Desde el día 19 de enero por la tarde, el volcán de La Restinga registra casi más horas de “inactividad” que de emisiones. Son 6 días en los que la amplitud del tremor ha descendido como nunca antes lo había hecho desde el inicio de la erupción. El ser un periodo ya de 6 días continuos en este estado, hace pensar que el volcán esta llegando a su fin, al menos al final de una primera etapa. Abunda también en esta dirección el resto de indicadores físicos y químicos, como el descenso casi absoluto de la deformación en la isla y la disminución de las emisiones difusas de gas (mediciones ambas del ITER). El número de sismos diarios ha disminuido también de manera importante, lo que es una señal más de que la crisis va a parar en poco tiempo.
Como es sabido en el mundo de la vulcanología, cuando los volcanes cesan su actividad no se dice que están inactivos sino en pausa; después de seis meses en pausa sin ninguna erupción pasan a estar dormidos y, por último, después de 10.000 años (por convención internacional) se puede decir que están inactivos. Han sido muchos los volcanes en el mundo que se han reactivado con gran virulencia después de varios días o semanas en pausa. El volcán de La Restinga, de momento, parece que va a entrar en pausa.
Es posible que los Príncipes de Asturias, que visitaran la isla de El Hierro el próximo día 30 de enero, no vean ni el burbujeo característico ni las ma
nchas de gases (de las que aun no se ha dado la composición) que han presidido diariamente el paisaje del mar de Las Calmas. En la imagen adjunta se puede ver la disminuida mancha sobre el agua el día 24 de enero.
Pero la crisis no ha terminado, sólo ha sido un periodo ¿definitivo? Nadie lo sabe. Nadie puede decir que el volcán no entre nuevamente en erupción en el mismo sitio o en otro. Será el momento de ocuparse con más intensidad en volver a la situación de actividad de la población de La Restinga, ayudándole desde todas las instituciones e iniciativas particulares. Desde el Colegio Oficial de Geólogos me comprometo a participar en la promoción de la isla a través de los distintos medios de comunicación que tenemos, para ayudar a una población que, aun a sabiendas de que vive en una isla volcánica activa, no se merece tanta penalidad. Se han quedado sin pesca, sin buzos, sin turistas y, sobre todo, sin volcán que explotar turísticamente.
Los científicos quisiéramos que la erupción continuara para, de esa manera, poder seguir estudiando la evolución de un fenómeno geológico único en las islas Canarias. Pero también sabemos que nuestro interés científico entra en conflicto con los intereses de la población.






