Querida Julia:
Tendrás tiempo de conocerme muy bien (ya lo estás empezando a hacer), y comprobarás muchas veces la facilidad con la que, hablando de deporte, salto de uno a otro. Acabo de ver un emocionante partido de baloncesto, el Unicaja-Real Madrid de la Euroliga; tú te fuiste a dormir en el primer cuarto. Y ayer se jugó el que la gente llama el Clásico de fútbol: Real Madrid-Barcelona. Entre el fútbol y el baloncesto, saco una conclusión que es a la vez mi humilde consejo para el Real Madrid: Pablos Lasos, sí; Joses Mourinhos, no.
La verdad es que estaba deseando que el Madrid de baloncesto perdiera ante el Unicaja, porque parece que ahora hablo desde el resultado. El final del partido en Málaga fue muy emocionante, con una tremenda afición volcada con su equipo, como acostumbra. El Unicaja, con casta, aguantó en pie hasta el final: los de Málaga ganaban por un punto de diferencia a nueve segundos del final. Pero el ¿último? ataque era para el Real Madrid. Y una acción de alta calidad técnica de un talento llamado Mirotic (oirás hablar mucho de él, en la Liga española o en la NBA) decidió que ganaran los visitantes.
Ganó el Real Madrid, al que en cualquier caso no le doy mucho futuro en una competición tan exigente como la Euroliga. Por fortuna para los blancos no es raro que me equivoque en un pronóstico, pero creo que el equipo madridista no tiene, especialmente, pívots fuertes, dureza para luchar por los rebotes; y eso en este alto nivel competitivo se paga muy caro.
Aunque de momento al Madrid le va muy bien: gana, y lo hace además con un baloncesto atractivo: rápido y valiente, sin temor al intercambio de golpes (de canastas, aclaro) y con la filosofía de juego que ha tenido el club toda la vida: a poco que se pueda, se corre y se dispara; nada de eso que llaman basket-control. Quien ha devuelto esta idea de juego es el entrenador del equipo, Pablo Laso. El ahora técnico fue un buen base durante su etapa de jugador, en el Real madrid entre otros equipos, y su padre fue un excelente técnico: Pepe Laso. Cuando el Real Madrid, que los últimos años lo ha hecho muy mal en su seción de baloncesto, optó por Pablo Laso como entrenador, ya se lo comenté a Xabi Sanmartin, compañero mío en El Correo: es un acierto total, Laso conoce su nuevo club como nadie y tiene sapiencia propia y heredada; es listo y tiene las ideas muy claras. Con tipos como el citado Mirotic, como Carroll o como el base Rodríguez, una cosa está clara: la afición blanca disfrutará.
Salto al fútbol tras la enésima decepción que el Madrid se ha llevado en el Clásico. Y no quiero escribir demasiado del tema porque odio el que considero un desconcertante deporte nacional, que sucede tras cada debacle del Madrid de fútbol: tras ella llega un aluvión interminable de críticas, bien sea para aportar soluciones, para dejar claro lo que hay que hacer (o lo que había que haber hecho) o para destacar la vergüenza que supone el club blanco: todo el mundo habla durante unos días, y a todas horas, del Real Madrid.
Como lo mantengo desde hace años, lo puedo repetir hoy: el Real Madrid se perdió en su laberinto. En los últimos tiempos, y con Florentino Pérez (nefasto, en mi opinión) y Ramón Calderón (fraudulento, según se demostró) en la presidencia, el club despidió a Del Bosque por ganarlo todo y conocer como la palma de su mano la cantera; a Capello, por hacer lo mismo que este miércoles hizo Mourinho, un fútbol considerado poco vistoso, pero con carácter y vencedor; a Schuster, tras ganar una Liga; a Juande Ramos, por ser un buen entrenador; a Pellegrini, por ser un caballero que no levaltó la voz cuando fue humillado.
Así que Florentino se encomendó a Mourinho: todo vale con tal de ganar. Digo del portugués lo contrario que lo comentado de Laso: no puede ser el entrenador del Real Madrid. Puede que Mourinho sepa mucho de fútbol, pero lleva un año y medio en Madrid y todavía no conoce bien la esencia del club al que entrena, ni sus valores ni su historia. El Real Madrid puede ganar y puede perder, faltaría más, pero jamás, jamás, puede ser el equipo cobarde del miércoles: eso va contra sus principios; y su entrenador no puede ser un tipo maleducado y mal encarado, peleado con el mundo y sin ética alguna: un jugador de ventaja.
Pero es que además, y como un castigo divino, Mou se ha encontrado con un rival espectacular que va camino de dejarlo sin corona alguna, más allá de una migaja en forma de Copa del Rey. Las derrotas son más derrotas cuando se pierde así. El Barça le gana ahora al Real Madrid porque es mejor, porque tiene mejores jugadores, porque nadie, no sólo Mourinho y el Madrid, sabe cómo jugar frente a él; pero también porque tiene un entrenador sabio, valiente y que conoce y respeta, como una ley sagrada, los valores del club.







20 enero, 2012 at 12:17
Verdades como puños, sí señor.