Llegó a mis brazos de cachorrita hace once años. Más bien, mis brazos llegaron a acogerla a ella. Un chico estaba parado frente a un centro comercial regalando cachorritos que llevaba adentro de una caja.
Me acerqué y no pude resistir al verle esos ojos tan dulces. La atracción fue mutua porque desde ese momento, Sonar no paró de besarme. Era experta en besos.
Cuando mi hijo llegó a casa recién nacido, en vez de reaccionar con celos (tal como lo hizo mi otro perro) Sonar se lo comió a besos y se convirtió en su guardiana.
Durante sus once años de vida nunca le gruñió a nadie ni a nada. Ni si quiera a los gatos. Era un alma que vivía constantemente dando cariño y como si todos los seres en el resto de este universo merecieran nada más que su amor. Cuando hace unos meses recogimos a un perrito de la calle lo recibió con besos. ¿ Quizás ella sabía que pronto sería el
momento de decir adiós y nos mandó del cielo por anticipado este otro regalito llamado Rock?

Cuando mi madre comenzó a tener problemas de salud y su caminar comenzó a hacerse más lento, Sonar se mantuvo a su lado. Hasta el día de ayer, cuidaba cada paso lento de mi mamá.
Luego vinieron los problemas de salud para ella. El veterinario me dijo hace unos días que era momento de considerar la eutanasia. Le contesté que quería tomarme unos días. Hablé con un amigo y una amiga que han pasado por situaciones similares y los dos me dijeron: ella te va a decir cuando es el momento.
Hasta ayer a la noche, comió e hizo sus necesidades. Sin embargo, más tarde subió al cuarto vacío de mi hijo. Esto era algo que solía hacer muchas noches cuando el se iba a dormir. Allí se quedaba, resguardando su sueño y la puerta de su dormitorio. Ayer a lanoche mi hijo no se encontraba en casa.
Hoy a la mañana, cuando saqué a mis otros dos perros ella no bajó. La llamé y no vino. Durante unos minutos caminé en círculos y al fin, me armé de valor para subir. Allí estaba, todavía respirando pero ya ni si quiera torcía su cabeza para mirarme. Ni si quiera intentó pararse.
Me tiré al piso para mirarle los ojos y le costaba enfocar su mirada. Me indicó que ya era el momento.
Puse unas colchas en el auto y cuando la levanté para colocarla en el coche gritó.
Me explicaron en el veterinario como sería el proceso y me dieron la opción de irme o quedarme con ella allí. ¿ Cómo podía abandonar a mi ¨niña¨ y dejarla morir sin mi cariño?
La asistente del veterinario me dió la opción de que me sentara en un sofá a solas con ella por el tiempo que quisiera. La envolvieron con una manta. Le hablé, la acaricié y le dije que nos veríamos en el cielo.
Minutos después, su cuerpo dejó de existir. Doy gracias por todo lo vivido con ella, doy gracias por su cariño incondicional, por su alma pura y noble, doy gracias porque sin palabras, solo con sus acciones hasta el último momento, mostró donde estaba su corazón y su lealtad. La última noche, la pasó en el cuarto de Cameron.
Te voy a extrañar mucho Sonar, mi niña. Gracias por haberme dado la oportunidad de quererte y compartir tu vida con nosotros.
¿Qué mejor legado y ejemplo de vida podría haber dejado que el de nunca despreciar a nadie y querer a todos por igual?.
