4 mayo, 2012
por Antonio Pais
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Grupo salvaje

Querida Julia:

Ya te he comentado varias veces mi acentuada tendencia a mezclar el cine con el deporte (aunque quizás debería ir más allá y reconocer que mezclo el cine y el deporte con todo, con la vida). Estos días brindé por el triunfo del Real Madrid en la Liga (un gran triunfo tras una gran campaña, enhorabuena)… y sin tiempo para más, como si alguien me la hubiera enviado, pasaron en TVE una película que cada vez que la veo me gusta más: ‘Grupo salvaje’, del gran Sam Peckinpah.

Hace muchos años, cuando la vi por primera vez, me pareció una buena película del Oeste. Una película con muchos tiros y mucha sangre, me pareció que quizás con un punto de violencia gratuita. Hoy sigo viendo este último punto en el que el genial director parece recrearse, pero voy añadiendo muchos más matices. Entre otras cosas el grupo que comanda William Holden, estupendo en su papel de tipo duro de vuelta de todo, me ha recordado desde hace años a un equipo de fútbol.

Sí, veo ‘Grupo salvaje’ y me parece estar escuchando un canto a la amistad, a los méritos infinitos del buen grupo: lo que desde el principio de la película parece un grupo desunido, más propenso a la discusión y a la agresión, una pandilla de mercenarios que tienen su dios (el que los une) en el dinero, se va transformando poco a poco en un grupo de valientes, de tipos íntegros que llegan a tener el mayor gesto que se puede tener por un compañero: jugarse la vida por él. El final de la película es muy grande, aunque la película en sí me parece una obra maestra.

El ‘Grupo salvaje’ del citado Holden, de Ernest Bornine, de Edmond O’Brien, de Warren Oates, de Jaime Sánchez… todos ellos excelentes actores, magníficos en sus papeles, lo mismo que puede decirse de quien persigue al grupo sin excesiva pasión por cazarlo, Robert Ryan… bueno, pues ese grupo es lo que persigue ser un equipo de fútbol; y más que nunca, me recuerda mucho al Real Madrid que acaba de ganar la Liga: un equipo con muy serios profesionales, tan aguerridos como los pistoleros de la película de Peckinpah, que han encontrado el tesoro: la fuerza del grupo.  Y para mejor comparación, un grupo con carácter salvaje, indómito.

Me queda un personaje. ¿Dónde meteríamos al tal Mourinho? Bueno, Sam Peckinpah pareció pensar en todo y ‘pintó’ en la película a Emilio Fernández, un mexicano sin principios y sin alma que, según define Ryan en un momento de la película, se hace pasar por militar. Sí, Emilio Fernández es Mourinho. O Mourinho encajaría muy bien como ese jefecillo borracho.

Cuando tengas bastantes años más te invitaré a ver la película, Julia: será la mejor explicación que te pueda dar sobre el valor del grupo, del trabajo en equipo.

Un beso. Te dejo unas pequeñas reflexiones sobre el desenlace de la Liga.

1) La Liga la gana el mejor. Hay demasiada tentación a buscar argumentos para devaluar el triunfo: cuando ganó el Barça se habló de Villarato o de un árbitro noruego; siempre que ha ganado el Real Madrid se han buscado las más absurdas excusas y se le han restado méritos, y este año no ha sido la excepción: hace unos días un periodista catalán dijo muy serio que la Liga no la había ganado el RM, que la había perdido el Barça, se alude a algunos favores arbitrales… en fin.

2) Cristiano Ronaldo. Dios le dio el don de jugar bien al fútbol, de pegarle al balón como nadie le ha pegado en la historia del fútbol (aunque en conjunto esté lejos de mi jugador ideal: sigo pensando que va por libre, y esto es un deporte de equipo). No tuvo la mejor formación, y eso a veces le pasa factura. Valiente como pocos, su gesto frente a Javi Martínez sobraba, a todas luces. Por fortuna parece que tan feo episodio pasará pronto al olvido, el propio JM ha dicho que cuando vea a CR le dará la mano. Aunque no justifique la respuesta, Javi Martínez admitió haberle llamado h.p. a Cristiano; y éste tiene que escuchar en todos sus partidos el famoso cántico de ‘ese portugués…’, sin venir a cuento, sin hacer nada: un joven con las pulsaciones altas puede reaccionar mal en esta situación.

3) Guardiola. Se equivocó con una felicitación al gran rival cargada de resentimiento, una felicitación en la que resumió que el RM había sido el mejor pero… y habló sin decir nada claro, como suele hacer, de lo que dijo que no iba a hablar, de los árbitros y de penaltis no pitados. Me deja dudas el hecho de que Guardiola haya reaccionado mal en sus dos derrotas frente al RM en cuatro años. En el sueño que ha vivido el técnico (y se ha fabricado él mismo), en esta etapa de fútbol fantástico y ganar todo es fácil ejercer el papel de señor. Frente a estas dudas, sin embargo, prefiero dejarlo todo en deslices del más valiente entrenador que he visto. Por una vez coincido con Mourinho: sólo le deseo a Pep que sea feliz.

 

24 abril, 2012
por Antonio Pais
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¡Qué guapo estás callado!

Querida Julia:

De momento no te digo nada porque, aunque cada vez hablas más, tu idioma no hay quien lo entienda. Me miras, sueltas una parrafada y sólo entiendo la palabra final. Dices: “bulabulagrumagrumtututata… papá”, y te quedas tan ancha. Ya llegará el tiempo en el que te pueda decir “¡Calla, que calladita estás más guapa!”. A mí me lo decía muchas veces mi papá, con toda la razón del mundo. Su consejo cayó en saco roto, yo seguí hablando y hablando… y así me va, que soy un metepatas. Pero ahora te lo digo en serio, Julia: me encanta oírte hablar, conversar contigo aunque por ahora nuestras conversaciones sean muy breves: “¿Qué tal has dormido?”, te pregunto, todavía tú en la cuna. “Bien”, me respondes; y me siento como el hombre que no tenía camisa y sin embargo era feliz.

