La primera noción que tengo del deporte del salto de trampolín (sobre agua) es la de un saltador norteamericano inmenso, tanto en tamaño, como en vivencias vitales. Hablo de Greg Louganis, un supercampeón mundial y olímpico que dominó este deporte en los años 80. Fue el primer hombre en realizar saltos de dificultad extrema como un mortal y medio interior con tres tirabuzones y medio, o un triple mortal y medio. Uno, que no tiene mucha idea de esto, se limita a contar el asunto remitiendo a este vídeo.
La vida de Louganis está marcada por el VIH, es portador del virus y fue valiente al anunciarlo en 1994, además de reconocer su homosexualidad. Perdió la mayoría de sus patrocinadores y ahora vive retirado y viviendo haciendo teatro y escribiendo sobre su vida. Siempre me acuerdo de su figura imponente en lo más alto de la plataforma de trampolines cuando se celebra alguna competición internacional de este tipo.
Viene a cuento mencionar su figura hoy porque lo de dar el salto es una símil excelente con ciertas decisiones que se deben tomar en la vida, lo mismo que Camps hoy, o lo mismo que si nos echan del trabajo, o lo mismo que si decido cortarme el pelo a lo afro o a lo pincho… Éste, el de Louganis, es un extraordinario ejemplo de lo que es dar un salto hacia adelante.
En la imagen, la saltadora estadounidense Abby Johnston compite en la final de salto desde trampolín de un metro de los Campeonatos del Mundo de natación disputados en Shanghái (China).
Foto: How Hwee Young
Fecha: 19/07/2011
Hoy, me voy con “Morir o matar”. Así navega el maestro en los dilemas espirituales del yin o el yang.







