suyos.

Le demostraría que ser educado y agradecido le abrirá muchas puertas, la tozudez y la valentía ruda solo llevan asociados portazos en la cara. Esto es aplicable desde el trato a la cajera del súper hasta la forma que nos relacionamos con nuestros amigos.

Le dejaría escoger su propia religión en caso de que le interesase, en vez de imponerle la mía propia. Lo educaría en el respeto a otras creencias y que la diversidad de culturas hace el entorno más rico y con múltiples posibilidades.

Incluso me veo explicándole lo de la semillita que papá puso en mamá, que los niños no vienen de París y que el ratoncito Pérez, después de visitarlo durante años era una invención de sus padres para que no estuviera triste por perder dientes.

Hoy en día solo hay una “pequeña” cuestión que me quita las ganas de un retoño: cómo le explicas a un niño que su padre no tiene trabajo porque la empresa lo despidió,  y que pese a trabajar varios años les compensan con 20 días/año trabajado porque el gobierno aprobó una reforma para “fomentar la contratación”. Que el piso en el que vivían ya no es suyo, que es del banco, pero que tienen que seguir pagando la deuda porque cuando les dieron el préstamo sobretasaron la vivienda y evitaron los protocolos de riesgo por impago y les concedieron un crédito que posiblemente no podrían pagar a la larga. Que los grandes bancos presumen de ganancias millonarias pero no le dan un crédito al tío Juan para que pueda seguir teniendo abierto el negocio, porque no puede hacer frente a los pagos debido a la cantidad de facturas que tiene sin cobrar. Que los reyes magos no le van a traer regalos en Navidad porque la paga extra que destinaban a esas compras ya no se la dan a mamá por un plan de ajuste. Que cada vez que va al médico tiene que esperar 5 horas en la sala de espera porque su pediatra está de baja, no cubren el puesto y se reparten los pacientes entre otros médicos que están saturados. Que la gente que llama a la puerta pidiendo un cartón de leche para alimentar a su familia está tan desesperada (y avergonzada) como yo, que les tengo que decir que no porque no tengo medios para llegar a fin de mes.

¿De verdad queremos tener hijos en una sociedad así?

Samuel Baltar Es como todo...

Sábado, 11 de febrero de 2012

El Abuelo

Si algo echo de menos de mi juventud es el tiempo que pasaba en el bar.

Gran parte de mi día giraba en torno al lugar donde me gustaba estar.  El centro neurálgico de mis relaciones sociales y personales. Un ambiente donde se podía encontrar gente de lo mas diversa, con sus gustos, sus manías pero, sobre todo, con buen rollo y ganas de relacionarse con todo el mundo. Soy muy afortunado de poder decir que el bar de mi vida es LA TAQUILLA.

La Taquilla era como mi casa, de hecho, pasaba mas tiempo allí que en ningún otro lugar. No miento si digo que mi madre me llamaba al bar cuando quería localizarme y me encontraba siempre. Era como mi oficina, mi biblioteca, mi cafetería, mi bar de copas y mi centro social, todo en el mismo local y sin tener que desplazarme. Un lujo.

Me gustaba ir porque sabía que fuera a la hora que fuera siempre iba a haber alguien conocido, alguien con quien hablar, debatir y aprender. No hacía falta llamar ni whatsappear a nadie para quedar, en el peor de los casos había que esperar un rato para que alguien llegara, tampoco mucho.

Lo que al principio eran un montón de clientes apelotonados en unas cuantas mesas acabó, con el paso del tiempo, convirtiéndose en una gran familia apelotonada en un bar. Supongo que es el ejemplo mas claro de que “el roce hace el cariño”.

El ambiente familiar de aquel local lo fomentaban sus dueños, Suso y Manel, que convirtieron aquellas paredes amarillentas armonizadas con una jukebox, en el hogar de varias generaciones de jóvenes… y no tan jóvenes.

Lo de Suso y Manel tenía mucho mérito. La empatía con la gente, la alegría con la que te atendían y la confianza que te daban para que te sintieras como en casa no la llegué a experimentar en ningún otro sitio en el mundo. Tampoco es muy fácil encontrar gente que entiende que estás creciendo y estas forjando tu personalidad (cuestión que no es tarea fácil en algunos casos), y tienen ese plus de paciencia contigo para que te sientas libre y cómodo dentro del negocio que regentan. Sobre todo, recuerdo y valoro las charlas, los consejos, los chistes  y esa capacidad para hacerte ver que ni todo es tan bueno ni tan malo y que si algo pasa es porque tiene que pasar y seguro que será para que vengan cosas mejores. Por todo esto siempre guardaré un recuerdo muy especial de aquella época y un sentimiento de cariño y agradecimiento hacia Suso, Manel y todos los que alguna vez trabajaron allí.

