Duch

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Juicio por la dignidad humana

Leo una nota de agencia en la que se condena a cadena perpetua a Kaing Guek Eav, un jemer rojo conocido como ‘Duch’, por ser el responsable de uno de los comandos más sanguinarios del régimen camboyano que dirigió el país entre 1975 y 1979.

Ya hemos hablado aquí un poco del este tenebroso asunto. He seguido un poco la línea informativa y me encuentro que el hombre está arrepentido. Según un relato de la wiki, dijo públicamente ante víctimas: “Os pido perdón… sé que no podéis perdonarme, pero os pido dejarme la esperanza de que podéis”. Entre la gente, una voz respondió: “he aquí las palabras que había añorado oir desde hace 30 años”.

En esos años dirigió con mano de hierro la S-21, una máquina de tortura y muerte que aniquiló las esperanzas de 14 mil personas. Pasará el resto de sus días en prisión después de recurrir una pena anterior de 35 años.
En España, por querer juzgar crímenes del franquismo se sienta a un juez en el banquillo. A veces creo vivir en un país de parásitos y cobardes.

En la imagen, el adorable rostro de un anciano Jemer Rojo llamado Kaing Guek Eav, alias ‘Duch’. En su llegada el viernes 3 de febrero de 2012 a las Cámaras Extraordinarias de las Cortes de Camboya, en Phnom Penh (Camboya). Tiene 69 años y la conciencia podrida.

Foto: Nhet Sok Heng
Fecha: 3/3/2012

Una de danzas

Author: Marcos Basmati

Estando sentado a la derecha del padre tomó el ratón y dijo: "¡Tomad y tened todos un blog...!"

2 Comments

  1. CADALSO60 :
    No todos los hombres pueden ser sabios ni artistas, pero bajo ciertas condiciones sociales y jurídicas, casi todos pueden ser injustos. ¿Tendría esta mala bestia conciencia de lo que hacía? Lo dudo, pero lo hizo y ha de pagar por ello; aunque nada se pueda hacer para evitar el sufrimiento que causó a sus vítimas.

    Según he leído por ahí, el hombre fue detenido tras una entrevista concedida por él a un periodista extranjero. Decidió hacerla porque le indignó que uno de los líderes del movimiento jemer negase públicamente la existencia de tal matadero. Salió de su anonimato un poco por venganza, y un poco por vergüenza. A lo mejor no podía con las miradas que dejaba atrás.

  2. No todos los hombres pueden ser sabios ni artistas, pero bajo ciertas condiciones sociales y jurídicas, casi todos pueden ser injustos. ¿Tendría esta mala bestia conciencia de lo que hacía? Lo dudo, pero lo hizo y ha de pagar por ello; aunque nada se pueda hacer para evitar el sufrimiento que causó a sus vítimas.

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