La erupción de La Restinga no ha terminado. La crisis sísmica, tampoco. Desde hace varios días, el volcán submarino emite pocos gases y piroclastos finos, lo que da signos de agotamiento. Viene haciéndolo desde hace días. Sin embargo, la actividad sísmica ha aumentado moderadamente, llegando a pasar algunos días a más de 20 sismos y, lo que es más preocupante, con hipocentros a poca profundidad y en la zona de debilidad N-S del volcán Tanganasoga y laderas del Julan (los Garañones).
El magma sigue moviéndose por debajo del mar de Las Calmas pero emigra hacia el Julan, abandonando la boca (bocas) eruptivas prácticamente inactivas. Hay una tendencia a que el magma se concentre en la zona de los Garañones donde hay vulcanismo postdeslizamiento en superficie y también debajo del mar (ver esquema adjunto). No es por tanto extraño que el magma subterráneo circule por esas coordenadas (Julan-El Golfo), pues viene haciéndolo desde hace pocos cientos y miles de años que, en tiempos geológicos, es poco tiempo. Comparativamente es la situación preeruptiva que se tuvo antes de la erupción del 10 de octubre de 2011. No hay que descartar como posible una erupción en las laderas de El Julan si aumenta la crisis sísmica y el magma continua presionando debajo.
Las nuevas imágenes batimétricas del barco Ramón Margalef son bastante definitorias de la situación submarina del volcán (ver imagen adjunta). Hay un cono principal con un cráter a 120 m de altura (ya se suponía que tenía que estar a menor profundidad que los 130 m) y otro adventicio menor, crecido recientemente, con el cráter a 200 m de profundidad. Se observa el gran volumen de material emitido y deslizado por las laderas a 2.000 metros en el fondo oceánico. Con esa posición inclinada de la base del edificio principal, no parece posible un crecimiento en vertical y, mucho menos, que llegue a emerger.
Lo que se echa en falta son los datos petrológicos de las muestras que periódicamente surgen en la superficie del mar y que se han estado recogiendo por salvamente marítimo. Han pasado varios meses y los datos que tiene que suministrar el CSIC no están todavía disponibles; no conocemos las razones del retraso, lo que impide conocer la composición del magma que surge y, por ende, la evolución geoquímica de la erupción. También seguimos sin conocer la composición de los gases emitidos. ¿Cuándo dispondremos de esos datos?
Sigamos pendientes de la nueva crisis sísmica que es la que nos puede dar más información y preocupación.
Esas son mis impresiones pero no podemos decir nunca, todavía, que no volverá a salir magma por el volcán submarino.






