Ídolos de barro

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Querida Julia:

Dicen que en la vida ‘es de bien nacido ser agradecido’. Estoy muy de acuerdo. Y a ti te repetiría que debes valorar lo que tienes, lo que la propia vida y la gente te han dado, los momentos buenos que todo ello te ha permitido pasar. Al mismo tiempo, un consejo: da todo lo que puedas: para recibir, primero hay que dar; ser generoso siempre está bien, otra cosa que también es cierta es que no debas darle nada más a quien ya te demostró que no lo merecía.

El mundo del fútbol, al menos si hablamos del fútbol español, no suele respetar estos códigos: se dice que el fútbol aquí no tiene memoria y es cierto, como es cierto que se juntan la falta de respeto por el rival y la que hay por los propios jugadores. Me lo comentó el otro día un amigo mío galés, Michael, un gran tipo al que conocí hace años en un sitio mágico: el pequeño campo de cemento que hay en la Residencia de Santiago: un gran ‘centro social’ al que acudía, para jugar al fútbol o, cuando no tocaba, para hablar en las gradas de todo tipo de cosas (normalmente deportivas), todo tipo de gente sin importar clase ni nacionalidad.

A Michael lo volví a ver hace un par de años en Bertamiráns: aquí vive, junto a su mujer y la hija de ambos, que es muy culé. Michael es un magnífico profesor de inglés y entre sus alumnos ha tenido a mi muy querido cuñado Alfonso, que aunque ahora cuando te manda mensajes te escribe ‘notatol’ en lugar de ‘not at all’ es porque es muy bromista y no porque no haya evolucionado, y mucho, en la lengua de un tal ‘Siespir’.

El caso es que Michael, amante del fútbol británico y acostumbrado a las sagradas reglas que rigen en éste, no ve con buenos ojos lo que pasa en el fútbol español. Me lo comentó en referencia a lo que sucede ahora en el Real Madrid con un paisano suyo, Gareth Bale: “No se están portando muy bien con él, ¿no te parece”. Y me explicó que en el fútbol inglés algo así no sucede: allí un ídolo es un ídolo siempre, en las buenas y en las malas, y cuando termina un partido el público aplaude a los jugadores y viceversa.

El fútbol inglés siempre ha dado magníficos ejemplos de educación deportiva. Allí es del todo impensable que a un gran jugador le piten, con un indudable aroma a crueldad, sus propios aficionados. No hace tanto que Bale marcó goles decisivos para que el Real Madrid ganara títulos: no ha pasado tanto tiempo para que se olvide la carrera con la que derrotó a Bartra y al Barcelona en la final de la Copa del Rey, y será del todo inolvidable, se mire como se mire, el gol de cabeza que puso al Real Madrid en bandeja su ¡Décima! Copa de Europa. Pero han bastado unos días menos buenos para que Bale lo sepa: aquí los ídolos son de barro.

“No te preocupes”, le contesté a Myke, “no tiene nada que ver con la nacionalidad”. Y le recordé que en el Real Madrid hay aficionados que silban a un chaval que llegó al club siendo un niño, que lleva toda su vida deportiva en él, que con él ha sido reconocido varias veces como el mejor portero del mundo, que ha ganado Champions, Ligas, Copas o, ya con la selección, Mundial o Eurocopas. Todo eso no ha bastado: mostrando todas sus carencias en educación deportiva, a Iker Casillas le pitan crueles… como, por otra parte, le pitaron a Roberto Carlos (yo escuché en el mismo Bernabéu cómo le llamaban ‘macaco’), a Zidane, a los dos Ronaldos, a Makelele por ser negro, a Di Stéfano por ser blanco… el caso es silbar.

Escribo estas líneas horas antes de que se juegue el Clásico del fútbol español, el Madrid-Barça: un partido que es, o debería ser, motivo de orgullo en nuestro país. Después del partido habrá que ver quién es gran ídolo y quién lo es de barro, que en el Barça también saben mucho del tema. Se verá si el entrenador bueno es Luis Enrique o es Ancelotti, o cuál de los dos no tiene ni idea de fútbol; se verá si Messi o Cristiano son reyes, o si ambos son destronados y desterrados; se verá si Iniesta o Sergio Ramos han vuelto o están acabados; y si Xavi o Casillas pierden, nadie se acordará de la felicidad que provocaron: fue hace ya tanto tiempo.

Un beso, Julia

Author: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

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