La mejor perdedora del mundo

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Querida Julia:

 

¿Todavía viendo el partido de tenis?, me preguntas. Es una mañana de sábado de finales de enero. La rumana Simona Halep y la danesa Caroline Wozniacki juegan la final del Abierto de Australia. Más allá de algunas preguntas sobre el tanteo en el tenis, y mis dificultades al tratar de explicártelo (juego, set, tie-break, ganar por dos de diferencia, partido… me vuelvo loco, ya lo entenderás cuando seas un poco mayor, te digo para finalizar), tu interés por el tenis y por el deporte en general no ha aumentado significativamente. Juegan Halep y Wozniacki, y ofrecen una gran lección sobre un tema que ya conoces: ganar y perder están a veces tan cerca que asusta. Al final de la final alza los brazos la bella Wozniacki: ha dejado de ser una perdedora, y perdón por el calificativo que considero injusto… como en el caso de la también bella Halep, que vuelve a llorar: su gran clase sólo le da para ser la mejor perdedora del mundo.

Escribo esto y me duele. Duele hablar, o escribir, así de quien lucha por ser la mejor tenista del mundo, la número uno; o sobre quien lleva años luchando, sin conseguirlo, levantar la copa en un torneo de Grand Slam. Pero la cosa es así: en Australia, Carolina y Simona luchaban a la vez por ser la campeona del torneo y por ser la número uno del orbe; pero luchaban, sobre todo, por quitarse de encima de una vez el letrero que tantas veces les pusieron: perdedora: incapaz de ganar un grande, carente de mentalidad, débil en los momentos de la verdad.

No digo que la leyenda no tenga su parte de verdad. Pero en una mañana de sábado, Halep y Wozniacki salen a jugar sabiendo que tienen prohibido perder. Y ambas se rebelan contra sus propias leyendas: eligen jugar a ganar, arriesgando en cada golpe, buscando ser ellas las que hagan cada punto, llevando la iniciativa sin esperar regalo alguno de su rival. Así, y tras un inicio que parece indicar que Halep se ha estrellado otra vez contra su viejo muro psicológico (0-3 de entrada), la final nos ofrece un espectáculo fabuloso; con intercambios intensos y de una calidad altísima, con dos jugadoras dejándose la vida, corriendo y golpeando de lado a lado de la pista, con alternativas en el marcador… un gran partido de tenis de casi tres horas.

Wozniacki lleva la iniciativa. Para ser una perdedora, supera como una campeona la briosa reacción de Halep, toda calidad, en el primer set: de 2-5 a empate a cinco. Tie-break, otra vez fantasía hecha tenis y victoria de Caroline… en un desempate que ninguna perdió sino que lo ganó su rival, un desempate que ofreció puntos de un nivel propio de lo que la realidad nos muestra lo que son estas dos jugadoras: le mejor y la segunda mejor del mundo.

Halep siente el golpe, y siente también los estragos físicos de un torneo que ha sido muy duro para ella. En Australia, Simona fue la perdedora que superó al calor extremo; la misma que venció 15-13 en el tercer set y tras casi cuatro horas (“No siento mis músculos, casi muero”, dijo) a Lauren Davis para pasar a octavos; la misma que superó con brillantez y levantando dos pelotas de partido (40-15) a una ganadora como la alemana Angelique Kerber en semifinales (9-7 ganó Simona en el tercer set). La rumana pudo con todo, también lo hace con una presunta bajada de tensión, más cansancio físico, en el segundo set. Lleva el partido al tercero.

Allí, Halep vuelve a levantar un 0-2 en el tercero. Pero con 4-3 a su favor cede por milímetros (o gana su rival) un juego clave en el tercero; a sus 26 años seguirá llevando el letrero fatal. Gana Wozniacki, 27 años, que vuelve a ser, como hace años, número uno del mundo pero que sobre todo ya no es perdedora, ya tiene un ‘grande’: lo seguiría siendo si en segunda ronda no hubiera levantado un 1-5 en contra en el tercer set frente a la croata Jana Fett. Así es la vida.

 

Un beso muy fuerte, Julia

Author: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

One Comment

  1. Qué bueno leerle de nuevo Sr Pais, cuando escribe sobre tenis no hay ganadores ni perdedores, es el propio tenis el que sale ganando.

    Simona no sabe apretar en los momentos clave, y eso le está penalizando demasiado, cruelmente quizás. Pero la rumana es muy cabezona y debe de adorar el tenis, dos virtudes que unidas a su innegable calidad la pueden llevar a conseguir ganar algún grande algún día. Creo que se lo merece. Si no lo hace, que también puede suceder, estaremos sin duda ante una de las grandes perdedoras de la historia, la que fue número uno, llegó a finales, jugó a un altísimo nivel… pero no ganó nunca un gran slam.

    Fuerte abrazo, le animo a seguir escribiendo.

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