A quien no me gusta tanto escuchar es a don Jose Mourinho, el ídolo de este blog. El entrenador del Real Madrid decidió hace algunas semanas que no hablaría, que no daría conferencias de prensa antes de los partidos de Liga… y yo, particularmente, lo celebré. Porque cuando se lo valora por su hacer con los equipos que entrena, Mourinho es un gran técnico: última demostración, por si hacía falta, el Camp Nou. Mourinho está a punto de ganar la Liga en cuatro países diferentes: Portugal, Inglaterra, Italia y, ahora, España. La verdad, eso son palabras mayores.

Vale, muy bien. Pero cuando Mourinho decide abrir la boca… Estamos en una semana de Liga de Campeones, y en Europa al parecer obligan a hablar a los entrenadores. Mourinho lo hizo… y volvió a demostrar todo lo que es. Decía Javi en un comentario que si ganaba la Liga y la Champions a lo mejor cambiaba la idea que tenemos de Mourinho: la mía, cuando el luso, repito, está a dos pasos de ganar la Liga, no ha cambiado un ápice: en un mercadillo de los que abundan por Portugal, el tal Mou quedaría muy bien.

Escribo esto en la tarde del martes, horas antes del crucial Barça-Chelsea: un momento idóneo para reafirmar mis ideas, y también para analizar lo que acaba de decir Mourinho. Empiezo por lo segundo: al portugués le ha sobrado tiempo para decir que entre el Barça y el Chelsea, prefiere que pase el Chelsea. Y digo yo: aunque le hayan preguntado por la cuestión, ¿no sería más fácil, más lógico, más de persona, decir que para él lo único importante es que su equipo, el Real Madrid, sea uno de los finalistas? No, Mourinho es así de especial; y justificará lo dicho diciendo que él no es hipócrita… cuando para mí es más falso que un billete de quince euros.

Confío en que esta semana pasen los dos equipos españoles, más que nada porque una final Real Madrid-Barcelona sería un acontecimiento histórico. Y además, porque creo que son los dos mejores equipos del mundo. Sigo pensando que el mejor equipo que hay ahora es el Barça, que Guardiola es el mejor y el más valiente entrenador (qué fácil  es criticar, a toro pasado, su alineación en el Clásico cuando hizo lo que lleva haciendo cuatro años, apostar fuerte por los jóvenes; el periodista habla además sin saber las razones de un técnico, sin saber por ejemplo el estado físico de Cesc, Piqué o Alexis: el periodista critica sin saber, ésa es la verdad: a veces critica cambios que pidió por lesión el jugador sustituido), que como Messi no hay nadie…

… pero el Real Madrid, con un juego que quizás no guste tanto, es cada vez más grande: cada vez está más cerca del Barça, y desde luego le puede ganar ya: le podría ganar en la final soñada. Y Cristiano Ronaldo también parece ahora más cerca de Messi; de éste, de Ronaldo, yo dije en su día eso de que no respondía en los partidos importantes… y ahora me tengo que callar: ya te decía, Julia, que a veces callado se está más guapo. Pero tú sigue hablando, que mi cara se alegra sólo con escucharte.

Un beso

16 abril, 2012
por Antonio Pais
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Un trago de JB

Querida Julia:

Ya sabes bien lo que significa una relación de amor-odio. Nos lo mostraste durante nuestra reciente estancia en Zaragoza, con tu encantadora primita Vega: os lleváis apenas dos meses de vida y eso, a vuestra edad, provocó situaciones graciosas: tan pronto paseábais cogidas de la mano, pasillo arriba y pasillo abajo, o jugabáis a perseguir a las palomas, aplaudiendo cómplices cuando hacíais que levantasen el vuelo, como os gritábais cosas que sólo vosotras acertarías a traducir. Y cuando había una sola muñeca para las dos (o incluso cuando vuestra tercera abuela, Angelines, os regaló dos exactamente iguales: queríais la de la otra), o gusanitos a repartir… lío. Os llevaréis muy bien, ya lo verás.

Me acordé de ti y de Vega cuando escuché, el domingo a medianoche (volvía de trabajar, aclaro) una delidiosa entrevista-conversación en la Cadena Cope con John Benjamin Toshack, un entrañable galés que entrenó a uno de los mejores equipos del Real Madrid que uno haya visto: fue el equipo que marcó 107 goles en una temporada, el récord que otro Real Madrid igualó el pasado domingo. Toshack era divertido, sarcástico, cínico a veces… siempre peculiar. En la radio le pidieron que comparara su Madrid de 1990 con el actual; cuando llegó la hora de comparar entrenadores, JB dijo que era mejor “Mourinho, sin duda”… te lo dije, este JB es un cachondo.

A mí siempre me hizo mucha gracia Toshack, siempre tuve muy buena impresión de él… y sin embargo, en todas las ruedas de prensa a las que, tras partidos de sus equipos, acudí como periodista tuve algún pequeño encontronazo verbal con él. La primera vez fue en Zaragoza: la Real Sociedad había ganado en La Romareda, a mi juicio con bastante fortuna; y yo, que empezaba en el periodismo y muy pocas veces iba a partidos del Zaragoza, sí acudí ese día… y encima me crucé con JB. Como era joven e inexperto, y torpe como ahora, no se me ocurrió más que decirle: “Vale, ahora vaya usted al Pilar a ponerle una vela a la Virgen”. La cara de mala leche que me puso mi querido John, que me dijo varias veces que no entendía lo que quería decirle, aún la recuerdo.

Ya en Santiago, el Compostela hizo su debut histórico en Primera División (temporada 94-95) y fue… contra la Real Sociedad de Toshack. Allí estaba yo. Otro encontronazo: JB no me quiso atender en el aeropuerto, estuvo un poco maleducado al decirme que nada de declaraciones. Yo seguía siendo un tanto inexperto… y torpe, claro; y cabezón, así que perseguí a la expedición de la Real hasta su autobús para que me dieran una lista de los convocados (entonces no era todo tan fácil como ahora), y hablé con López Ufarte, el que fuera un formidable extremo que había pasado a ejercer de delegado. López Ufarte subió al autobús a buscar el papel, y a mí no se me ocurrió otra que intentar subir también… y salió JB como un poseso a decirme que fuera del autobús. López Ufarte calmó su enfado.

