Cuando pienso en hortalizas, verduras y huertas -digo yo, menuda manera más estúpida de perder el tiempo, pensar en cosas de comer- siempre me acuerdo de las calabazas que tienen en el huerto de casa y que comenzó a plantar mi abuelo para darle de comer a los puercos.
Las que plantaba mi admiradísimo abuelo solían estar desperdigadas a lo largo y ancho de la huerta. Parecías estar atravesando un lugar vigilado constantemente por la imponente presencia redonda de estas plantitas. Recuerdo un año que logró obtener tres o cuatro frutos de entre 70 y 90 kilos de peso. Una bestialidad. Ignoro cómo habría hecho para trasladarlas pacientemente a un lugar recogido. “Mira está ¡eh! É grande, debe pesar 90 kilos polo menos”, me decía. Él trabajaba como una hormiga solitaria, paciente pero sin pausa.
Quiero pensar que le hubiese gustado ver la tremenda calabaza que abraza este payaso. En el fondo, siempre que veo calabazas me acuerdo de mi abuelo.
En la imagen, el payaso Freddy trata de alzar una calabaza de 400 kilogramos durante el Campeonato de Alzamiento de Calabazas que se celebra en Fuerstenwalde (Alemania). Oliver Langheim ocupó el primer lugar con una calabaza de 403.5 kilos.
Fotos: Patrick Pleul
Fecha: 2/10/2011
Una “Crema de estrellas”. Me maravilla este tema.







