Estoy contigo, Luis

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Querida Julia:

Conforme vayas creciendo te irás dando cuenta, poco a poco, de que este mundo no es tan genial mi tan perfecto como tú ahora mismo percibes. Aunque los problemas también hay que ponerlos en su contexto: para ti ahora mismo el fin del mundo puede estar en esa manía de que te llevemos siempre atada y bien atada, en el coche o en tu sillita; como quizás en tu adolescencia y en tu juventud esté en ese examen que suspendiste o en el novio que te dejó… pero bueno, de momento nos muestras con tu sonrisa frecuente que te sientes feliz. Lo celebro.

Con el tiempo irás descubriendo las imperfecciones y las lacras del mundo en el que vivimos. Una de las muy graves es el racismo, que tantas tragedias, tan incomprensibles para mí ahora mismo como lo serán para ti, ha causado. Por el racismo, que no es ni más menos que odiar a alguien ¡por el color de su piel, por su raza! se han cometido barbaridades que a uno, como dejó escrito García Márquez, le cuesta imaginar aunque las esté viendo (en este caso, más que ver es comprobar que, en efecto, se produjeron). Por racismo se ha matado a millones de hombres, Julia; y la raza más fuerte ha esclavizado siempre a las más débiles. No trates de entenderlo.

No voy a ser yo quien alabe una conducta racista. Y tampoco voy a presumir de no ser nada racista… aunque sí, déjame que presuma un poco con esta historia. Hace muchos años, en Zaragoza, mi familia tuvo la feliz idea de acoger en casa a un chaval negro que venía a pasar unas semanas en España, junto a un grupo de Estados Unidos, para aprender la lengua española; el complemento al aprendizaje era convivir con una familia de aquí. El director de la academia donde iban a estudiar, Marcos, nos dijo con educación y en confianza que le iría mejor si acogíamos a un chico o a una chica de raza negra: tenía más problemas para ‘colocarlos’, muchas familias no los querían.

Así que Tshombé pasó por nuestra casa. Fueron tres semanas que nunca olvidaremos, ni él tampoco: cuando se marchó soltaba unos lágrimones grandes, de esos que pintan en los dibujos animados; y aún hoy, ya instalado en Estados Unidos y aunque, desgraciadamente, no lo hemos vuelto a ver, nos sigue considerando “mi familia española”. Tshombé era muy listo, tenía una libreta en la que lo apuntaba todo y fue increíble cómo aprendió a hablar y a entender español en tres semanas. A mí me llamaba “mi maestro”. La verdad es que le enseñé buenas cosas: “Ahora tienes que dormir la siesta, Tshombé, es una costumbre nuestra”; “Sí, maestro”. “Prueba esta tortilla de patatas, Tshombé”; “No puedo esperar a verla en mi boca, maestro”. También traté de engañarlo con el agua: “Prueba, Tshombé, aquí tenemos coca-cola blanca”; y él, tras mirarme: “Eres un mentiroso, maestro”.

Bueno, me emociono con la historia y me voy del tema. Veo con buenos ojos a las personas de raza negra… como a los de raza blanca: después habrá ángeles y demonios, tanto de raza blanca como de raza negra. No veo bien, ni defenderé en absoluto, cualquier manifestación de racismo; y menos, en el deporte. Hace poco vi en televisión a un aficionado insultando a un rival, negro, llamándole “mono”; era del Mallorca, creo… equipo en el que juegan varios negros.  Te lo repito: estamos locos.

No me gusta en absoluto ver racismo en el deporte, y veo bien que se persiga ml

todo lo que tenga que ver con esta lacra. Pero creo que se está cayendo en cierto papanatismo en su persecución. El último ejemplo: esta temporada en la Premier League inglesa castigaron a Luis Suárez, jugador uruguayo del Liverpool, tras ser denunciado por Patrice Evra, jugador francés, negro, del Manchester United, de haberle lanzado (a Evra, claro), insultos racistas. Se vio el caso, y a Luis Suárez lo sancionaron con ocho partidos de suspensión.

Yo no sé lo que paso en el campo, no estaba allí. Pero me jugaría un buen dinero a que Luis Suárez no actuó con sentimiento racista: no puede serlo: en su propio equipo, el Liverpool, y en su propia selección, Uruguay, tiene compañeros negros. No dudo de que en el fragor de la batalla (y un Liverpool-Manchester United es una batalla muy intensa), Luis Suárez le dijera de todo a Evra. No dudo de que le pudo haber llamado negro de mierda o cosas mucho peores. Pero es que en un campo de fútbol, y eso lo sabe todo el que ha jugado un poco, se dicen las más ocurrentes barbaridades: yo siempre me compadecí de las que escuché sobre mi madre. Ahora sólo parecen barbaridades cuando la barbaridad es racista. Es peor llamarle “mono” a un negro que decirle a un rival “a tu p.m. me la f… yo la otra noche; y a tu hermana”, por ejemplo. Y no me preguntes qué significan las iniciales.

Lo que sucede en el campo de fútbol tiene que quedarse allí. No vale llegar después del partido y contarle a la prensa o a la Federación de turno, ejerciendo de chivato, lo que ha pasado. Quien hace eso es solamente un chivato… sea negro, blanco o chino. Veo a Evra quejándose: “Me llamó p. negro de mierda”. Y a quienes lo escuchaban, escandalizarse. Por eso digo bien claro que estoy con Luis Suárez: a un niñato chivato por culpa del cual te han dejado sin jugar ocho partidos yo tampoco le daría la mano, tal como hizo Luis este domingo cuando volvieron a cruzarse en el partido de la segunda vuelta. No apruebo la violencia, ni física ni verbal, y muera el racismo; y reconozco que el gesto de no dar la mano, deportivamente, antes de un partido, tampoco está bien… aunque aquí en la Liga española pasó lo mismo entre Aouate, israelí, y Munúa, otro uruguayo, y nadie se rasgó las vestiduras… claro que el caso de Munúa y Aouate fue mucho menos grave, sin duda: siendo ambos compañeros en el Dépor, Munúa le soltó un fuerte puñetazo a Auoate: algo mucho mejor, sin duda, que haberlo insultado con tintes racistas. Supongo.

Un beso

 

 

 

 

Author: Antonio Pais

Nacido en Zaragoza el 19 de abril de 1965; maño, aunque hijo, sobrino, nieto, bisnieto, tataranieto… de gallegos. Licenciado en Derecho, periodista deportivo desde 1989, desarrollando su labor en periódicos como El Periódico de Aragón, El Correo Gallego y Marca. Desde hace diez años compagino la información deportiva con la médica, en el periódico electrónico El Médico Interactivo. Casado con Mónica, desde octubre de 2010 somos padres de Julia.

One Comment

  1. Estoy de acuerdo. No conozco bien el caso, pero, según parece, Evra acusó a Suárez y esto fue corroborado por una denuncia de un espectador, o viceversa, primero denunció el espectador y después Evra lo corroboró. Da igual, en ambos casos se trata de delación; delación estimulada y amparada por los organismos que regulan este cotarro. La delación, en mi opinión, es un defecto perverso: moralmente intolerable y socialmente peligrosísimo. Y, como decía el Gran Manquiña, “A los hechos me repito”.

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