Al día siguiente la Real le ganó al Compos 0-2. Toshack, a la media hora de partido, había sustituido al fichaje estrella de su equipo ese año, un mexicano de apellido García, creo recordar. Y en la rueda de prensa posterior al partido yo le pregunté: “Ha extrañado el cambio tan rápido de un jugador en principio importante para su equipo”. JB me esperaba; vi la ironía en sus ojos cuando me dijo con una sonrisa pícara y su peculiar forma de hablar en castellano: “¿Sí, li ha sorpriendido a usted? Bueno, esta tarde ha apreindido uisted, ya sabe algo máis de fútbol”.

Como parecíamos condenados a encontrarnos, Toshack vino a Galicia:  fichó por el Deportivo, que estaba en la cresta de la ola. Ya entonces no era yo tan inexperto, y evité econtronazos… aunque lo cierto es que a mí me divertían mucho las situaciones vividas con JB; y puedo jurar que el galés estaba muy lejos de caerme mal, ni una pizca de eso: lo seguía admirando, como entrenador y como tipo. No quise hacer leña del árbol caído cuando el Compos le ganó 4-0 al Dépor de JB; y simplemente me reí un año después, en la rueda de prensa posterior a un empate a cero entre Compos y Dépor en el que JB repitió una y otra vez una famosa frase suya: “Dois no bailan si uno no quiere”, acusando al Compos de no querer jugar.

Así es JB. Ahora es seleccionador de Macedonia. En la Cope le preguntaron si se seguía definiendo como ‘un cabrón simpático’. Su respuesta: “Sí, sí… creo que soy simpático… pero cabrón, ¿eh?”. Lo dijo después de confesar que sigue sin tener teléfono móvil: la Federación de Macedonia le puso uno pero “cuando vieron la cuenta di los dos primeiros meises, me lo quitaron… que era lo que yo quería, je, je”.

JB, genio y figura. Cuando te encuentres con tipos como él, aprende a disfrutarlos, Julia: son diferentes, genuinos, eternos. Como dijeron en la radio, en una conversación con JB se aprende un rato de fútbol al tiempo que se ríe: es siempre, sin duda, un buen trago.

Un beso

8 abril, 2012
por Antonio Pais
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En un mundo de muñecos (Lili)

Querida Julia:

Te veo entrar, como cada día y con tus cómicos y pequeños pasitos, en tu habitación: entras en tu pequeño mundo de muñecos. Allí has reunido ya a un buen número de amigos: algunos del mágico mundo animal, como tus ositos, el león al que ya sabes imitar, el elefante con sus orejas grandes y su trompa deforme, y sin embargo bello… y también están, cómo no, tus muñecas: hay Kitys (con su cocina) y Doras por todas partes, y tienes otra en su sillita para sacarla a pasear, con ella bien guiada te plantas en la puerta de casa cada vez que te anunciamos que nos vamos a la calle. Sin duda, creo que vives feliz y nos haces felices en el mundo de muñecos que ya has creado. Como Lili.

Volví a ver, incompleta porque la cogí empezada en un canal de la tele, a la maravillosa Leslie Caron, Lili para siempre desde que en 1953 un tal Charles Walters firmó una película que, como ella, se empeña en no envejecer. A lo largo de la película la pequeña Lili mantiene deliciosos diálogos con sus muñecos: diálogos plenos de vida 70 años después, que se convierten en una atracción más del circo ambulante en ql que se desarrolla la acción (tres sillas y una mesa, y buenas ideas: no se necesita más escenario para crear buen teatro, me decía siempre mi amigo Héctor; Lili también es así, nos habla de la grandeza de lo simple).

Las ideas en la película se traducen en hermosos diálogos. “Lili sólo vive su felicidad en la ficción, con los muñecos”, resume el otro gran protagonista de la película, el personaje que interpreta Mel Ferrer: el alma que late detrás del escenario, quien mueve y hacer hablar a las marionetas y que, entre pase y pase, no oculta su enamoramiento del personaje… y de Lili.

Pero el problema de Mel Ferrer es que la dulce Lili se distrae por el camino y bebe los vientos por el personaje al que interpreta Jean Pierre Aumont, casado y bien casado con Zsa Zsa Gabor pero impenitente seductor. Lili juega a soñar, de todas formas, con conquistar el amor que le está vetado; y eso, por mucho que los muñecos tratan de disuadirla. Al final, Lili descubre la verdad de las cosas.

“¿Lili? Esa niña es tonta”, resume al final el pobre Mel (un actor con la mirada de los grandes), enfermo de amor rechazado. Me miro a mí mismo y pienso que tal vez un día, en un momento de descontrol, pueda decir lo mismo de ti. Entonces, confío en que tenga a alguien a mi lado (Mónica) tan sabio como esa otra alma de los muñecos, el compañero de Mel Ferrer tras el escenario, que le da la solución: “Ni es tonta, ni es ya una niña; lo que pasa es que ha descubierto la crueldad en el mundo”.

Sí, sin duda llegarán los días en los que, tristemente, tú encontrarás que no todo en la vida es de color de rosa. Pero mientras eso llega, y aunque este consejo en cualquier caso sirve también para después, te animo a que sigas sonriendo y arrancando sonrisas a quienes tienes a tu alrededor, haciendo felices a quienes te rodean tal como haces ahora: aunque sea ya con los pies en el suelo, sin ignorar que hay algo más que la ficción y que también allí se puede ser feliz, sigue jugando y conversando en tu fantástico mundo de muñecos. Como Lili.

Un beso

 

26 marzo, 2012
por Antonio Pais
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¿Qué hemos hecho mal?

