Politīa: bajo las órdenes de las autoridades políticas
Después de las vacaciones vuelvo a mi blog, mi reducto de paz. Esa paz que solo se consigue cuando uno expulsa todo lo que lleva dentro y le atormenta, de un modo u otro y en mayor o menor medida. Qué duda cabe, qué bien sienta cuando uno se desahoga a gusto. La mejor de las terapias en momentos difíciles.
Y no es nada fácil hacerlo de forma ordenada, argumentada y sin ofender. Requiere grandes dosis de autocontrol y ser bastante “políticamente correcto”, ese término tan usado para todo lo que signifique “no decir lo que uno piensa de verdad” o “adornar la realidad para pintar como bonito o pasable lo que es horrible”.
Como no estamos en tiempos de ser “politicamente correcto”, existe una técnica alternativa para el desahogo común: la ironía. El problema es que no siempre se entiende lo que realmente quieres decir, depende en gran medida de la capacidad de leer entre líneas del que recibe los argumentos y de lo acuerdo que esté con ellos. Siempre ante cuestiones ambiguas es más fácil quedarse con la parte que más se ajusta a nuestros pensamientos. El resultado, todos contentos… o ninguno.
Si yo soy capaz de ejercer mi responsabilidad, en un texto que tal vez no mucha gente lee, en un medio público y bajo mi completa responsabilidad pues es un artículo de opinión, por el que no percibo retribución alguna y lo hago como hobbie y pasión, no entiendo cómo por otras partes del mundo se puede ejercer la responsabilidad a medias, o la NO-responsabilidad más absoluta (peor que la irresponsabilidad, que se puede cometer por error)y encima ver aplausos por ello.
Nigel Farage, un eurodiputado que me tiene ganado el corazón desde hace más de un año, cuando lo descubrí en el youtube, dijo ya hace dos años en la Eurocámara, hablando del rescate a Irlanda y el posible rescate a España en algún momento, una frase que retumba en mi cabeza: “Si le robas a la gente su identidad , si les robas su democracia, entonces todo lo que les quedará es el nacionalismo y la violencia”.
Y en esas estamos. Con la cada vez más creciente sensación de ser solo un número para el Estado, un número en las listas del paro, un número de la Seguridad Social, un número, en definitiva, del que echar mano para llenar las maltrechas arcas del Estado a base de subidas de impuestos, directos e indirectos y de recortar los beneficios del Estado de bienestar, se pierde la identidad.
La democracia nunca fue muy participativa, más allá de rellenar un sobre con una papeleta y meterlo en una urna cada cuatro años. Con la mayoría absoluta del gobierno actual, que ya incumplió todas las promesas del programa electoral, la sensación de desconfianza y alejamiento de la clase política con el pueblo es palpable. “No nos representan”, se escucha allá donde oigas hablar del tema.
Y la realidad es que, pese a un panorama tan oscuro, negro, los Españoles seguimos siendo pacíficos y ejercemos nuestro derecho a pataleta y a hacer que nos escuchen con manifestaciones. Nos manifestamos con cordura y respeto, salvo por las apariciones de los tontos de siempre que revientan todo acto de reivindicación popular. Todo esto pese a la presión a la que nos vemos sometidos. La historia siempre acaba igual. Cargas policiales por doquier, una violencia desmesurada y la sensación de opresión, sumisión, avasallamiento, silencio, aborregamiento y, sobre todo, vejación y maltrato.
La actuación de la policía está del todo fuera de lugar, pues están para protegernos y garantizar la paz y el orden. Incluso para dispersar concentraciones ilegales. ¿La carga indiscriminada, la persecución de las masas hasta bares y estaciones de metro, el no identificarse, la ameneza a viandantes y periodistas por grabar, entre otras muchas florituras forman parte de las capacidades de actuación de los que deben protegernos?
¿Merecen estas actuaciones un aplauso por parte del Gobierno? ¿Este es el ejercicio de responsabilidad de un Gobierno que representa a todos los españoles y gobierna para ellos? ¿Acaso están sentando las bases para que la ruptura entre el Estado y la ciudadanía pase de ser un desencanto a un hecho?
El nacionalismo ya apareció. ¿Cuánto falta para que aparezca la violencia a gran escala? Que alguien ponga algo de cordura en este despropósito, porque cuando llegue la furia no va a haber vuelta atrás.





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