Sí, amigos, os confieso que soy un glotón, me encanta comer aunque no tenga hambre y además a una velocidad de vértigo, así me va, claro.
Muchas noches, cuando Ana llega a casa, entre la emoción de que ha vuelto, que me pone comida y que me agobio un montón porque no doy atendido a todo a la vez, como tan deprisa que en dos minutos ya lo estoy potando todo. Luego me quedo hecho polvo, cansado y mi compi se preocupa mucho.
En fin, que no lo puedo evitar, soy un glotón de campeonato y tengo que pagar por serlo, aunque intentaré comer más despacio para que Ana no se preocupe tanto por mí.
Miausss amigos.














