
Reparto hospitalario en Pakistán
Creo que algún día hemos hablado aquí de la belleza. La belleza, a mi modo de ver, es algo poco objetivo porque lo que para uno no es hermoso para otro es maravilloso, y viceversa. Afirmar rotundamente que algo puede ser considerado como precioso es poco creíble. Es posible que para un paisano de Alcorcón la catedral le parezca un espanto, cosa con la que yo no estaría de acuerdo ni cegado por el sol. No obstante, es inevitable que surjan siempre, reacciones y pensamientos que se salen de lo que piensa la mayoría, que podríamos calificar como “lo lógico”.
No sé si es lógico que haga hoy aquí una especie de paralelismo con las imágenes que me depararon de mi niñez ciertas matanzas de animales de consumo doméstico, llámenlos cerdos. En esas masacres tradicionales, los animales son sometidos a la tortura de un cuchillo de casi medio metro de largo mientras son sujetados por cuerdas y multitud de manos voluntarias. El animal grita como lo que es y pasados uno, dos, tres minutos, si hay suerte, lanza un último estertor antes de perecer. Muchas veces los niños como yo contemplábamos el asunto desde algún muro, medio asustados y conmovidos por el color agranotano de la sangre, que caía en el interior de un cubo y que era removida con un palo por una buena mujer que luego haría un dulce con eso. ¡Qué contraste! ¿No es bello? Después, una vez finiquitado el animal, se procedía al tratamiento y traslado de los restos para su descuartizamiento. Todo este proceso es impresionante, matemático, armónico, todo va como un reloj, la gente trabajaba con sus manos en un orden casi universal, los niños bajábamos del muro y nos acercábamos a tocar al bicho, como obnubilados ante la visión de la muerte. Los mayores charlaban sobre el fútbol, hacían bromas sobres sus defectos y el mundo giraba durante unas horas en torno a esa casa en el que la muerte celebraba un festín.
Supongo, imagino, que la muerte vista a los ojos de un niño de Pakistán se tiñe de recuerdos diferentes, lo digo porque a falta de cerdos hay personas humanas que perecen a manos de suicidas, como ha ocurrido hoy Charsada, en el norte de Pakistán, donde sólo han perecido 88 reclutas de una academia militar.
Esta imagen corresponde al traslado de los heridos hacia aun hospital de Peshawar. La captó un fotógrafo de agencias que estaba por la zona. En su seguimiento al rastro sanguinolento de todo este teatro realista llegó al hospital donde envió muchas más imágenes sobre la belleza de lo terrible de un doble atentado.
Fotos: Arshad Arbab
Fecha: 13/05/2011
Marcos Basmati Mayo 2011 guerra, pakistan, terrorismo
Comentarios recientes