Ahora que en los bares solo se habla de futbol y se sirven cafés para llevar, los afortunados que crecimos y vivimos en la taquilla y disfrutamos su ambiente, echaremos mucho de menos a Suso y lloraremos su pérdida.

Mi más sincero pésame a toda la familia y amigos.

DEP.

Samuel Baltar Es como todo...

Sábado, 4 de febrero de 2012

como en todas las familias

Josefa colgó el teléfono. Estaba excitada, ansiosa, nerviosa y emocionada. Hacía 30 años que no se hablaban, desde que muriera su madre. Por aquel entonces eran poco maduras, egoístas e individualistas. No les importaba el “caiga quien caiga” mientras ellas tuvieran razón.

Discutieron por la herencia, “como en todas las familias”, decía Jacinta. La madre, viuda de un emigrante retornado, no había hecho testamento con la idea de que sus hijas repartieran los bienes y propiedades según sus necesidades o apego a ellos. No consiguieron ponerse de acuerdo en el reparto y acabaron haciendo lo peor, venderlo todo y repartir el dinero. Se quedaron sin los terrenos, sin los recuerdos y sin gran parte de sus vidas, que se fueron a manos de extraños por no dar el brazo a torcer.

No se puede decir que les fuera mal. Las dos supieron invertir sus ganancias en pisos y locales comerciales. Poco a poco se fueron haciendo con el control de la mayoría de los pisos del pueblo. Incluso se metieron al sector inmobiliario, haciendo sus propios edificios de viviendas, que todavía tienen en alquiler. Todos esos réditos les permitieron amasar unos patrimonios considerables, los mayores de la zona.

Vivieron unas vidas paralelas, ambas se casaron jóvenes, con hombres educados y que las trataron como reinas. Eran comprensivos con sus rarezas y nunca interfirieron en sus asuntos familiares, ya que conocían a la perfección el desasosiego que les ocasionaba la situación, pero que el gran orgullo que tenían era mas poderoso que las ganas de arreglar las cosas.

Las dos tuvieron dos hermosas hijas que, casualidades del destino, nacieron los mismos años, y se llamaron igual. Las primeras, Mercedes, como su madre, y las segundas Luisa, como su abuela. Las Mercedes compartieron clase en el mejor colegio de pago y estudiaron la misma carrera, ciencias empresariales, para seguir con los negocios familiares. Las Luisas, que también estudiaron juntas en el mismo colegio privado enfocaron sus vidas hacia lo divino, algo muy arraigado también en el entorno familiar y se metieron a monjas.

Josefa y Jacinta tuvieron vidas plenas y felices. Grandes esposos, hijas correctas y educadas, estatus social por la cantidad de dinero que atesoraban, debido a su gran acierto a la hora de invertir su herencia y su buena educación. Solo tenían un pero, su hermana, el único miembro vivo de su familia directa.

-“Me acaba de llamar Jacinta”, le dijo a su esposo. Él, sorprendido de la noticia le preguntó: “¿qué dijo?”. Ella, sin poder contener las lágrimas replicó: “Se muere. Está en un hospital en Nador. Estaban de vacaciones y cayó enferma. Le quedan pocos días, incluso horas. Se disculpó por no haber sabido ceder y no haber hablado conmigo desde que murió mamá. Yo le dije lo mismo. ¡Tengo que ir a verla!”.

Su sobrino Francisco, hijo de Mercedes, miró en Internet y descubrió que había una compañía aérea que volaba directamente a Nador, con un vuelo diario. Sino, tendría que volar hasta Málaga el siguiente martes, coger un aeroplano o un ferry hasta Melilla y hacer el resto del viaje en coche o autobús.

Llamó a mediodía a la centralita de reservas y compró unos pasajes para ir con su esposo ese mismo día, a las nueve de la noche. Los pagó con la tarjeta de crédito y le dieron el número de la reserva para indicar en el mostrador de facturación cuando entregara el DNI.