Querida Julia:

Ojalá dentro de unos años, cuando tú seas una bonita joven, tu madre Mónica y yo no tengamos que mirarnos a los ojos y lanzarnos uno a otro esa pregunta que suelen hacerse los padres cuando ven que la educación que le han dado a un hijo no ha ido todo lo bien que querían: ¿Qué hemos hecho mal?. Nosotros, te lo prometo aunque creo que tú lo percibes perfectamente, estamos intentando darte todo el cariño del mundo; y también algunas normas, crearte hábitos… en fin, lo que intentan todos los padres. Espero que la relación de amor pleno que tenemos contigo siga siempre exactamente como está: que no tengamos que hacernos nunca la dichosa pregunta; o que, si la lanzamos, sea sólo en tono guasón.

Desde hace tiempo creo que la misma pregunta, ¿qué hemos hecho mal?, se la podría hacer el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, si se plantease hacer un ejercicio de autocrítica. Aunque ya dijo ese soldado pelota llamado Butragueño (¡qué decepción, don Emilio!) que el señor Pérez era un ser superior, un poco de autocrítica nunca viene mal; y más tras una semana en la que ha vuelto a quedar claro que el club que preside Florentino dista mucho de ser el portador de los grandes valores que siempre ha destacado él: de tanto ondear la bandera del señorío, a Florentino se le ha ensuciado

Porque el resumen final es el que es: Florentino Pérez, obsesionado con defender la blanca imagen de su club, mira ahora y ve a Mourinho, crispador jefe de una banda de macarras en la que Pepe pierde el norte, Cristiano Ronaldo pasea su falta de clase y un preparador físico bate el récord mundial de expulsiones: un equipo infeliz siendo primero, miedoso y con complejo de víctima, y que nadie ose oponerse al ideario porque se le baja del barco. Pero, ¿autocrítica? No: el señor Pérez insistirá en que lo de Mourinho y su ejército histérico es defender los valores del madridismo. Ahora se comprende lo de que es un ser superior: los humildes mortales no podemos entenderlo, claro.

A Florentino Pérez, si tuviera la ocasión de hablar con él, le diría que los valores del madridismo, los del Real Madrid de toda la vida,  los representan mejor que nadie Pirri, el magnífico director deportivo al que nada más llegar a la presidencia él cambió por un tipo de buena percha y mejor labia (siempre la imagen) llamado Jorge Valdano, cuyo mayor mérito en sus años en el club, que se recuerde, ha sido patentar la frase del ‘miedo escénico’: como jugador, primero, como entrenador, después, y como director deportivo, más tarde, fue del montón; o Vicente del Bosque, al que despidió tras ganar dos Ligas, dos Copas de Europa y una Copa Intercontinental en cuatro años, y sin volver loco ni crispar a nadie: pero el ser superior dijo que su librillo “estaba anticuado”, y Del Bosque bien que lo demostró llevando a España, que como bien se sabe gana un Mundial de cada dos, a levantar la gran Copa en Sudáfrica.

Madridismo del de antes, del bueno, es el de José Antonio Camacho, al que uno supone muerto de pena, pero con su honestidad intacta, al dejar el banquillo a las primeras de cambio tras ver que él prohibía a los famosos ‘galácticos’ irse a Mónaco a grabar anuncios para que el presidente les diera permiso después. A Florentino Pérez le dio igual la renuncia de Camacho: el presidente dejó claro, en su primera etapa, que cualquiera valía para entrenar al Real Madrid: valía Queiroz, valía Luxemburgo, valía López Caro…

El ser superior se fue al comprobar su fracaso. Pero en unos años volvió, es verdad que reclamado con fuerza por el madridismo, a rescatar al club de sus presuntas cenizas y devolverle la grandeza perdida, los famosos valores y la blanca imagen. Pero en su tercer año en la presidencia, lo que desde fuera se puede ver es que el Real Madrid ha encontrado la excelencia futbolística de la que tanto habla su presidente… en el lado contrario, en el Barça, que ahora es el que tiene a Di Stefano (Messi) mientras que el Real Madrid tiene a Kubala (Cristiano Ronaldo): cambio de cromos; aunque hay más: el Barça ahora tiene los canteranos buenos, producto español (Puyol, Iniesta, Xavi, Busquets, Valdés, Piqué, Cesc, Pedro) y es el Real Madrid el que tira de chequera (Fabio Coentrao, ¡30 millones de euros!).

Por encima de todo, lo que en tres años de presidencia de Florentino Pérez se pudo ver fue el linchamiento público hacia un entrenador que, bueno o malo, era un señor (Pellegrini) y la bajada de valores, o de pantalones, más grande que se recuerda en el equipo blanco al dejarlo en las manos de Mourinho: vale todo con tal de ganar. En el tercer año después de Florentino, sin embargo, el Real Madrid no ha ganado nada (una Copa) salvo broncas y disgustos, y la buena imagen que tanto procura dejar intacta el presidente se deteriora por momentos. El equipo no vive en paz y felicidad ni en una temporada tan redonda como la que está completando: el veneno lo lleva dentro.  En la parte técnica, aclaro, Jose Mourinho me parece un gran entrenador. Pero dudo mucho que tipos como Del Bosque, Pirri o Camacho puedan sentirse hoy orgullosos de lo que ven fuera del campo: ellos saben perfectamente qué se ha hecho mal.

Un beso

 

20 marzo, 2012
por Antonio Pais
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El Día del Padre

Querida Julia:

Llegó el 19 de marzo y tuve una alegría más relacionada con ti. Aunque no pude ver tu sonrisa cuando te despertaste, ni me lanzaste ese alegre “¡Hola!” que ya sabes decir, porque te quedaste a dormir en casa de tus abuelos, pronto viniste a entregarme, con esa misma sonrisa, un precioso dibujo, con un sol muy amarillo. El 19 de marzo es el Día del Padre, Julia. No se lo digas a nadie, pero un pajarito ya me había dicho que me tenías preparada una sorpresa. Me encantó tu regalo, y me gustó aún más tu beso.

