Partidos

Una foto para una leyenda
Comentaba hace unos días con una compañera de deportes el asunto de la final del Mundial y me decía que estaba muy contenta porque la gente saliese a la calle con sus bufandas y sus banderas aportando color a la vida, que es lo que nos queda por sufrir. Y que ella jamás hubiese imaginado ganar un Mundial y celebrarlo así, trabajando en vez estar tomando unas cañas. Los dos coincidimos en que era histórico y que muchos niños que ese día estaban celebrándolo no eran conscientes de lo que habíamos sufrido generaciones anteriores como la nuestra. “Que no se crean que esto se repite toda la vida. Merece la pena celebrarlo y mucho”, nos decíamos.
Al contrario que mucha gente que se ha añadido al grupo arropada por los éxitos, siempre he sido fan de la selección española. Quizás todo venga de muy atrás. Uno de mis primeros recuerdos vitales con esa elástica fue el Gol de Maceda a Alemania en la Eurocopa de Francia, en 1984. Aquel día, fue la única vez que vi a mi padre levantarse del sillón como un resorte tras el histórico gol a pase de Señor. Me hizo tan feliz aquello que cuando vi a Arconada, mi ídolo de niñez, dejar colar un balón en una falta botada por Platini tardé varias semanas en olvidar el asunto, imaginando que se podía volver atrás y cambiar lo ocurrido. No sé si fue en esa época cuando empecé a divagar sobre el paso del tiempo, el destino, las desgracias, las casualidades, el azar, conceptos que siempre me han inquietado y por los que me dejo llevar con el apoyo que aporta la resignación. Desde esa época contabilizo el transcurso de los años y de los hechos acaecidos en cada uno de ellos correlativamente al paso de los mundiales y Eurocopas. En el 86, lo de Eloy me traumatizó más aún y me unió a ese grupo de personas que padeceríamos los designios de las desgracias deportivas en silencio. Luego vino lo de Luis Enrique, lo del egipcio, lo de Joaquín…
Con los años se me fue pasando, pero nunca perdí la ilusión por alcanzar un Mundial, un sueño de niño que me resultaba tan cercano y tan lejano que cuando lo pude tocar el día 11 de julio de 2010 no hice nada distinto de lo puramente rutinario, me limité a trabajar y a reflexionar sobre el devenir de la vida y las casualidades que me habían llevado a no poder contemplar el encuentro en una tele y escucharlo por Radio Nacional, como aquel día en que se fue la luz en mi pueblo y no pude ver los últimos minutos de la final de Copa en el que el Dépor ganó su primer título de prestigio. Es curioso mi destino con los partidos televisados. No obstante, fue tan especial escuchar que tu ídolo futbolístico de hoy había marcado el tanto del triunfo que sentí la necesidad de reafirmarme en que quizás algún día Iniesta imaginó que ganaba el Mundial con una jugada genial. Igual que hacía yo en sueños cuando era chaval.
¡Gracias Crack de Fuentealbilla por ese regalo de cumpleaños! Que bonito es verte con la Copa Mundial rodeado de fotógrafos, al estilo Maradona.
En la imagen Andrés Iniesta, el centro de mundo por un instantes, festeja el mayor triunfo de su carrera y el final de la pesadilla de millones de personas.
Foto: Peter Klaunzer
Fecha: 11/07/2010





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