Nadie es más que nadie

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Creo que no es la primera vez que trato este tema, pero como me afecta tanto, no me importa repetirme. El caso es que odio, sí, odio, a esa gente que mira por encima del hombro a otra solo por el hecho de “pertenecer a otra clase social”, es decir, por tener menos pasta, menos poder…

Hoy estaba tomándome un café y se acercó una mujer rumana que suele pasar entre las mesas pidiendo ayuda; como nos conocemos de vista, se desahogó conmigo contándome que llevaba un día muy malo, que nadie le daba nada, que no tenía comida para darle a sus cinco hijos… y una pareja que estaba sentada a mi lado me miró como si yo estuviera hablando con un fantasma, en plan “¿cómo habla con esa mujer?” pues le contesto, porque ella necesitaba ser escuchada, porque es una persona igual que yo, porque todos la miran como si fuera a pegarles algo… por todo ello prefiero hablar con esta mujer que con otras personas de mayor abolengo.

Nadie es más que nadie!!!

Author: Ana Carnoto

Soy una apasionada de casi todo lo que me gusta; no soy de las de psé psá, no, si algo (o alguien) me gusta, voy a tope. Las medias tintas las dejo para los dibujantes.

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  1. Todos deberíamos aprender a ponernos en la piel de los demás, es una asignatura obligatoria en la vida.

  2. Generaciones encontradas:
    Desde hace casi un mes me encuentro veraneando en Málaga, con sus extranjeros, sus yates y sus cruceros. Su feria y las andaluzas luciendo su traje de faralaes y su gracia manejando el abanico que más parece aire acondicionado que un artilugio artesanal y rudimentario.
    Acostumbrado a viajar desde siempre por motivos de trabajo soy el clásico viejo bonachón y desinhibido que se adapta a cualquier ambiente por restringido y selecto que este sea. O cutre y neurótico que también los hay y de qué manera. Ayer sin ir más lejos bajé a la farmacia a comprar un dentífrico y la chica que me atendió se quejaba de otro anciano que pretendía saber cuánto le costaban las medicinas de las recetas electrónicas durante el mes.
    La chica se quejaba amargamente de que hubiera gente tan latosa y se dirigía a mí reclamando mí aprobación o anuencia. Y como seguía insistiendo y para calmarle le dije que había gente pobre en todas partes y seguramente el buen señor miraba el euro que no tenía con insistencia o demasiado. Pero ella seguía quejándose y despotricando contra el abuelo. Pensé que la chica había equivocado la profesión y mejor haría en cazar a un millonario de los de yate y séquito, como el del dueño de Microsoff que llevaba varios días atracado el el Muelle Uno.

  3. Totalmente de acuerdo, Lápiz. Tenemos la mente cerrada con candado. Un abrazo muy fuerte!!!

  4. Rumanía rural.
    La paisana que está lavando alfombras y mantas en esa lavadora ecológica bien podría ser gallega.

    https://www.youtube.com/watch?v=VjZqaJF-hxI

  5. Hola, Ana.
    Soy especialmente sensible con este tema. Anticiparé que la novia de mi hijo es rumana y… ¡sorpresa: es de este planeta!. Es una chica muy guapa, brillante, inteligente, educada, seria, responsable, trabajadora, cariñosa, solidaria… ¡una criatura adorable! Suelo decir que nunca estaré suficientemente agradecido a Rumanía por el regalo que ha hecho a nuestra familia.
    Hace algo más de un año visité ese país. La zona rural me trajo a la memoria la Galicia de los años 50: corredoiras, economía de supervivencia… y vecinos siempre dispuestos a echar una mano. Los rumanos son sencillos, acogedores, cariñosos, te dan lo que tienen, es gente entrañable. Una vecina, Nastaca, tiene el mismo “look” que tenía mi abuela Dolores allá por 1960. Solo coincidimos unos días pero lloró al despedirnos.
    Suele decirse que es absolutamente necesario viajar para romper estereotipos y tópicos. Lo es. No se puede generalizar y etiquetar a todo un país por el comportamiento de un determinado colectivo. La forma en que decimos “¡Rumanos!” suena a insulto. Están en la calle y la gente les mira por encima del hombro, sino con aversión, sí con recelo o desprecio. ¿Por qué no están en su país? Porque aspiran a mejorar. El sueldo medio de un trabajador cualificado no rebasa el equivalente a 200 euros mensuales. Yo he comprado en una farmacia rumana un mucolítico, acetilcisteína. Cuatro sobres -venden los medicamentos por suelto- me han costado 8 euros mientras que en España una caja de 30 sobres sale por unos 4,50. Los productos del país, baratos, naturalmente, pero lo de importación es inasequible para aquella gente. Las tiendas de ropa usada son de lo más normal y abundante…
    En fín.

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