Querida Julia:
Ya te he comentado varias veces mi acentuada tendencia a mezclar el cine con el deporte (aunque quizás debería ir más allá y reconocer que mezclo el cine y el deporte con todo, con la vida). Estos días brindé por el triunfo del Real Madrid en la Liga (un gran triunfo tras una gran campaña, enhorabuena)… y sin tiempo para más, como si alguien me la hubiera enviado, pasaron en TVE una película que cada vez que la veo me gusta más: ‘Grupo salvaje’, del gran Sam Peckinpah.
Hace muchos años, cuando la vi por primera vez, me pareció una buena película del Oeste. Una película con muchos tiros y mucha sangre, me pareció que quizás con un punto de violencia gratuita. Hoy sigo viendo este último punto en el que el genial director parece recrearse, pero voy añadiendo muchos más matices. Entre otras cosas el grupo que comanda William Holden, estupendo en su papel de tipo duro de vuelta de todo, me ha recordado desde hace años a un equipo de fútbol.
Sí, veo ‘Grupo salvaje’ y me parece estar escuchando un canto a la amistad, a los méritos infinitos del buen grupo: lo que desde el principio de la película parece un grupo desunido, más propenso a la discusión y a la agresión, una pandilla de mercenarios que tienen su dios (el que los une) en el dinero, se va transformando poco a poco en un grupo de valientes, de tipos íntegros que llegan a tener el mayor gesto que se puede tener por un compañero: jugarse la vida por él. El final de la película es muy grande, aunque la película en sí me parece una obra maestra.
El ‘Grupo salvaje’ del citado Holden, de Ernest Bornine, de Edmond O’Brien, de Warren Oates, de Jaime Sánchez… todos ellos excelentes actores, magníficos en sus papeles, lo mismo que puede decirse de quien persigue al grupo sin excesiva pasión por cazarlo, Robert Ryan… bueno, pues ese grupo es lo que persigue ser un equipo de fútbol; y más que nunca, me recuerda mucho al Real Madrid que acaba de ganar la Liga: un equipo con muy serios profesionales, tan aguerridos como los pistoleros de la película de Peckinpah, que han encontrado el tesoro: la fuerza del grupo. Y para mejor comparación, un grupo con carácter salvaje, indómito.
Me queda un personaje. ¿Dónde meteríamos al tal Mourinho? Bueno, Sam Peckinpah pareció pensar en todo y ‘pintó’ en la película a Emilio Fernández, un mexicano sin principios y sin alma que, según define Ryan en un momento de la película, se hace pasar por militar. Sí, Emilio Fernández es Mourinho. O Mourinho encajaría muy bien como ese jefecillo borracho.
Cuando tengas bastantes años más te invitaré a ver la película, Julia: será la mejor explicación que te pueda dar sobre el valor del grupo, del trabajo en equipo.
Un beso. Te dejo unas pequeñas reflexiones sobre el desenlace de la Liga.
1) La Liga la gana el mejor. Hay demasiada tentación a buscar argumentos para devaluar el triunfo: cuando ganó el Barça se habló de Villarato o de un árbitro noruego; siempre que ha ganado el Real Madrid se han buscado las más absurdas excusas y se le han restado méritos, y este año no ha sido la excepción: hace unos días un periodista catalán dijo muy serio que la Liga no la había ganado el RM, que la había perdido el Barça, se alude a algunos favores arbitrales… en fin.
2) Cristiano Ronaldo. Dios le dio el don de jugar bien al fútbol, de pegarle al balón como nadie le ha pegado en la historia del fútbol (aunque en conjunto esté lejos de mi jugador ideal: sigo pensando que va por libre, y esto es un deporte de equipo). No tuvo la mejor formación, y eso a veces le pasa factura. Valiente como pocos, su gesto frente a Javi Martínez sobraba, a todas luces. Por fortuna parece que tan feo episodio pasará pronto al olvido, el propio JM ha dicho que cuando vea a CR le dará la mano. Aunque no justifique la respuesta, Javi Martínez admitió haberle llamado h.p. a Cristiano; y éste tiene que escuchar en todos sus partidos el famoso cántico de ‘ese portugués…’, sin venir a cuento, sin hacer nada: un joven con las pulsaciones altas puede reaccionar mal en esta situación.
3) Guardiola. Se equivocó con una felicitación al gran rival cargada de resentimiento, una felicitación en la que resumió que el RM había sido el mejor pero… y habló sin decir nada claro, como suele hacer, de lo que dijo que no iba a hablar, de los árbitros y de penaltis no pitados. Me deja dudas el hecho de que Guardiola haya reaccionado mal en sus dos derrotas frente al RM en cuatro años. En el sueño que ha vivido el técnico (y se ha fabricado él mismo), en esta etapa de fútbol fantástico y ganar todo es fácil ejercer el papel de señor. Frente a estas dudas, sin embargo, prefiero dejarlo todo en deslices del más valiente entrenador que he visto. Por una vez coincido con Mourinho: sólo le deseo a Pep que sea feliz.