Esas siete horas de espera se le hicieron interminables, miraba el reloj cada 5 minutos, hizo y deshizo la maleta 20 veces y llamaba compulsivamente a su hija Mercedes  para decirle que hacía mucho frío. No le llegaba la hora de volar para encontrarse con su hermana después de tantos años, sabiendo de lo delicado de su estado.

A las ocho de la tarde se personaron el el aeropuerto. No encontraban la linea de facturación de su vuelo ni venía indicado en las pantallas. Vieron la ventana de información de la compañía llena de gente y dos personas detrás del mostrador repartían unos folios. Se acercaron y alguien les dijo: “La compañía deja de operar y nos dejan tirados. ¡Menuda vergüenza!”.

Finalmente consiguió llegar a Nador vía Málaga. Ya era tarde. Firmó los papeles de repatriación del cadáver y volvió a casa con su hermana para darle el merecido descanso.

 

Reflexión personal: Los clientes de las compañías aéreas son personas, mas allá de un número de identificador de reserva y tienen sus vidas. Tratémosles como merecen y démosles explicaciones e información, no una simple hoja de reclamaciones.

Samuel Baltar Es como todo...

Viernes, 27 de enero de 2012

El cinecito

Estuve viendo Matrix, la trilogía de los Wachowski. Aparte de los efectos especiales y la historia, lo que más me impresionó fue la interpretación de Keanu Reeves. Todos lo vemos en su gran papel de Neo, ese chico inquieto que de repente despierta y le cuentan que tiene que salvar al mundo. El chico carapalo lo borda, pero tiene ventaja para tan brillante interpretación. Antes de eso interpretó ese mismo personaje en diversas producciones de sobra conocidas; “speed”, “le llaman Bodhi” y, posteriormente a Matrix, también interpretó a Neo en títulos como “Constantine” o “Ultimátum a la tierra”. Vamos, que hay actores que llaman la atención por su poca capacidad interpretativa pero con un gran carisma al mismo tiempo, que les lleva a llenar la pantalla y así poder seguir colocando sus dotes en grandes producciones con notable éxito.

Me pasa lo mismo con Ben Affleck, me parece lo mismo que interprete a Jack Ryan en “pánico nuclear”, a Matt Murdock en “Daredevil” o a Doug MacRay en “The Town”.  Aun así, cualquiera de los 2 no me deja indiferente ya que suelen escoger los trabajos en los que participan y encajan a la perfección en los papales que interpretan.

Os voy a recomendar una película de Affleck: The Company Men (John Wells, 2010). No es que sea la mejor película del mundo ni tenga las mejores interpretaciones, pero realmente me hizo entrar en la historia. En resumen, un tío que tiene un trabajo estupendísimo de la muerte y lo largan.

Lo único que hace esta película es contarnos la historia de nuestras vidas. Lo frustrante que es ser despedido, el ánimo con el que empiezas la búsqueda de un nuevo trabajo. La frustración que vuelve cuando este trabajo no aparece y va pasando el tiempo. Me vi a mi mismo, pero un poco menos guapo (Ben no me llega a la suela de los talones).

Hoy en día toda mi existencia gira alrededor de la búsqueda de un trabajo. Ese que me va a hacer feliz, me aportará el dinero necesario para comer y pagar una vivienda. Se acabaron los tiempos del trabajar para vivir. Ahora se vive para trabajar, si tienes suerte, sino malvives para trabajar o buscar trabajo. Si no aparece uno hay que buscar alternativas: ampliar el radio de búsqueda o directamente buscar en otro lado moviendo el lugar de residencia.

Es difícil pensar en cambiarlo todo para buscar un trabajo, cuando ni tan siquiera sabes si te lo van a dar, pero quedándome en casa y esperando a ver si en el pueblo hay un repunte laboral no va a solucionar mis problemas. Mejor probar fortuna en otra parte que quedarse en casa sabiendo que la cosa no va a cambiar. Yo ya tengo un pie y medio en la emigración.  Sería una mudanza porque no me voy del país, pero queda tan lejos que se le asemeja mucho.

Va a ser duro. Cambio de casa, ciudad nueva, sin amigos ni conocidos, un lugar y unas costumbres completamente diferentes a lo que estoy acostumbrado.  Si lo pienso así no me iría nunca.