Aunque es curioso: en un día fabricado para la felicidad de los padres, yo no pude evitar sentirme triste. Quizás fue por eso, porque no estabas junto a tu mamá (qué gran mamá, por cierto; qué suerte tienes, pequeña) y junto a mí esta mañana, pero no pude evitar ponerme a pensar en los padres que no estaban precisamente para celebraciones. Y, ya que estamos hablando de deporte (habrá milllones fuera de este ámbito que lo pasarán peor), a mi mente vinieron los padres de Eric Abidal y de Frabice Muamba.

Eric Abidal es jugador del Barça, aunque en su caso este dato es lo menos importante de todo: su caso (necesita un trasplante de hígado)  nos pone los pies en el suelo, nos recuerda qué es lo importante y qué lo superfluo; casos así nos deben hacer recapacitar para que pongamos las cosas en su sitio, para que sepamos llevar de la mejor forma posible la pasión por el fútbol y no hagamos tantas tonterías convirtiéndola en fanatismo. Todos ahora, sin colores deportivos que valgan, queremos que el problema de salud de Abidal se resuelva pronto y bien. Y que, más allá de que él pueda o no volver a jugar al fútbol, gane el partido contra la enfermedad: ya lo hizo el año pasado. En el Día del Padre, el de Abidal tuvo muy claro cuál sería su mejor regalo.

Fabrice Muamba es un prometedor jugador inglés de 23 años. El pasado sábado, en un partido dela Liga de su país, se desplomó. La memoria nos llevó a todos, al conocer lo sucedido, a casos como el de Antonio Puerta: a veces, Julia, el corazón de los deportistas no puede con tanto esfuerzo. Creo que aquí también pedimos todos, aunque hasta este suceso no supiéramos de su existencia, que al chico le vaya bien. Para el señor Muamba, en todo caso, ha sido el Día del Padre más angustioso. Por fortuna, las últimas noticias van en la línea de que se cumpla aquí también el regalo más fervientemente solicitado por el padre de Fabrice. Y es que no hay derecho a que un futbolista muera a los 23 años.

Así que desde aquí, Julia, nos sumamos al ruego de que a Eric y a Fabrice les vaya todo bien: sería el mejor regalo para todos.

Un beso

 

2 marzo, 2012
por Antonio Pais
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De Goyas y Óscars

Querida Julia:

Crecerás, ya lo estás haciendo, y en el mundo en el que vives te obligarán siempre a comparar: del mismo modo que a lo mejor ahora intentan ya que optes por mamá o por papá, después tendrás que elegir entre la playa o la montaña, entre el teatro o el cine (o, ya dentro de éstos, entre la comedia o el drama, entre aventuras o musical), entre baladas o rock duro. Si te gusta el fútbol deberás ser blanco o blaugrana (o, ahora, de Messi o de Ronaldo), como en baloncesto aunque Real Madrid y Barcelona sean clubes de fútbol; en tenis no tendrás elección: hay que ser de Nadal (bueno, es broma: o de Federer, o de Djokovic…); en política, de izquierdas o de derechas; tu coche deberá ser alemán o francés (o coreano o español o japonés)…. y así con todo: siempre nos han vendido eso de que las comparaciones son odiosas, pero después nos obligan a comparar. Aquí sólo te doy un consejo: en la gran mayoría de los casos no hay por qué elegir, ama la playa igual que la montaña; y si tienes que decidir, decide tú solita y sin que nadie te imponga que algo es mejor.

Pensaba en esto viendo los premios que cada año reparte el cine: primero con los Goya, después con los Óscar. Entonces me volvieron preguntas: ¿Quién decide que una película es mejor que otra? ¿Quién es tan osado de decir que una comedia es mejor o peor que una de aventuras, o que un musical, cómo se comparan? ¿Quién tiene tanta capacidad para decidir qué actor o actriz ha interpretado mejor, quién ha dirigido mejor, cuál ha sido la mejor música, qué vestuario es el más logrado, cuál es el mejor guión? ¿Quién valora lo que es bueno y lo que es malo? ¿Vale aquí el criterio de la mayoría?

Quiero que me entiendas bien, Julia. Veo muy bien, y necesarios, los premios en el cine: le dan mucha salsa al asunto, la cosa sería mucho más sosa sin ellos. Están muy bien, sobre todo si se ven como fiesta de fin de curso en la que los alumnos se visten de gala y se reconoce la bonita, aunque costosa, aventura de hacer cine. Pero después… a mí nadie me va a decir que ‘No habrá paz para los malvados’ es mejor que ‘La piel que habito’ (entre otras cuestiones, aunque éste es otro tema, porque en España si una película de Almodóvar compite con otra, lo normal es que gane esa otra), o que ‘The artist’, y mira que me encantó, es mejor que ‘La invención de Hugo’: eso ya lo decidiré yo, y mi decisión valdrá más que cualquier premio o que cualquier crítica; porque el cine es el que ves tú, el que te hace disfrutar más o menos a ti.

De los premios censuro su falta de peso: no demuestran nada, son pura subjetividad: el gusto de alguien que decide por ti. No, Julia: tú ve a ver la película y después, sin leer las, en muchas ocasiones, tonterías que dicen los supuestos entendidos, los críticos, juzga. Para mí en general, pero más que nunca en el cine, es el único criterio que vale: una película es buena o mala para ti. Y si después tu película favorita es ‘Rambo VI’… olé.

Lo de los críticos de cine merece comentario aparte: todos son muy buenos, todos saben un montón y han visto millones de películas… pero después un mismo film es bueno para uno y no tan bueno, o incluso malo, para otro. ¿Con quién me quedo? Siempre que he hablado de este tema he comentado lo mismo: hace años fui a ver ‘Airbag’, una película con la que no paré de reír durante dos horas; todavía hoy, si la vuelvo a ver, repito carcajadas y disfruto. Para esa película, cuando la echaron en la tele, en el periódico hubo una nota (otra pregunta: ¿por qué hay que poner notas a las películas?) hecha por la persona cuyo criterio sobre cine más valoro de cuantas he conocido: ‘Huir’, le puso José Luis Losa. Pese a que tengo a Losa por un sabio en cine, el único comentario que se me ocurrió fue decirle “huye tú, que a mí me entra la risa”.

