Abrazos que curan

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Todos en algunos momentos duros de nuestras vidas hemos sentido la necesidad de compartir nuestro dolor con alguien que nos escuche, nos entienda y nos conforte; si tenemos una persona así, somos muy afortunados, si tenemos varias somos los más afortunados.

Sin embargo, hay personas que se guardan su dolor, sus preocupaciones para sí mismas, esas son las que más sufren porque no son capaces de compartir su carga para hacerla más llevadera. Los respeto y, de algún modo, los envidio, ya que yo necesito desperdigar mis miserias, supongo que para que me digan que no es para tanto o para que me den ese maravilloso abrazo que cura.

Hoy tuve un día horrible por un accidente que pudo ser muy grave pero que al final resultó ser un gran susto. Soy de esa gente que le da vueltas y vueltas a la cabeza rememorando cada segundo del suceso en cuestión y, por supuesto, sufriendo por lo que pudo haber pasado. Estuve muy mal, mi cabeza no paraba de darle vueltas al asunto hasta que una amiga me preguntó ¿cómo estás? “mal” contesté y fui a dar un paseo con ella contándole una vez más mi accidente, contándole que no podía dejar de pensar que podía haber sido fatal. Ella me dijo que me tranquilizara, que pensara en otras cosas, que evitara el pensamiento fatídico… Al final, me dio un abrazo y un par de besos. Desde ese momento se me pasó mi angustia.

Gracias amiga.

Author: Ana Carnoto

Soy una apasionada de casi todo lo que me gusta; no soy de las de psé psá, no, si algo (o alguien) me gusta, voy a tope. Las medias tintas las dejo para los dibujantes.

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  1. Antonio, muchas gracias. Es como volver a nacer. Un saludo.

  2. Hubo un tiempo en que yo viajaba de Madrid a Vigo en coche con cierta frecuencia y más de una vez me dormí al volante despertando en el último momento, cuando las ruedas del coche pisaban la arena que suele haber en los bordes de la carretera. Durante uno de aquellos viajes al pasar por un pueblo de Ourense que se llama Melón aparqué delante de una casa no lejos de la carretera para echar un sueño y de pronto soñé con un accidente donde se veía a un hombre con la cara ensangrentada. El sueño me sobresaltó y continué el viaje y al llegar a cerca de Porriño me topé el accidente que había soñado. Un coche destrozado y el conductor con la cara sangrando. Intervino la guardia civil que alguien llamó y lo demás pueden imaginarlo. Nunca sabré que hay de real o de fantasía en este hecho, me limito a contarlo. Que es lo importante cuando alguien es víctima del tráfico. Date por abrazada Ana y enhorabuena por salir ilesa.

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