Prefiero pensar en que el clima va a ser mejor, nuevas posibilidades laborales por explorar, ver mundo y viajar, conocer otras costumbres, conocer gente diferente y vivir la experiencia, que a nivel personal siempre enriquece mucho. Creo que es valiente tomar decisiones y buscar alternativas. No soy el primero que lo hace ni seré el último. Desgraciadamente somos ciudadanos del mundo y uno ya no es de donde nace, sino de donde vive, y vive donde le dan un trabajo.

Vital es estar animado, tener la mente positiva e ir convencido de que cualquier cambio es para mejor, siempre con vistas a volver a casa cuando todo mejore o, quien sabe, establecerse en otro sitio para siempre. El tiempo dirá.

Samuel Baltar Es como todo...

Martes, 17 de enero de 2012

La teletienda

Que invento este de la teletienda. Un escaparate estupendo de productos de dudosa calidad y menor utilidad para gente que trasnocha. Aparatos de abdominales, cremas reductoras de baba de caracol o sujetadores que harán que tengas un pecho que cualquier hombre desee tocar. Ese mágico escaparate de métodos a tu alcance, con los que conseguirás el cuerpo de una supermodelo o un deportista de élite, delgado y tonificado, musculado y perfecto.

Tu comida se convertirá en un manjar con solo meter los alimentos en una caja y poner un programa. Tu casa se limpiará sin esfuerzo con todos los utensilios para el hogar, harás unos zumos sanísimos  sin manchar nada y comprarás cuchillos que conseguirán cortar hasta las tuberías de cobre de tu edificio.

Supone tal potencial de economía y bienestar para el individuo y la sociedad que no podía quedar relegado a horas intempestivas, donde solo unos pocos privilegiados pudieran descubrir y disfrutar de todos los ventajosos productos. Supongo que algún cocazo se dio cuenta que de eso se tenía que beneficiar el groso de la población, asi que también lo ponen a mediodía y ahi descubrí el mejor invento del universo universal. ¡El webix! Rompe un huevo crudo y metelo en un molde, luego sacarás un huevo cocido con forma de huevo… ¡¡¡pero sin tener que quitarle la cascara!!! ¿Es impresionante o no?

Pues bien, el invento de la teletienda ha llegado más alla y ha alcanzado un nivel más alto, literalmente. El avión.

Estoy viajando en uno de esos vuelos de bajo coste. No voy a dar nombres para no hacer publicidad y que Ryanair no me denuncie por calumnias. No cabe duda de que con estos precios que ofrecen es más barato viajar que quedarse en casa. La oferta es irrechazable. El problema es la duración del vuelo, siempre es demasiado largo por lo que allí pasa. El pasillo de la aeronave se convierte en un gran y constante demostración de productos, ferozmente anunciados previamente por megafonía en varios idiomas, véase bebidas y snacks, pitillos sin humo, rasca y gana, tarjetas telefónicas para cabinas, tarjetas SIM, perfumes, relojes que potencian la energía… Un abanico impresionante de artículos indispensables. La gran teletienda en directo.

El único problema, que no se puede hacer zapping.

Samuel Baltar Es como todo...

Lunes, 9 de enero de 2012

Superhéroes

Supongo que como a mi, a la mayoría le gustarán los superhéroes. Me encanta seguir las aventuras y desventuras de esos personajes embutidos en uniformes formados por mallas y fardahuevos, de colores chillones y de dudoso gusto estético, con algún tipo de máscara para encubrir su identidad y un logotipo cutre que les identifica. Su fin vital es hacer el bien.

Me gustan porque hacen todo lo que los demás no podemos. Algunos vuelan, otros se mueven a supervelocidad, tienen una fuerza descomunal, son de goma, antibalas, se convierten en otros seres mas poderosos… Incluso los que no disponen de superpoderes, siempre tienen alguna clase de habilidad y destreza con las armas y la lucha, gran resistencia y una capacidad asombrosa para encajar golpes y no rendirse nunca. Son, en resumen, todo lo que nos encantaría ser.

Su incansable lucha contra el mal y los malos los hace dignos de merecer el estatus de “fuera de la ley” de una forma consentida y agradecida. Nadie osaría discutir la forma con la que consiguen sus hazañas o debatir cuanto menos la moralidad de sus actos, ya que la tranquilidad y paz se respiran en los entornos que ellos controlan y ese nivel de calma no se consigue de otra forma que no sea con un brazo ejecutor de la ley, aplicando algo así como el “ojo por ojo”, aunque en muchos casos no llega a consecuencias fatales.

Pero solo hay una cosa que estos superhéroes no conseguirán de mi: Admiración y respeto.

