Cuando el Real Zaragoza hizo arder París

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Querida Julia:

Zaragoza no está tan lejos de Galicia, ya lo verás. Fíate: te lo digo yo, que desde que nací estoy haciendo el viaje. Cuando yo era pequeño el viaje desde Zaragoza a Santiago ‘empezaba’, curiosamente, cuando veíamos aquel cartelito verde en el que se leía ‘Galicia’: a partir de ahí no sólo quedaba la mitad en tiempo, sino que todo eran curvas cerradas y carreteras estrechas, ya fueras por Lugo o por Ourense. Tengo una asignatura pendiente: llevarte más a menudo a Zaragoza, el sitio donde nací y crecí feliz: una ciudad magnífica, con una gente que al principio te parecerá brusca pero que es sincera y de corazón noble: una gran gente, sin duda. Me encantará ir contigo a Zaragoza; iremos en primavera y seremos felices, y tú también la amarás.

Una noche de primavera de hace 20 años se produjo un suceso extraordinario que se está homenajeando ahora… y muy bien, como lo ha hecho Teledeporte, ese impagable canal de televisión; su reportaje repasa la historia del Real Zaragoza. Con la música de fondo de la canción ‘Arde París’, hermosa como siempre en la voz de Ana Belén pero más cautivadora si cabe, mágica, el documental de Teledeporte recuerda lo sucedido la noche del 10 de mayo de 1995 en el Parque de los Príncipes de París, cuando tuve (tuvimos) que frotarme los ojos para comprobar que el gol de Nayim, que llegó ¡diez segundos! antes de terminar la prórroga, era real como el Real Zaragoza y le daba el título de campeón de la Recopa de Europa: el equipo maño había ganado, sí, el título frente al vigente campeón, el Arsenal inglés.

Tantas emociones vuelven con el reportaje. Me río con la cara de loco del gran Juan Esnáider al celebrar el 1-0 (después el Arsenal empataría); o al ver al joven Víctor Fernández, el entrenador que guió al éxito; o a Jesús García Sanjuán, al que conozco desde crío. Y me estremezco al ver la alegría desbordada de una afición que necesita ahora motivos para lucir su orgullo.

Esa noche yo estaba en la redacción de El Correo Gallego. Ya había terminado de trabajar, pero me quedé para ver el desenlace del partido. Y los pocos compañeros que quedaban en el periódico confirmaron que estaba loco cuando me vieron salir corriendo, dando saltos y gritando gol… sin saber que había una razón muy grande. Yo, lo mismo que todos, pensé qué hace Nayim cuando largó aquel voleón lejano que hizo que el balón subiera y subiera, como un globo… hasta que cayó desinflado en la portería de Seaman, el portero inglés. ¡Un sueño! ¡Campeones!

Escribo esto y no lo puedo evitar, se me eriza el vello y me vuelvo a emocionar. Llevo en este estado feliz desde ayer, cuando vi el documental por primera vez. Todo maño se emocionó, sin duda, al verlo. Pero si además, como es mi caso, las imágenes te muestran a tu entones jovencísimo padre tocando el balón como jugador del Real Zaragoza; cuando repasan la gran etapa del equipo (finales de la Copa del Generalísimo o de la Copa de Ferias de Europa)  durante los seis años que él jugó; cuando muestran a compañeros suyos tan queridos por mí y por toda mi familia, como el añorado Yeyo Santos, que ya no está, o Pitico Reija, que sí que sigue; cuando el reportaje continúa con la época de los ‘zaraguayos’, la misma que vivió con pasión en La Romareda un niño llamado Antonio, tu padre (Arrúa, Diarte, Cabestany, Violeta, González)… entonces es mucho.

Así que esta mañana (8 de mayo, cumpleaños de mi hermano José Manuel) lo han vuelto a poner en Teledeporte y me he ido directo a la casa de mis padres en Bertamiráns para verlo (para disfrutarlo) con ellos. Más emoción, claro. Mi padre, tu abuelo Tito, está lejos de ser aquel joven que tocaba ilusionado el balón sin que cayera al suelo: esta mañana lo saqué sin reparo de la cama para que se reviviera a sí mismo, y creo que le ha sentado muy bien. Yo, a su lado, hice lo que recuerdo que hacía cuando tenía cuatro años: no perder ripio de las imágenes buscando a papá, sobresaltarme cuando me pareció verlo intervenir.

Mi moral, mi ilusión, sale muy fortalecida tras ver el documental. Espero que también la del Real Zaragoza, que fue  tantos años grande de España y ahora está en la Segunda División… pero volverá, claro que volverá: el equipo al que sentía en La Romareda simplemente tiene un sitio que lo está esperando. Pero espero, sobre todo, que la moral que suba sea la de tu abuelo Tito, que fue un gran jugador de fútbol y que, aunque a veces parezca que él no quiere jugarlos, todavía tiene que ganar muchos partidos en su aún mejor faceta: fue siempre, es y será un gran tipo.

 

Un beso muy fuerte, Julia; y, por esta vez, permíteme compartirlo con tu abuelo, mi padre.

Author: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

7 Comments

  1. Precioso artículo Sr. Pais, enhorabuena.

    Yo también me emocioné, como no podría ser de otra manera.

    Fuerte abrazo,

    El Nadal del Ebro

  2. Grande!!!!!!! Me encanta como lo cuentas

    • Muchas gracias, Elisa. Un abrazo muy fuerte.

      • Que sepas, Elisa, que ahora la pequeña Julia ya me pide que le ponga, en el ordenador o en el móvil, la canción ‘Arde París’ y la bailemos. “A mí también me gusta mucho”, me dice, aunque de momento no controla mucho de la letra, sólo repite una y otra vez “arde París, nananaaa”.

  3. Gracias, Antonio, compañero (de colegio y de zaragocismo).
    Tuve la suerte de vivirlo en el Parque de los Príncipes. El gran y añorado Galeano decía que el fútbol es la única religión que no tiene ateos. Ese día todos teníamos fe.
    Siempre he dicho que ese gol, un disparo lanzado desde cuarenta metros en el último minuto de la prórroga de una final europea, sería el perfecto (e inverosímil) final de un guionista que no supiera de fútbol. Pero fue real.
    Un abrazo.

    • ¡Pascual! Qué alegría me da saber de ti, y sobre todo qué satisfacción comprobar que la educación que recibimos durante largos pero muy felices años ha dado muy buenos frutos, al menos en tu caso: comparto tu añoranza por el gran Galeano y reconozco cierta envidia por lo bien que escribes eso de que todos ese (glorioso) día teníamos fe, y también la idea de que el mejor guionista no hubiera imaginado un desenlace de partido tan perfecto: se sentiría ñoño, como hablando de dibujos animados. Sí, la realidad suele superar a la ficción.

      Un abrazo muy fuerte desde Galicia, Pascual, y ¡aúpa Zaragoza!

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