Te he hablado de cine, Julia, como podría hacerlo de fútbol: ¿Cómo se decide que Casillas, un portero, es mejor o peor que Messi, un delantero; pero incluso cómo comparar a dos porteros y dos delanteros? O de premios en general: los Laureus, por ejemplo, o los ‘Príncipe de Asturias’: ¿Cómo decir que un equipo de rugby ha hecho más méritos que un tenista, o que un piloto de Fórmula Uno? Que reine la subjetividad, por el bien del negocio y el mejor vivir de quienes lo gobiernan.

Un beso

 

20 febrero, 2012
por Antonio Pais
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Sergio y Sergio

Querida Julia:

Durante unos diez días fuiste niño y no niña. Sucedió en el periodo de tiempo que medió entre que una doctora nos dijo tras ver una ecografía “Varón, no hay duda” y la prueba definitiva, genética, que dijo que de niño no tenías nada. Durante esos días mi imaginación echó a volar, me pregunté cómo jugarías a fútbol. Y en este punto estoy con Del Bosque: me hubiera gustado que fueras un jugador lo más parecido posible a Sergio Busquets. Y me hubiera disgustado mucho que fueras como Sergio Llull.

El fútbol, como el baloncesto, es un deporte de equipo. Por eso me encantan los jugadores que saben asumir perfectamente su rol, los que piensan siempre en lo que pueden aportar al equipo. Y en este aspecto, nadie mejor que Sergio Busquets: no recuerdo haberle visto una sola acción que no busque (y prácticamente siempre encuentre) el beneficio de su equipo… y aquí incluyo la única censura hacia Busquets, el teatro que monta cada vez que sufre algo que se parece a una entrada dura. Aún recuerdo cómo Sergio se retorcía de dolor en el suelo tras sufrir lo que pareció un feo manotazo por parte de Motta, en las semifinales entre Barcelona e Inter en la Liga de Campeones. A Motta (canterano culé) lo expulsaron… con Sergio mirando de reojo, entre vuelta y vuelta por su gran dolor, qué sucedía; después de la roja, con el trabajo cumplido, Busquets siguió como si tal. En Inglaterra le enseñarían dos cosas.  A mí tampoco me gustan los fingidores.

Pero son gajes del oficio, un oficio de futbolista que en Busquets se ve claro que aprendió en un barrio, en la calle: allí sólo sobreviven el más fuerte y el más listo. Busquets es el más listo… y a veces también el más fuerte, aunque parezca endeble. Lo tiene todo: fuerza física, calidad, inteligencia, técnica, colocación, mentalidad (cuanto más importante es el partido, mejor responde; aunque él siempre cumple). Sus virtudes se resumen en una: hace siempre lo que tiene que hacer, con balón y sin él, en ataque y en defensa. Y le sobra personalidad: en el dorso de su camiseta pone Sergio, con o, pese a lo fácil que hubiera sido dejarse llevar por el famoso entorno culé y, como canterano, ponerse Sergi. Busquets es un diez en su puesto de mediocentro, y para mí es tan vital en el Barcelona como Puyol, como Xavi, como Iniesta o como Messi: sin Busquets, su equipo es mucho menos equipo. Y sobre su peso en la selección ya habló Del Bosque, ese sabio.

En el otro lado de la balanza, y me gusta decirlo hoy, cuando llega de hacer el partido de su vida y bordar el papel de superhéroe que busca con ahínco cada vez que juega, está a mi juicio Sergio Llull: para éste el equipo es lo de menos, él va por libre: bota, bota y bota la pelota para buscar su jugada ideal: quedando escasos segundos, y en la posición lo más forzada posible, arregla con un canastón el entuerto que él solito se ha fabricado.

Sé que estoy en una posición delicada, sé que es seguro que quien lea esto deduzca, cargado de razón, que no tengo ni idea de baloncesto: Llull juega en el Real Madrid y en la selección española, y viene de ser pieza clave para que su equipo haya ganado la Copa del Rey. Mi opinión va contra la de Scariolo, que lo lleva a la selección, contra Pablo Laso, que hace lo propio en el Real Madrid (y éste va camino de hacer el milagro: que Llull aprenda a jugar), contra Joan Plaza, que lo fichó para el club blanco… contra la de tantos técnicos de prestigio. Sin duda, estaré equivocado. Me lo dijo mi amigo Lalo cuando le dije un día que Llull no me gustaba: “A ti te ha dado el sol”.

Sin embargo, Julia, es mi opinión: en mi concepción del baloncesto, un base no puede ser lo que es Llull. He leído por ahí que en la final de la Copa del Rey hizo una dirección magistral: no estoy de acuerdo, simplemente ayer le entraron los tiros, y tiros clave; pero Llull no dirige, más bien desordena y lía. He leído también muchas veces que Llull es un excelente defensor: no lo es para mí. De Llull sólo admito que, a título individual, atesora unas grandes cualidades: físicas, sobre todo, y buen tiro; pero el talento y la clase, saber jugar en equipo… son otra cosa, para mí.

Y un último apunte: aunque no está mal que le dieran esa tontería de premio copiado de los yanquis (hasta le guardamos el nombre de allí, MVP), porque su actuación en la final fue muy buena, si hablamos de jugadores decisivos en la final me quedo con Carroll, excelso; y si pudieran optar a la tontería de premio los entrenadores, mi elegido sería para Pablo Laso: ya lo dije aquí mismo, es un maestro y es un valiente: desactivó al Barcelona, ese equipazo… que juega en equipo y perdió.  Cosas del deporte.

Un beso

13 febrero, 2012
por Antonio Pais
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Estoy contigo, Luis

Querida Julia:

Conforme vayas creciendo te irás dando cuenta, poco a poco, de que este mundo no es tan genial mi tan perfecto como tú ahora mismo percibes. Aunque los problemas también hay que ponerlos en su contexto: para ti ahora mismo el fin del mundo puede estar en esa manía de que te llevemos siempre atada y bien atada, en el coche o en tu sillita; como quizás en tu adolescencia y en tu juventud esté en ese examen que suspendiste o en el novio que te dejó… pero bueno, de momento nos muestras con tu sonrisa frecuente que te sientes feliz. Lo celebro.