Admiración es imposible que se genere en alguien cuando tus dotes vienen dadas de forma casual, incluso por error o eres de una especie venida de otro planeta. Partiendo con ventaja o desde una posición superior, evidentemente el valor de lo conseguido no es el mismo. Por otra parte, su motivación para combatir el mal no suele venir de la educación, sino de un gran trauma ocurrido en sus vidas que les lleva a buscar una venganza difícilmente saciable.

El respeto, cuando los métodos para conseguir tus logros son moralmente reprobables, tampoco es de fácil aparición.

Ahora que esta en el candelero el tema de los niños desaparecidos en Córdoba y siempre que aparece algún tema similar, me viene al recuerdo la historia de la pequeña Mari Luz. En este caso se da la verdadera representación del superhéroe anónimo que todos podemos llegar a ser. Cuando la vida te castiga con un duro golpe, los héroes de verdad no se enfundan en su traje de colorines y se vengan, sino que salen a la calle y luchan, siempre dentro de la legalidad y con las herramientas que la justicia les proporciona, haciendo lo que creen necesario para conseguir que su opinión sea tenida en cuenta. Luchan por conseguir un cambio que pueda mejorar la vida de todos y conseguir que eso que les hace tan infelices y les ha arruinado una parte muy importante de sus vidas no les ocurra a otras personas. Para mi, gente como Juan José Cortés (y toda su familia) son los verdaderos superhéroes en los que todos deberíamos reflejarnos para sacar lo mejor de nosotros mismos. Ni siquiera es necesario estar de acuerdo con ellos.

Solo es una cuestión de actitud.

Samuel Baltar Es como todo...

Miércoles, 4 de enero de 2012

Como hemos cambiado

Estos días de Navidad estuve haciendo una mudanza, la de la casa familiar y por primera vez en mi vida soy consciente de experimentar una mezcla de sensaciones y sentimientos, melancolía, nostalgia y el tan conocido como “morriña”.

Llegué a ese punto a base de vaciar muebles y cajones, viendo las cosas que iban apareciendo. Lo que estaba más a mano siempre son las cosas más recientes, fotos de viajes, amigos y fiestas, artículos relacionados con mis aficiones, música, apuntes de la carrera… Todo eso se va metiendo en cajas,  siempre bien localizado para poder echarle la mano cuando haga falta.

Lo duro empieza cuando vas vaciando los cajones de encima de los armarios o aquellos más impracticables. Van apareciendo miles de recuerdos mezclados en el tiempo, las primeras notas, el carnet del instituto (que raro se le puede llegar a hacer a uno verse sin barba), la flauta, un yoyó, el walkman… Sobre todo, las figuritas de porcelana de mi madre, aquellas que rompía jugando al futbol en el pasillo y que luego pegaba con loctite con una maña que hacia inapreciables las múltiples fracturas. Al final encuentras una cantidad de artículos que vas guardando a lo largo de tu vida, dure lo que dure, a modo de recuerdo o simplemente por no tirarlo “por si puede valer” y que no dejan de ser evocaciones de tu vida pasada.

Tras acabar puedes juntar todas esas piezas y montar un puzle que muestra como un retrato lo que fue tu vida, en esa casa y fuera de ella. Todas esas piezas inconexas se ordenan en tu cabeza y te recuerdas de pequeño gateando por la casa, aprendiendo a caminar, a asearte solo, yendo al cole por primera vez, los juegos del parque, los primeros amores, el instituto, mas amores y las primeras decepciones, relaciones sociales, la noche, la primera borrachera, la universidad…

En definitiva, lejos de recuerdos puntuales, ves tu vida como un gran aprendizaje para llegar a ser lo que eres, comportarte como te comportas y hacer lo que haces. Pasas de ser un niño preocupado por jugar, a un adulto preocupado por llegar a fin de mes y que se asombra todavía con las injusticias sociales.

Gran parte de la culpa de que seas lo que eres la tienen las personas con las que te relacionas, desde la educación de tus padres hasta las relaciones con amigos y familia.

No puedo dejar de acordarme de todos esos amigos que pasaron alguna vez por mi vida, con los que compartí grandes momentos y no tan buenos, pero que siguen siendo parte de mi vida y de mi personalidad, por lo que siempre los llevaré presentes, los vea 1 vez cada 10 años, 1 vez al año, todos los días o no nos hablemos ya.

