Querida Julia:
Durante unos diez días fuiste niño y no niña. Sucedió en el periodo de tiempo que medió entre que una doctora nos dijo tras ver una ecografía “Varón, no hay duda” y la prueba definitiva, genética, que dijo que de niño no tenías nada. Durante esos días mi imaginación echó a volar, me pregunté cómo jugarías a fútbol. Y en este punto estoy con Del Bosque: me hubiera gustado que fueras un jugador lo más parecido posible a Sergio Busquets. Y me hubiera disgustado mucho que fueras como Sergio Llull.
El fútbol, como el baloncesto, es un deporte de equipo. Por eso me encantan los jugadores que saben asumir perfectamente su rol, los que piensan siempre en lo que pueden aportar al equipo. Y en este aspecto, nadie mejor que Sergio Busquets: no recuerdo haberle visto una sola acción que no busque (y prácticamente siempre encuentre) el beneficio de su equipo… y aquí incluyo la única censura hacia Busquets, el teatro que monta cada vez que sufre algo que se parece a una entrada dura. Aún recuerdo cómo Sergio se retorcía de dolor en el suelo tras sufrir lo que pareció un feo manotazo por parte de Motta, en las semifinales entre Barcelona e Inter en la Liga de Campeones. A Motta (canterano culé) lo expulsaron… con Sergio mirando de reojo, entre vuelta y vuelta por su gran dolor, qué sucedía; después de la roja, con el trabajo cumplido, Busquets siguió como si tal. En Inglaterra le enseñarían dos cosas. A mí tampoco me gustan los fingidores.
Pero son gajes del oficio, un oficio de futbolista que en Busquets se ve claro que aprendió en un barrio, en la calle: allí sólo sobreviven el más fuerte y el más listo. Busquets es el más listo… y a veces también el más fuerte, aunque parezca endeble. Lo tiene todo: fuerza física, calidad, inteligencia, técnica, colocación, mentalidad (cuanto más importante es el partido, mejor responde; aunque él siempre cumple). Sus virtudes se resumen en una: hace siempre lo que tiene que hacer, con balón y sin él, en ataque y en defensa. Y le sobra personalidad: en el dorso de su camiseta pone Sergio, con o, pese a lo fácil que hubiera sido dejarse llevar por el famoso entorno culé y, como canterano, ponerse Sergi. Busquets es un diez en su puesto de mediocentro, y para mí es tan vital en el Barcelona como Puyol, como Xavi, como Iniesta o como Messi: sin Busquets, su equipo es mucho menos equipo. Y sobre su peso en la selección ya habló Del Bosque, ese sabio.
En el otro lado de la balanza, y me gusta decirlo hoy, cuando llega de hacer el partido de su vida y bordar el papel de superhéroe que busca con ahínco cada vez que juega, está a mi juicio Sergio Llull: para éste el equipo es lo de menos, él va por libre: bota, bota y bota la pelota para buscar su jugada ideal: quedando escasos segundos, y en la posición lo más forzada posible, arregla con un canastón el entuerto que él solito se ha fabricado.
Sé que estoy en una posición delicada, sé que es seguro que quien lea esto deduzca, cargado de razón, que no tengo ni idea de baloncesto: Llull juega en el Real Madrid y en la selección española, y viene de ser pieza clave para que su equipo haya ganado la Copa del Rey. Mi opinión va contra la de Scariolo, que lo lleva a la selección, contra Pablo Laso, que hace lo propio en el Real Madrid (y éste va camino de hacer el milagro: que Llull aprenda a jugar), contra Joan Plaza, que lo fichó para el club blanco… contra la de tantos técnicos de prestigio. Sin duda, estaré equivocado. Me lo dijo mi amigo Lalo cuando le dije un día que Llull no me gustaba: “A ti te ha dado el sol”.
Sin embargo, Julia, es mi opinión: en mi concepción del baloncesto, un base no puede ser lo que es Llull. He leído por ahí que en la final de la Copa del Rey hizo una dirección magistral: no estoy de acuerdo, simplemente ayer le entraron los tiros, y tiros clave; pero Llull no dirige, más bien desordena y lía. He leído también muchas veces que Llull es un excelente defensor: no lo es para mí. De Llull sólo admito que, a título individual, atesora unas grandes cualidades: físicas, sobre todo, y buen tiro; pero el talento y la clase, saber jugar en equipo… son otra cosa, para mí.
Y un último apunte: aunque no está mal que le dieran esa tontería de premio copiado de los yanquis (hasta le guardamos el nombre de allí, MVP), porque su actuación en la final fue muy buena, si hablamos de jugadores decisivos en la final me quedo con Carroll, excelso; y si pudieran optar a la tontería de premio los entrenadores, mi elegido sería para Pablo Laso: ya lo dije aquí mismo, es un maestro y es un valiente: desactivó al Barcelona, ese equipazo… que juega en equipo y perdió. Cosas del deporte.
Un beso







23 marzo, 2012 at 12:53
Estoy de acuerdo en la esencia, además Sergio Llull siempre me ha parecido un jugador sobrevalorado.
He de decir, eso sí, que vi las semifinales y la final de la copa del Rey y nunca me había gustado tanto, sobretodo en cuanto a dirección se refiere. En este sentido, creo que Pablo Laso está sacando lo mejor de él y de sus innegables condiciones físicas.
Del otro Sergio, qué voy a decir, creo que su único defecto es el color de su camiseta (y sus dotes teatrales, e incluso en eso es brillante…)
Un abrazo