Con el tiempo irás descubriendo las imperfecciones y las lacras del mundo en el que vivimos. Una de las muy graves es el racismo, que tantas tragedias, tan incomprensibles para mí ahora mismo como lo serán para ti, ha causado. Por el racismo, que no es ni más menos que odiar a alguien ¡por el color de su piel, por su raza! se han cometido barbaridades que a uno, como dejó escrito García Márquez, le cuesta imaginar aunque las esté viendo (en este caso, más que ver es comprobar que, en efecto, se produjeron). Por racismo se ha matado a millones de hombres, Julia; y la raza más fuerte ha esclavizado siempre a las más débiles. No trates de entenderlo.

No voy a ser yo quien alabe una conducta racista. Y tampoco voy a presumir de no ser nada racista… aunque sí, déjame que presuma un poco con esta historia. Hace muchos años, en Zaragoza, mi familia tuvo la feliz idea de acoger en casa a un chaval negro que venía a pasar unas semanas en España, junto a un grupo de Estados Unidos, para aprender la lengua española; el complemento al aprendizaje era convivir con una familia de aquí. El director de la academia donde iban a estudiar, Marcos, nos dijo con educación y en confianza que le iría mejor si acogíamos a un chico o a una chica de raza negra: tenía más problemas para ‘colocarlos’, muchas familias no los querían.

Así que Tshombé pasó por nuestra casa. Fueron tres semanas que nunca olvidaremos, ni él tampoco: cuando se marchó soltaba unos lágrimones grandes, de esos que pintan en los dibujos animados; y aún hoy, ya instalado en Estados Unidos y aunque, desgraciadamente, no lo hemos vuelto a ver, nos sigue considerando “mi familia española”. Tshombé era muy listo, tenía una libreta en la que lo apuntaba todo y fue increíble cómo aprendió a hablar y a entender español en tres semanas. A mí me llamaba “mi maestro”. La verdad es que le enseñé buenas cosas: “Ahora tienes que dormir la siesta, Tshombé, es una costumbre nuestra”; “Sí, maestro”. “Prueba esta tortilla de patatas, Tshombé”; “No puedo esperar a verla en mi boca, maestro”. También traté de engañarlo con el agua: “Prueba, Tshombé, aquí tenemos coca-cola blanca”; y él, tras mirarme: “Eres un mentiroso, maestro”.

Bueno, me emociono con la historia y me voy del tema. Veo con buenos ojos a las personas de raza negra… como a los de raza blanca: después habrá ángeles y demonios, tanto de raza blanca como de raza negra. No veo bien, ni defenderé en absoluto, cualquier manifestación de racismo; y menos, en el deporte. Hace poco vi en televisión a un aficionado insultando a un rival, negro, llamándole “mono”; era del Mallorca, creo… equipo en el que juegan varios negros.  Te lo repito: estamos locos.

No me gusta en absoluto ver racismo en el deporte, y veo bien que se persiga ml

todo lo que tenga que ver con esta lacra. Pero creo que se está cayendo en cierto papanatismo en su persecución. El último ejemplo: esta temporada en la Premier League inglesa castigaron a Luis Suárez, jugador uruguayo del Liverpool, tras ser denunciado por Patrice Evra, jugador francés, negro, del Manchester United, de haberle lanzado (a Evra, claro), insultos racistas. Se vio el caso, y a Luis Suárez lo sancionaron con ocho partidos de suspensión.

Yo no sé lo que paso en el campo, no estaba allí. Pero me jugaría un buen dinero a que Luis Suárez no actuó con sentimiento racista: no puede serlo: en su propio equipo, el Liverpool, y en su propia selección, Uruguay, tiene compañeros negros. No dudo de que en el fragor de la batalla (y un Liverpool-Manchester United es una batalla muy intensa), Luis Suárez le dijera de todo a Evra. No dudo de que le pudo haber llamado negro de mierda o cosas mucho peores. Pero es que en un campo de fútbol, y eso lo sabe todo el que ha jugado un poco, se dicen las más ocurrentes barbaridades: yo siempre me compadecí de las que escuché sobre mi madre. Ahora sólo parecen barbaridades cuando la barbaridad es racista. Es peor llamarle “mono” a un negro que decirle a un rival “a tu p.m. me la f… yo la otra noche; y a tu hermana”, por ejemplo. Y no me preguntes qué significan las iniciales.

Lo que sucede en el campo de fútbol tiene que quedarse allí. No vale llegar después del partido y contarle a la prensa o a la Federación de turno, ejerciendo de chivato, lo que ha pasado. Quien hace eso es solamente un chivato… sea negro, blanco o chino. Veo a Evra quejándose: “Me llamó p. negro de mierda”. Y a quienes lo escuchaban, escandalizarse. Por eso digo bien claro que estoy con Luis Suárez: a un niñato chivato por culpa del cual te han dejado sin jugar ocho partidos yo tampoco le daría la mano, tal como hizo Luis este domingo cuando volvieron a cruzarse en el partido de la segunda vuelta. No apruebo la violencia, ni física ni verbal, y muera el racismo; y reconozco que el gesto de no dar la mano, deportivamente, antes de un partido, tampoco está bien… aunque aquí en la Liga española pasó lo mismo entre Aouate, israelí, y Munúa, otro uruguayo, y nadie se rasgó las vestiduras… claro que el caso de Munúa y Aouate fue mucho menos grave, sin duda: siendo ambos compañeros en el Dépor, Munúa le soltó un fuerte puñetazo a Auoate: algo mucho mejor, sin duda, que haberlo insultado con tintes racistas. Supongo.