Mi petición al 2012 es que a toda esa gente que me rodeó a lo largo de esta travesía le vaya bien, sean felices y tengan salud. Para mí, pido seguir creciendo como persona y tener la oportunidad de seguir relacionándome con gente tan especial, que tanto me enseñaron y ayudaron hasta ahora y que espero sigan haciéndolo.

Salud!

Samuel Baltar Es como todo...

Jueves, 24 de noviembre de 2011

Economía para tontos (I)

Es evidente que la Iglesia Católica tiene una gran ascendencia sobre el Estado español y los Españoles. Y esto debería provocar un ejercicio de responsabilidad máxima, por parte de los miembros de esa misma Iglesia, mucho más  cuanto más elevado es su estatus dentro de la organización. Sinceramente, no sé en qué siglo se quedo anclada la Iglesia, pero evidentemente no fue en uno muy actual, ya que los actos y aportaciones de los miembros activos de esa Institución no concuerdan en nada con los tiempos en que vivimos.

Me remito a algunas de las “perlas” que se pueden encontrar en cualquier medio: “Si la mujer aborta, el varón puede abusar de ella” , del Arzobispo de Granada. “Hay menores que desean el abuso e incluso te provocan”, del Obispo de Tenerife. “Existen males mayores que los que están sufriendo “los pobres” en Haití, como nuestra pobre situación espiritual”, del Obispo de San Sebastián. “El derecho a la vida de fetos y embriones es más importante que las vidas arrasadas de los niños abusados en nuestros colegios.”, del Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos y Cardenal. “El amor físico no es la felicidad del hombre. Si eso fuera así, las personas más felices del mundo serían las prostitutas. “, del sacerdote Jorge Loring. Y cientos más, ya sin querer entrar a mencionar ningún acto que estos señores pudieran haber cometido.

Nunca tuve un convencimiento mayor que el de que la Iglesia Católica juega un papel erróneo en la sociedad y el mundo en el que vivimos, ya no solo por su criterio en cuanto a la moralidad, su falta de evolución y su incansable afán por conducir las vidas de sus fieles. Lo que me resulta sangrante es el hecho de que inviertan en bolsa, inmatriculen bienes inmuebles de los que no son propietarios sólo para prevenirlos “de que se le den otros usos”, soliciten ayudas para la conservación de los templos que tienen en propiedad,  y un largo etcétera. En definitiva, que actúen como una empresa patrocinada por el Estado y sus seguidores,  casi siempre con el consentimiento del Estado.

España es un país aconfesional, independiente de cualquier organización o confesión religiosa, como indica el artículo 16 de la Constitución. Aunque aquí también se indica que “Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”. Pues bien, esta cooperación le reporta a la Iglesia una financiación de más de 6000 millones de € por parte del Estado, añadiéndole 252 millones de € de donaciones en el IRPF marcando la casilla de la Iglesia en la declaración de la renta y unos beneficios fiscales determinados.

Viendo los recortes que tenemos que sufrir todos los Españoles, entre los que se incluye la retirada de la tarjeta sanitaria a los que llevan más de 1 año en el paro, los recortes en salarios y en pagas extraordinarias de funcionarios, yo propongo que nos dejemos de nimiedades. Vamos a ahorrar dinero de verdad, en mayúsculas: AHORRO.  ¿Cómo hacemos esto? Con la supresión de los siguientes gastos, en cantidades aproximadas:

- Financiación de centros educativos con ideario propio (católico) por parte de las Comunidades. 3800 millones de €.

- Profesores de religión de las escuelas. Se eliminaría esa asignatura. Hay alrededor de 30.000 profesores en España, con un gasto de 600 millones de €.

- Exenciones tributarias a la Iglesia. 900 millones de €.

- Capellanes hospitalarios y penitenciarios. En torno a 900 en España. 15 millones de €.

- Ayudas de Comunidades y Ayuntamientos para el sostenimiento, reforma y conservación del patrimonio artístico e inmobiliario. 350 millones de €.

- Desgravaciones del IRPF por donaciones a la Iglesia. 80 millones de €.

- Apoyo estatal a las universidades controladas por la Iglesia (Deusto, Navarra…), Facultades eclesiásticas, centros teológicos, colegios y escuelas universitarias e institutos superiores. 250 millones de €.

- Donaciones directas o indirectas de ayuntamientos a cofradías, desfiles procesionales, romerías y actos religiosos. 100 millones de €.

La iglesia Católica tiene la maquinaria y el potencial económico suficiente como para poder autofinanciarse por medio de las donaciones en el IRPF, donaciones de feligreses en las iglesias, donaciones privadas,  donaciones a sus organizaciones de ayuda o caridad (caritas, manos unidas, casas de caridad…), inversiones inmobiliarias y en bolsa, etc.

El Estado Español dispondría de más de 6000 millones de € para reducir déficit, invertir en sanidad, prestaciones, ayudas sociales, caridad, préstamos a familias, financiación para PYMES y autónomos  o, ¿por qué no?, todo a la vez.

Samuel Baltar Es como todo...

Lunes, 21 de noviembre de 2011

Una papeleta, un voto.

Nada. No hubo “efecto Rubalcaba”, no dieron un vuelco las encuestas y el PP aplastó por mayoría absoluta en las elecciones, con un margen de casi 4 millones de votos, al PSOE.

¿Qué lecturas podemos sacar de esto? La primera y más importante. El electorado del Partido Popular es fiel y permanece en casi los mismo números que en las elecciones de 2008 (10.830.693 votos frente a los 10.278.010 de los anteriores comicios). En el caso del PSOE, el voto de castigo fue a parar a manos de los otros partidos de izquierdas, soluciones nacionalistas y, en muchos de los casos, al uso del derecho a no votar (mas de 1.300.000 votantes menos que en 2008), lo que supuso una perdida para este partido de más de 4.300.000 votos (6.973.880 votos frente a los 11.289.335 de los anteriores comicios).

Evitando la frialdad de los números, parece bueno y positivo que el PP haya conseguido la mayoría absoluta. Podrá poner a funcionar toda su maquinaria política como deseen, sin interferencias ni pactos y sin concesiones suicidas por apoyos parlamentarios. Por otra parte también es bueno para nosotros, el pueblo. Finalmente nos enteraremos del proyecto político Popular, ese que tanto se preocuparon en escondernos y que hizo perder los papeles a Rubalcaba en el debate televisado intentando obtener respuestas.

Sé de las buenas intenciones de Rajoy, las dejó claras ayer en su primer comunicado después de ser proclamado ganador y, por tanto, próximo presidente. Contento por la victoria pero sereno y consciente del gran trabajo que le queda por delante. Reproduzco unas lineas: “Nadie tiene que sentir inquietud alguna. No habrá para mí otros enemigos que el paro, el déficit, la deuda excesiva, el estancamiento económico y todo aquello que mantiene a nuestro país en estas críticas circunstancias”. “Subrayo esta idea: la del esfuerzo común. Esfuerzo de todos y para todos. Esfuerzo compartido y equitativamente repartido. En una palabra, esfuerzo solidario”. “Que gobernaré al servicio de España y de los españoles, procurando que por ninguna circunstancia nadie se sienta excluido de la tarea común.”

De estas frases no sé si puedo entender que me garantiza que habrá un contrato de trabajo para mi en un futuro no muy lejano, que mi prestación de desempleo la seguiré cobrando mientras este empleo no aparezca, que cuando sea mayor tendré pensión, que la sanidad seguirá siendo gratuita y con los fármacos cubiertos por la Seguridad Social, que podré pedir un préstamo y me lo darán, que podré emprender un proyecto empresarial y habrá financiación y ayudas…

¿O quizás pueda entender que ese “esfuerzo solidario, compartido y equitativamente repartido” signifique una subida del IVA, flexibilidad laboral, abaratamiento del despido, convenios colectivos a la baja, recorte de los derechos de los trabajadores, copago sanitario, subida de impuestos indirectos, es decir, el final de estado de bienestar y que la carga de la crisis recaiga sobre el pueblo… un poco mas?

Rajoy tiene una papeleta francamente difícil: Reconducir la situación económica, lidiar con la confianza de los mercados internacionales, reducir en 18.000 millones de € el gasto del Estado para el próximo ejercicio como solicita la UE y, sobre todo, crear empleo y reactivar la economía. Después de perder las elecciones en 2 ocasiones y ganar a la tercera, entre otras cosas, por el elevadísimo desgaste del Gobierno y el castigo del votante socialista a su partido, esperemos que la victoria por goleada no se le convierta en una manzana envenenada o directamente podrida. Más teniendo en cuenta que en las elecciones perdidas España era un Estado boyante y ahora hereda un Estado en crisis.

Samuel Baltar Es como todo...