Un beso

 

 

 

 

10 febrero, 2012
por Antonio Pais
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Juanqui y el kazajo

Querida Julia:

En el tenis, como en la vida, muchas veces pensamos (tiempo perdido, la verdad) en lo que fue y en lo que pudo haber sido. Esa oportunidad que se escapó, ese potencial que se quedó sin explotar. No nos damos cuenta de que el pasado sólo cotiza para aprender de los errores… en el presente y en el futuro. Puede, por qué no, que algún día seas una gran jugadora de tenis, aunque te confieso que no es mi sueño: prefiero que tengas una infancia y una adolescencias normales, que después hay mucha muñeca rota, y que yo las pueda ver de cerca. En todo caso, en el tenis y en la vida, no te pares a pensar en lo que pudo ser: cuando tengas algo entre las manos, haz lo mismo que haces con mi dedo ahora: apriétalo fuerte, que no se te escape.

Pensaba en esto viendo jugar a Juan Carlos Ferrero, Juanqui, el primer partido de una eliminatoria de Copa Davis ante Kazajistan que no parecía de Copa Davis: fría de ambiente y de temperatura en un pabellón de Oviedo  seguro que muy bonito (en Oviedo no hay nada feo: son bonitas sus calles y sus gentes, su comida y su bebida, su verde y su cemento), pero imposible de calentar. Aunque Oviedo no tiene culpa alguna: el equipo español, borracho de éxitos, parece despreciar la competición: juega con su equipo C, los primeros espadas se suelen borrar de la primera eliminatoria, que la verdad es que les destroza laplanificación de la temporada. Así que el poco ambiente que había de inicio lo ponían unos entusiasmados kazajos: para ellos era una eliminatoria histórica, inolvidable.

Te decía lo de cerrar la mano para que no se escape lo que tienes porque la impresión que me ha dado siempre es que, de haber hecho eso bien Ferrero, ahora estaríamos hablando de un campeón mucho más grande incluso de lo que ha sido. Ferrero ganó un Roland Garros, varias Copas Davis (en la recordada final contra la Australia de Hewitt fue el gran protagonista, en otras no pintó tanto), fue número uno del mundo durante varias semanas… y eso es una barbaridad: olé, Juanqui. Pero, y no sé si es por exceso de afecto o por una confianza desmedida en sus posibilidades, lo cierto es que a uno le queda la sensación de que Ferrero podría haber cerrado bien la mano y ganar no uno, sino tres Roland Garros; o el Open USA cuya final cedió ante Roddick; o haber estado en el número uno mucho más tiempo (aunque en este punto tiene una excusa bien válida, las lesiones).

Juanqui, al que tuve la alegría de entrevistar durante un gran torneo, el de tenis en la arena de la playa de Luanco (cuando baja la marea: se juega por la noche, y al mediodía el agua tiene la altura de la red), fue para mí durante una etapa lo que durante los últimos años ha sido Rafa Nadal: el mejor jugador del mundo sobre tierra batida. Lo tenía todo: una rapidez increíble, no exenta de resistencia para aguantar lo que hiciera falta sobre polvo de ladrillo, todos los golpes, precisos y contundentes, táctica, capacidad de sufrimiento. Si de Alí se dijo que flotaba como una mariposa y picaba como una avispa, a Juanqui en Roland Garros lo apodaron El Mosquito: por su peso ligero y porque, en efecto, su ‘picadura’ hacía daño de derecha y de revés. Si no ganó más veces Roland Garros es porque en rondas avanzadas del torneo perdió batallas que tuvo medio ganadas: no la final contra Albert Costa, donde éste lo superó, pero sí algunas contra Fernando González, Kuerten…

Y las oportunidades no se quedan esperando, no vuelven. Así que Juan Carlos, con su inmensa clase, no ganó en mi opinión todo lo que podía haber ganado. ¿Falta de competitividad, más bien de agresividad, en momentos puntuales? ¿Apertura de puertas, aire para el rival en el momento más inoportuno? Puede ser: en todo caso, fue más una cuestión mental que técnica, táctica o física (y aquí, repito, con la salvedad de las lesiones).

Ayer jugaba Ferrero, ya en el ocaso de su brillante carrera, contra un joven kazajo de nombre curioso, Kukuskhin. Un kazajo que, por cierto, juega muy bien al tenis (entre los cien primeros de la ATP nadie es torpe) y que bien pudo ganar. Kukushin se levantó tras el inicio demoledor de Ferrero (6-1) y, en parte por sus propias cualidades y en parte porque Juan Carlos, amablemente, le abrió alguna puerta de más, llevó el partido al quinto set… y porque Ferrero remontó el tercero, en una prueba más de que su ‘problema’ tiene mucho que ver con lo mental, tras ir perdiendo 4-0.

En el quinto, y pese a empezar perdiendo 2-0, Ferrero ganó: 1-0 para España en la eliminatoria, que ya está casi resuelta tras superar después Almagro, otro talento con la cabeza algo dispersa, a Golubev. Volviendo a Ferrero, un último apunte: creo que no hubiera ganado este partido en un torneo individual: en la Copa Davis Ferrero encuentra el apoyo anímico, el respaldo, que le hizo ser en ocasiones el chico triste que entregaba la cuchara.

Me alegré por el equipo español, cómo no. Aunque no sufriré una gran desilusión si es el equipo kazajo el vencedor, algo muy improbable:  pero su ilusión bien lo merece, y quizas yo también esté borracho de tanto beber de la Davis. Pero me alegré, claro. Más en este momento: digan lo que digan cuatro imbéciles vestidos de monigotes franceses (que hacen pasar vergüenza hasta a sus paisanos), el tenis español brilla porque ha hecho un trabajo impresionante en las últimas décadas: trabajo de base, trabajo de elite, trabajo individual y trabajo colectivo, trabajo de pistas y de despachos; talento bien entrenado. Me alegré mucho por Álex Corretja, el valiente que se ha hecho cargo del equipo en las duras y que será tan buen capitán como antes lo fueron Albert Costa o Emilio Sánchez Vicario, o los del grupo de tres capitanes o los del grupo de cuatro: también en cosas como ésta, la de elegir director de Davis, el tenis español confirma que es de oro. Que dure.

Un beso